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Run, Forrest, run!

por 26 enero, 2012

La masa quiere certezas y verdades fáciles, instantáneas y breves. Por eso, corre detrás de Forrest y de las imágenes que ve, capta solo fragmentos. Con eso le basta, porque es ansiosa y poco dada a las reflexiones. Y con el material de palabras sueltas o de griteríos se inventa una historia… la misma historia que ve cada día en las noticias y lee en los diarios: la historia que marca la discusión pública en Chile.
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Forrest es un subnormal que corre. Lo sigue una turba que como él, no sabe bien hacia dónde va ni por qué se mueve. El tontito -el que toda su vida ha sido objeto de burla- se convierte de pronto en un referente, en un líder.

Esta escena de Forrest Gump fue la que se me vino a la cabeza la semana pasada, cuando la opinión pública en masa se volcó contra una hija de vecina por una frase (desafortunada, si se quiere), pero que no tenía mérito alguno como para marcar la agenda noticiosa. Para qué decir cuando 24 horas después, esa misma opinión pública corría por una nueva víctima y pedía a gritos la cabeza de un periodista por haber sacado de contexto las declaraciones de la que, un día atrás, se había ganado el galardón de ‘la villana del día’.

Porque esa masa ávida de escándalos y que corre tras el primer idiota que se le pone por delante, tiene más responsabilidad de la que cree, en eso mismo que critica. Y bueno sería que alguna vez sus dardos apuntaran sobre sí misma.

Porque si de clasismo se trata, tan clasista es suponer a priori que el pobre es flojo y ladrón, como pensar que el rico por serlo es un inescrupuloso y abusador. Y aunque juzgar a una mujer sobre la base de una frase pueda ser frivolidad, extender las conclusiones a todo un grupo humano, es además clasismo; y eso, exactamente eso, fue lo que hizo la masa irreflexiva.

Ese mismo clasismo explica que semanas atrás, ese mismo grupo considerara “denigrante” la exigencia del uso de uniforme para el personal doméstico y no lo viera de la misma forma cuando a los ministros se les exigía llevar chaqueta roja o las enfermeras, delantal blanco.

Clasismo también el que le hizo cuestionar la norma que obligaba al traslado en furgón de todo el personal de servicio de un condominio, mientras no decía nada de las restricciones y las prevenciones que se toman en ese mismo lugar para la entrada de visitas (es decir, de personas que no sean copropietarios). Clasismo pensar que las medidas de seguridad se toman por razones de clase y no, como sería razonable de pensar, de seguridad.

Correr sin ton ni son detrás del subnormal de turno, ese es el pasatiempo favorito de la turba. Correr detrás de un enemigo de paja sin preguntarse nunca por la responsabilidad que le cabe a ella en los efectos devastadores de su propia maratón.

Si no fuera porque la cuña es su alimento y la razón por la que la turba va todos los días a los medios de comunicación, este episodio no habría tenido lugar. Y no es justo que haga pagar al periodismo las consecuencias de su propia voracidad. Menos aún tiene sentido que se sorprenda por una política de edición que es el pan de cada día de los diarios y de la televisión.

La masa quiere certezas y verdades fáciles, instantáneas y breves. Por eso, corre detrás de Forrest y de las imágenes que ve, capta sólo fragmentos. Con eso le basta, porque es ansiosa y poco dada a las reflexiones. Y con el material de palabras sueltas o de griteríos se inventa una historia… la misma historia que ve cada día en las noticias y lee en los diarios: la historia que marca la discusión pública en Chile.

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