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Intrigas y política en China: el caso Bo Xilai

por 20 abril, 2012

La cuarta generación del presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao que termina su mandato, no cumplió el compromiso inicial de mejorar la equidad social, meta que se ha transformado en el objetivo de la nueva izquierda contestataria juvenil, donde conviven socialdemócratas, ecologistas, anarquistas, marxistas ortodoxos y neomaoístas. Muchos de esos sectores se identificaron con Bo Xilai el 2007.
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Misterio, rumor y versiones contradictorias envuelven la destitución, el 15 de marzo, del carismático alcalde de Chongqing y jefe local de Partido Comunista Chino (PCCh), Bo Xilai, hasta entonces figura en constante ascenso al interior de la élite política del país. Considerado por algunos como el peor terremoto político registrado en China en muchos años, la remoción no concitó la acostumbrada y sacrosanta unanimidad en la Comisión Permanente del Buró Político del PC chino.

Se asegura que el ex hombre fuerte de Chongqing está confinado en su residencia de Beijing y que su futuro depende de los planteamientos del ex jefe policial de Chongking, Wang Lijun, quien, a su vez, en febrero de 2012 solicitó infructuosamente asilo en el Consulado de Estados Unidos en la ciudad de Chengdu, y luego se entregó a las autoridades chinas. El funcionario habría recopilado evidencia acerca de escabrosos vínculos financieros de la esposa de Bo Xilai, una prominente y atractiva abogada, con el consultor británico Neil Heywood, que fue encontrado muerto en un hotel de Chongqing en noviembre 2011. Médicos del lugar atribuyeron el deceso a “ataque cardíaco provocado por consumo excesivo de alcohol” y obviando una autopsia incineraron el cadáver, trámite que se llevó a cabo con inusitada rapidez en la misma ciudad. El ex jefe policial Wang abrigaba sospechas de que Heywood fue envenenado y de que la bella abogada estaba involucrada en el hecho. Al informar de ello al marido, Bo Xilai habría desatado una persecución para silenciar a Wang, forzándolo a buscar refugio en Chengdu y a un frustrado intento de asilo.

La cuarta generación del presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao que termina su mandato, no cumplió el compromiso inicial de mejorar la equidad social, meta que se ha transformado en el objetivo de la nueva izquierda contestataria juvenil, donde conviven socialdemócratas, ecologistas, anarquistas, marxistas ortodoxos y neomaoístas. Muchos de esos sectores se identificaron con Bo Xilai el 2007.

El remezón inevitablemente deja fisuras en la cúspide del partido, más lesivas aún por estar a las puertas del XVIII Congreso del PCCh, y que dentro de pocos meses debiera dar paso a la “Quinta Generación de Líderes” encabezada por Xi Jinping y Li Keqiang. Esta sería la primera en  navegar, durante su mandato de una década, sin ninguno de los grandes timoneles históricos de la talla de Mao Zedong, Zhou Enlai o Deng Xiaoping, quienes fueron los referentes protectores de la primera y segunda generación de líderes que gobernaron el país.

El desarrollo chino a toda vela parece no detenerse, y las cifras oficiales indican que el crecimiento anual del PIB seguirá estando por encima del 8%. Pero desde julio 2011 algunos economistas pronostican estallidos en la burbuja inmobiliaria y hablan de recesión en China. En ese contexto, la decisión de las autoridades de clausurar a fines de marzo dieciséis páginas web, detener a varias personas y restringir a dos de las redes sociales más populares, tuvo el claro objetivo de bajar los decibeles no controlados de información y así evitar que cundiera el pánico en los mercados financieros internacionales luego de la defenestración de Bo Xilai. El hecho no es menor pues los rumores más alarmistas dentro del país aludían a disparos, despliegue de tropas e intento de golpe de Estado en Beijing.

La cuarta generación del presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao que termina su mandato, no cumplió el compromiso inicial de mejorar la equidad social, meta que se ha transformado en el objetivo de la nueva izquierda contestataria juvenil, donde conviven socialdemócratas, ecologistas, anarquistas, marxistas ortodoxos y neomaoístas. Muchos de esos sectores se identificaron con Bo Xilai el 2007, tan pronto como el alcalde de Chongqing, junto con la recuperación parcial de símbolos de la Revolución Cultural maoísta del decenio 1966-1976, implementó en la megalópolis centro-occidental políticas de desarrollo local que implicaban mayor distribución de la riqueza.

Para los aliados de Bo Xilai, su caída es el inicio de una ofensiva de derecha para profundizar los rasgos neoliberales del modelo chino. Por lo cual el affaire de su esposa y la muerte del agente inglés, son apenas un pretexto. Otros sectores creen que las altisonantes campañas públicas de autopromoción del edil —inusuales en el modo chino de hacer las cosas— contribuyeron a desenmascararlo. Añaden que el ex dirigente tenía una agenda oculta para erigirse en el XVIII Congreso del PCCh como uno de los nueve miembros de la todopoderosa Comisión Permanente del Buró Político.

La adaptación económica del gigante asiático hacia los modos occidentales y la cultura de mercado, no tiene todavía un correlato político que alimente la transparencia y ayude a comprender de manera cabal lo ocurrido. Por lo tanto, su eventual desenlace, seguirá teniendo un alto componente de incertidumbre, y estará caracterizado por el hermetismo político de la cúpula china, alimentando rumores y especulaciones por un buen tiempo.

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