Tomemos las riendas de la política: por el derecho a decidir - El Mostrador

Sábado, 21 de octubre de 2017 Actualizado a las 16:37

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Tomemos las riendas de la política: por el derecho a decidir

por 30 julio, 2013

Es necesario mostrar permanentemente cómo vive la mayoría de Chile, sin ejercer derechos que les son propios. Se trata de construir una democracia inclusiva que permita reconocer las diferencias y diversidades, de democratizar los espacios sociales de tal manera que vamos a tener que madurar como sociedad, puesto que una minoría no puede seguir imponiendo sus creencias totalitarias que recuerdan a los totalitarismos del siglo XX.

Chile nos duele. Este 2013 nos vemos envueltos en ofensivas de la política tradicional que buscan emborracharnos con discursos de querer cambiarlo todo para que, al final del día, todo siga igual. Sin embargo “del dicho al hecho hay mucho trecho”, por un lado discursos electorales con supuesta sintonía con las demandas sociales y por el otro, prácticas de sus partidos incoherentes con esos discursos, por ejemplo: la omisión respecto a temas como el aborto terapéutico, el sueldo mínimo, etc. De esta manera, podemos ver cómo desde nuestra propia realidad más cotidiana, a pesar de sus rimbombantes anuncios electorales, las injusticias siguen haciéndose presente, aunque intenten hacernos creer con gráficos y estadísticas lo contrario. Hoy, levantarse en Chile significa poner el hombro a muchos problemas en el día a día, principalmente para las mujeres, puesto que siguen siendo doblemente discriminadas, haciendo magia para poder llegar a fin de mes, donde para tener acceso a salud o educación, hay que endeudarse hasta con lo que no se tiene.

Dichas injusticas, han mostrado un creciente malestar social que ha movilizado al país, que recorre a las familias, lugares de estudio y de trabajo, animado por luchas de diverso signo como: el derecho a la educación, a la salud, a una previsión social digna, a la vivienda, como también el empoderamiento social en materia de derechos sexuales y reproductivos, reivindicaciones de la diversidad sexual, prevención del VIH/SIDA y de las infecciones de transmisión sexual, prevención de embarazo adolescente, educación sexual, violencia sexual, violencia de género, políticas sobre igualdad de género y el derecho al aborto terapéutico. Estas luchas y reivindicaciones sociales que tienen como eje articulador la desigualdad han modificado el escenario de gobernabilidad de los de siempre tomando la agenda nacional que se refleja en los ofertones electorales de sus programas de gobierno, buscando así cooptar dichas banderas para poder vestirse de legitimidad social, con sabor a calle y descontento.

Es necesario mostrar permanentemente cómo vive la mayoría de Chile, sin ejercer derechos que les son propios. Se trata de construir una democracia inclusiva que permita reconocer las diferencias y diversidades, de democratizar los espacios sociales de tal manera que vamos a tener que madurar como sociedad, puesto que una minoría no puede seguir imponiendo sus creencias totalitarias que recuerdan a los totalitarismos del siglo XX.

Sin embargo, en lo concreto, debido a los últimos casos que han removido a la opinión pública, como el embarazo de niñas por violación, que revive, el debate sobre despenalizar el Aborto Terapéutico, como política de Salud Pública, queda de manifiesto que la educación sexual no ha sido un tema prioritario para el Estado chileno ni los gobiernos de los últimos 20 años, ya que ha existido falta de voluntad política puesto que los que toman decisiones más bien parecen seguir al Vaticano que al Estado laico que data de 1925.

Nos duele Chile al observar cómo se acepta la violación de una niña por parte de las autoridades, y que siga con su embarazo sin informarle ni a ella, ni a su abuela, la posibilidad de un aborto terapéutico: todos dieron por supuesto el seguir con un embarazo, tal es así que políticos dijeron que estaba preparada. Si fueran sus hijas no dirían lo mismo. Quién sabe cuántas niñas están siendo violadas en estos momentos en sus hogares que supuestamente las protegen.

Hoy Chile no incluye en su Constitución política los derechos sexuales y reproductivos que hacen parte de los derechos humanos. Por tanto, en un año electoral, es deber de los y las ciudadanos y movimientos sociales exigir participación directa en la construcción una nueva constitución y de políticas públicas y así avanzar en la no discriminación, sometimiento y violencia social, política, económica y cultural.

Para ello, es necesario mostrar permanentemente cómo vive la mayoría de Chile, sin ejercer derechos que les son propios. Se trata de construir una democracia inclusiva que permita reconocer las diferencias y diversidades, de democratizar los espacios sociales de tal manera que vamos a tener que madurar como sociedad, puesto que una minoría no puede seguir imponiendo sus creencias totalitarias que recuerdan a los totalitarismos del siglo XX. Para ello hay que apropiarse de los cambios sociales y culturales que ha experimentado la sociedad chilena, los cuales distan completamente de los discursos institucionales oficiales que sólo buscan seguir imponiéndonos un Chile, desigual, injusto, retrógrado y conservador.

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