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El gran truco o ese Chile antidemocrático

por 14 agosto, 2013

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Subterfugio, artimaña, pillería, argucia, manipulación, ilusionismo, mentira. Hoy son esas las palabras que permiten entonar lo que presenciamos en el Congreso ante la tan anunciada votación del proyecto de Ley de Fortalecimiento del Resguardo del Orden Público, o mejor conocida como Ley Hinzpeter.

El proyecto de Ley fue aprobado en sus marcos generales por sólo dos votos de diferencia, pese a  que la “Nueva Mayoría” —la cual no hay que olvidar nunca escribir entre comillas— contaba con la cantidad parlamentaria como para lograr su rechazo. No lo hicieron, pero reglón seguido a su aprobación, y junto a un grupo de personas que los acompañaban desde la tribuna, comenzaron los discursos en defensa a los movimientos sociales y la libertad de expresión, votando en contra de la mayoría de los articulados que el proyecto contenía, por supuesto entusiasmados por los aplausos de la barra.

Se rechazaron los puntos más emblemáticos como la detención por sospecha o la agravante por andar con el rostro cubierto en las movilizaciones, aprobando no obstante otros tres artículos, uno de los cuales entrega aún más facultades al gobierno para impulsar querellas contra supuestos autores de desórdenes públicos.

Tras esta votación entonces, la Cámara de Diputados entrega una Ley rechazada en casi su totalidad, pero con un aval de aprobación para que sea discutida en el Senado, donde —como no es casualidad— pueden reponerse todos los articulados que ya fueron rechazados anteriormente.

No podemos decir que la clase política ha hecho oídos sordos o no nos ha dado respuestas ante lo exigido por el movimiento social. Al contrario, ha estudiado muy bien la realidad y está respondiendo. Reinstalar la detención por sospecha, seguir aumentando las potestades para desplegar mayores niveles de represión, y en definitiva todo lo contenido en esta ley, son precisamente aquello.

Y es que mirar la sesión de la Cámara de Diputados durante esta discusión parecía algo cercano a un espectáculo del coliseo romano, o por lo bajo una obra teatral. Perfectamente ubicados todos los actores, cada uno con un rol específico para lograr su objetivo; el ilusionismo de la discusión, el respaldo verbal a las demandas sociales, pero el perfectamente calculado plan de contención, de apaciguamiento y control que se está tejiendo entre telones, fue lo que acompañó la jornada.

No será extraño que la discusión para el Senado se silencie, la Cámara de Diputados ya hizo su trabajo. La derecha se mostró como la defensora a ultranza del orden, y los sectores concertacionistas como los fieles puentes entre la institucionalidad y la calle. Cada uno ocupando un rol del todo complementarios a esta altura.

El gran truco está siendo desplegado.

Detrás de ese truco se encuentra el Chile antidemocrático, que se sostiene de una institucionalidad basada en una de las constituciones más ilegítimas a nivel mundial, en unas fuerzas armadas y de orden preparadas para reprimir y establecer enemistad con nuestros vecinos, como también por una clase política que es profundamente temerosa al empoderamiento de la población, siendo al contrario fiel defensora del modelo que disminuye día a día nuestros derechos sociales en beneficio de los de siempre.

La Ley Hinzpeter y su votación del día martes 6 de agosto es reflejo de ese Chile. Cada uno de sus planteamientos y, por tanto, la base en la cual se sostiene, son respuestas concretas hacia las demandas sociales levantadas estos últimos años.

No podemos decir que la clase política ha hecho oídos sordos o no nos ha dado respuestas ante lo exigido por el movimiento social. Al contrario, ha estudiado muy bien la realidad y está respondiendo. Reinstalar la detención por sospecha, seguir aumentando las potestades para desplegar mayores niveles de represión, y en definitiva todo lo contenido en esta ley, son precisamente aquello.

Pero la contención social que quiso ejercer la derecha durante estos 4 años no resultó, por ello los mejores ilusionistas vuelven a escena, montando este gran truco con el cual esperan caminar por nuestra vereda, pero con puente directo y permanente hacia la del frente.

Hay posibilidades ciertas para temer que la Ley se terminará aprobando con varios de los articulados previamente rechazos y por tanto, que los niveles de represión seguirán aumentando.

Pero tal como lo saben los mejores magos, sus trucos deben ser secretos, porque cuando el público ya los conoce el acto fracasa. Y es ahí, en esos momentos en que el mago queda perplejo y el público pierde la credibilidad, cuando están las condiciones de que sean otros quienes se tomen el escenario.

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