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Las reformas e innovaciones de la UP que perviven

por 9 septiembre, 2013

La reforma agraria de Frei y Allende fue el pilar que modernizó la agricultura chilena y se hizo competitiva para la exportación. Sin la reforma agraria hubieran seguido en relaciones semi feudales y atrasadas basadas en la hacienda.
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Para un libro con el historiador Joan del Alcázar de la Universidad de Valencia y la U. A. Hurtado, con la colaboración de Guillermo Marín, rescatamos las innovaciones del Gobierno de Allende que ni la dictadura ni el tiempo han borrado, permanecen y enriquecieron a Chile para siempre.

La memoria de la UP está centrada en el conflicto y la autocrítica por la derrota/fracaso de la misma, sin valorar logros e innovaciones relevantes del período, los que incluso no pudieron ser borrados, ni siquiera, por la dictadura neoliberal. Todorov dice que hay dos tipos de construcción histórica de la memoria: “El relato heroico que canta los triunfos de los míos, y el relato victimizado, que nos trae su sufrimiento”. El punto de vista de este trabajo es rescatar y reconocer lo épico “exitoso” en la UP, aquello que perdura al colapso.

Es una antihistoria dominante, la que ha estado concentrada en:

a) Las víctimas y el heroísmo del propio Allende,

b) Las causas de la misma, desde la polarización (O'Donell), el desborde del estado de compromiso (Gabriel Salazar, Tomás Moulian y Manuel Antonio Garretón), la radicalización de las élites (Lipset), las fallas del sistema político (Arturo Valenzuela), la acción de la CIA y la falta de unidad en la izquierda (James Petras), los errores de la UP y su falta de unidad en una estrategia (Arrate, Altamirano, Aggio, Del Alcázar),

c) Los elementos de la crisis en términos económicos (inflación, falta de alimentos), políticos y de violencia social (Gonzalo Vial, Andrés Benavente), y,

d) Las consecuencias políticas y culturales del golpe: exilio, renovación, neoliberalismo, cambios en las élites, nueva alianza socialista-DC (Carlos Huneeus, Eduardo Devés, Eugenio Ortega).

Sin embargo, ha comenzado un proceso de rescate y de hacer una memoria selectiva, que sepa seleccionar del Programa de 40 medidas de la Unidad Popular aquellos cambios mayores que perduran tanto por su materialización en el gobierno de Allende; o, porque asomaron y luego se convirtieron en pilotos o experimentos que inspiraron políticas públicas e innovaciones ulteriores.

La reforma agraria de Frei y Allende fue el pilar que modernizó la agricultura chilena y se hizo competitiva para la exportación. Sin la reforma agraria hubieran seguido en relaciones semi feudales y atrasadas basadas en la hacienda.

¿Es un acto banal extraer aisladamente un programa o reforma de un contexto marcado por la anormalidad, donde la polarización hizo ingobernable el país, decayó la economía tras el boom de 1971, paralizando buena parte de la producción y los servicio públicos?

La respuesta es afirmativa porque la UP no fue sólo conflicto y cambios estructurales como la nacionalización del cobre, la intensificación de la reforma agraria y las tomas de terreno de los marginales del campo y la ciudad, marcaron para siempre al país. Ni la dictadura pudo privatizar del todo Codelco, ni quitar todas las tierras repartidas, ni erradicar sin dar al menos una solución básica a los pobladores que tuvieron en la época de la UP los aliados políticos para invadir terrenos de las grandes ciudades por la vivienda digna. Por tanto, se busca superar el metarelato de las causas de la derrota/derrocamiento para concentramos en proceso históricos que perduraron, realizando un proceso de aislación temática para proceder al rescate, categorizándolas en tres tipos:

I. Reformas claves que no pudieron ser revertidas, a pesar de su morigeración en dictadura: nacionalización del cobre, reforma agraria, expansión universitaria, soluciones habitacionales para extrema pobreza.

II. Programas significativos que tuvieron continuidad con otras modalidades tras su valoración en la memoria popular: alimentación escolar, fomento estatal de la lectura.

III. Innovaciones experimentales que tomaron dimensiones globales: la coordinación de las empresas estatales en una red computacional como ensayo de internet.

Hay muchos otras medidas que se ensayaron y llaman la atención a intelectuales jóvenes, como Alberto Mayol, quien en el código de la generación universal de los indignados, consigna medidas de austeridad e igualdad en las 40 medidas de la UP, a cuarenta años del golpe: supresión de sueldos altos en la administración, arriendos a precios fijos, remedios baratos, pago inmediato a jubilados, no más autos fiscales en diversiones, ni viajes “innecesarios con fondos públicos”.

Parecen menores, pero hablan del espíritu de una época de compromiso cabalgante. Micro reformas también rescatadas a 40 años del fin.

I.- Reformas Clave que cambiaron Chile para siempre

LA NACIONALIZACIÓN DEL COBRE

Patricio Meller, economista vinculado a la Democracia Cristiana, demostró una paradoja: mientras Allende implementó la nacionalización del cobre el Estado obtuvo una baja recaudación debido al bajo precio internacional y a los litigios contra el Estado que siguieron las empresas norteamericanas, pero luego le significó a la dictadura disponer de diez mil millones de dólares entre 1974-1987, la viga maestra, el sueldo de Chile, el sostén en medio de una dictadura que bajó al mínimo los impuestos a las empresas privadas. La dictadura logró sostener el Gobierno central gracias a la nacionalización: “El impacto total de la nacionalización de la Gran Minería ha significado que durante el período 1974-1987 la economía chilena ha contado con un volumen de ingresos adicionales, que se eleva a 9.5 millones de dólares (de 1987)”.

Orlando Caputo y Graciela Galarce mostraron el proceso de desnacionalización progresivo, tanto bajo la dictadura (con su código minero que permitió el regreso del gran capital  privado internacional) como con la Concertación que no limitó dicho ingreso ni expandió con mayor fuerza a la estatal Codelco. Mientras el Estado controlaba en 1973 el 94 % de la minería del cobre, ya en el año 2007 era sólo un 31 %.

Hagamos historia de lo que pudo ser: en el año 2012 la estatal Codelco con el 30 % de la producción de cobre aportó 10 mil millones de dólares en un año al Estado, las privadas con el 70 % de la minería, sólo 5 mil millones en impuestos . Si Codelco hubiese mantenido la supremacía con un buen manejo y una cartera de inversiones, aportaría sobre 30 mil millones de dólares anuales al Gobierno chileno. El ejercicio toma el año 2012 en que bajó de cuatro dólares a 3.6 la libra de cobre, ya que el 2011 fue aún más notable. Por eso se dice en las plazas y protestas: Con el cobre nacionalizado como lo hizo Allende en Chile no habría pobreza. Esta idea es parte del sentido común popular que se recrea con más fuerza. Fue la gran reforma de Allende, de la mano del paso dado por Frei,  que sigue dando frutos ingentes a Chile. El país creó en el Gobierno de Bachelet un fondo de ahorro de excedentes del cobre para dar sostenibilidad a las pensiones sociales.

La nacionalización tuvo impacto económico y en ingresos enormes, pero fue además una prueba dura para demostrar que obreros y profesionales chilenos eran capaces de administrar la mega industria del cobre.

Cuando se chilenizó (1965) en la época de Frei, implicó que el Estado Chileno fuera dueño del 51 % de la Minería del Cobre, pero siguió siendo administrada básicamente en su cuerpo directivo por extranjeros, personal de una transnacional. La Nacionalización, que contó con el apoyo unánime del Congreso, provocó una estampida de ingenieros y directivos americanos y de otras nacionalidades. Es tiempo de guerra fría, época de temores, en que se produce la diáspora de la “inteligencia de la empresa”. El “know how” (cómo hacer) de administrar una mega empresa de cobre quedaba comprometido y surgía la duda si los ingenieros y directivos chilenos serían capaces de administrar y proyectar la minería cuprífera en manos 100 % del Estado.

En el acto en el invierno de 1971 de promulgación de la ley en la Plaza de Rancagua, capital de la provincia de la mina de cobre subterránea más grande del mundo, El Teniente el Presidente lista la serie de problemas productivos de la empresa, hace mención a desafíos que comienzan a estudiarse y diseñarse en esos años y que cuajarán durante los setentas: la ampliación de la Fundición Caletones y la creación de nuevos niveles en la mina para ampliar la producción…A pesar de las huelgas y la división entre los propios trabajadores, los ingenieros y directivos chilenos fueron capaces de demostrar que podían administrar un Codelco estatal, lo que sentó las bases de la mega empresa que ni siquiera la dictadura se atrevió a privatizar: era demasiado bueno el negocio para todos los chilenos. Allende agradeció a los rancagüinos que acudieron a la plaza a pesar de la lluvia y la ventisca gélida, olfateando el cambio histórico:

“Destaco lo extraordinario de este acto. Cómo se ha reunido el pueblo de Rancagua, cómo están aquí campesinos, empleados, profesionales, técnicos, mujeres y jóvenes. Cómo diviso desde esta tribuna los cascos de los mineros que traen, en la palabra de sus dirigentes, el compromiso ante la historia y su conciencia de ser ejemplares trabajadores para hacer producir más al cobre y entregarlo al servicio de la patria”.

La profundización de la reforma agraria

John Strassma, director del Centro para el Desarrollo de la Universidad de Wisconsin, contó esta historia ilustrativa:

“El Land Tenure Center (Centro de Tenencia de la Tierra) de Wisconsin lo creamos para apoyar las reformas agrarias en América Latina de la mano de la Alianza para el progreso de Kennedy. Para evitar el camino comunista había que hacer reformas, distribuir propiedad, hacer un capitalismo democrático, terminar con la ociosidad de los terratenientes e incorporar a los inquilinos/campesinos como trabajadores asalariados, campesinos minifundistas y así aumentar la producción. Trabajé con cuatro gobiernos chuienos. La reforma del macetero muy pequeña con Alessandri. El inicio de la reforma agraria con Frei y la intensificación con Allende. Mis amigos izquierdistas cometieron el error de los asentamientos para el trabajo colectivo. Eso funcionó poco, pero después ayudamos a convencer a los militares que no devolvieran todo a los latifundistas y respetaran lo entregado con expropiación. Así se entregaron los títulos de propiedad individual a miles de parceleros (…) La reforma agraria de Frei y Allende fue el pilar que modernizó la agricultura chilena y se hizo competitiva para la exportación. Sin la reforma agraria hubieran seguido en relaciones semi feudales y atrasadas basadas en la hacienda”.

Los datos son elocuentes: la UP en tres años casi duplicó las hectáreas expropiadas en el gobierno de Frei: entre 1965-1970 1319 predios con 3 millones 400 mil hectáreas, con Allende 4400 predios con

6,4 millones de hectáreas. Con el tiempo y atenuada las pasiones, la casi unanimidad reconoce la virtud de un proceso que comenzó con Alessandri (800 mil hectáreas), aportó a dar dignidad a los campesinos y mejorar la producción, al entregar a productores tierras ociosas altamente concentradas: “Los gestores de la reforma postularon que la causa de ambos problemas era la mala distribución de las tierras agrícolas: la concentración del 78 % de la tierra agrícola en manos del 7,0 % de los productores, por un lado, y, por otro, la atomización de la tierra en manos de pequeños agricultores que constituían el 37,0 % de los productores y que debían repartirse el 0,3 % de la tierra ”.

Huelga más comentarios. El gran articulador de la reforma, Jacques Chonchol, ministro de agricultura de Allende (de los rebeldes de la DC que fundaron el MAPU y la Izquierda Cristiana), reivindica la reforma, la liberación de los inquilinos, el uso positivo de las tierras y debate el argumento de la carestía de alimentos producto de las expropiaciones y tomas de fundos: “Nunca en la historia de Chile el consumo fue tan alto como en 1970, 71 y 72. ¿Por qué? Porque el Gobierno, no sólo a través de la reforma agraria, sino con su política económica y social, generó una redistribución de ingresos muy grande a favor de los sectores populares. Todos los años se votaba una ley con la cual se reajustaban los salarios según la inflación. También se inició una política de obras públicas y se incrementaron las importaciones. Entonces hubo poder de compra entre la gente para participar de una manera muy activa en el mercado”.

José Bengoa, investigador del efecto positivo de la misma entre campesinos y mapuches, muestras el antes y el después que el Golpe no pudo borrar de la historia de aquello se llama un reforma estructural, a pesar de los elementos de contra reforma agraria y concentración de la tierra, pero, al menos, en plantas industriales con salarios: la reforma agraria terminó con el latifundio y facilitó la expansión del capitalismo agrario.

Primera Expansión universitaria: educación superior para todas las clases sociales

El sistema de educación superior chileno era de calidad, pero muy elitista, a la par de los países latinoamericanos. Basta recordar que hacia 1965 sólo el 20 % de los jóvenes terminaba la secundaria y al restringido sistema universitario de ocho instituciones sólo concurría en 3 % de la población entre los 18 y los 25 años de edad. J.J. Brunner lo sintetiza:

“Se trataba de un pequeño aparato institucional compuesto por ocho universidades, las cuales representaban la culminación evolutiva de un peculiar régimen mixto de provisión de educación superior. Se hallaba conformado por dos instituciones estatales —una creada en la primera mitad del siglo XIX, la otra en el siglo XX— y seis universidades privadas, tres de ellas fundadas dentro del dominio confesional de la iglesia católica y otras tres, no-confesionales, creadas en regiones con apoyo del estado; en un caso por un gran empresario porteño y en los otros dos por grupos de élite dentro de las respectivas comunidades locales. La renta nacional —con un gasto fiscal equivalente al 1,08 % del PIB— financiaba casi completamente este mínimo sistema que atendía apenas 55 mil estudiantes en 1967, con una tasa bruta de cobertura de un 7,1 %, en un momento en que recién se había universalizado la educación primaria y la educación secundaria excluía aun un 79 % de los jóvenes de la cohorte respectiva”.

Los rebeldes de la DC en 1967 se toman las universidades católicas de Santiago y Valparaíso, marcando un proceso de modernización, apertura y primera oleada de intentar acercar la Universidad al pueblo, tanto por la vía de su compromiso académico e investigación en reformas, como por su masificación. Democratacristianos y mapucistas en la UC promovieron la creación del Departamento Universitario Obrero Campesino, DUOC, que vino a intensificar el aporte histórico de la Universidad Técnica del Estado (UTE) en favorecer alternativas formativas técnicas.

La Unidad Popular amplió las sedes universitarias públicas en regiones, destacando zonas que nunca habían tenido oferta, como Osorno (luego Universidad de Los Lagos) o Rancagua, que tuvo el programa para técnicos universitarios para trabajadores de la UTE. El Instituto Nacional de Capacitación Técnica, Inacap; creado en 1966, se sumó a la expansión en Santiago y regiones. Todos ellos —DUOC, UTE e INACAP— hicieron convenios con la Central Unitaria de Trabajadores.

Esta primera expansión universitaria relevante, creciendo de 50 mil a 150 mil la matrícula en educación superior entre 1967 y 1973. Luego vendría la expansión privatizadora de la dictadura desde 1982 y el alto crecimiento bajo la Concertación para superar el 50 % de los jóvenes en alguna de las 240 instituciones de educación superior hacia el 2009, aunque con las asimetrías de calidad y alto costo para las familias que impone el modelo. Así lo resalta un estudio de Flacso, que además destaca que las mujeres alcanzaron en dicho período el 41 % de la matrícula: “8 mil estudiantes en 1940, 24 mil en 1960, 55 mil en1967 a 155 mil en 1973”.

Soluciones habitacionales para los pobres y no sólo la clase media con poder de ahorro

Chile vivió desde 1940 como toda América Latina una explosión demográfica situando en medio millón de unidades el déficit habitacional en 1970. Las tomas o invasiones de terreno se fueron acrecentando desde 1957, con tomas emblemáticas como  La Victoria en la zona sur de Santiago o 25 de febrero en Rancagua. En el gobierno de Frei se crea el Ministerio de Vivienda y se producen operaciones sitio o tiza, en que al menos se demarcaba un pedazo de tierra a una familia para  alentar procesos de autoconstrucción de las familias sin capacidad de ahorro y sin empleos formales. Con el triunfo de Allende se inició una política más actica dando al estado un rol en otorgar viviendas directamente y no sólo gastar los recursos en las cajas de ahorro los sectores medios y trabajadores de industria/minería:

“El período 1970-1973, se caracterizó por planes anuales, que fueron los motores de la política social de aquella época, y que tuvieron como principio básico la concepción de que la vivienda es un bien al cual tienen derecho todos los habitantes y su reparto no se puede regir por reglas económicas, sino por necesidad y condiciones sociales. El papel de Estado sería ahora más activo, dentro de sus principios se planteó que él debía ser el propietario del suelo, y el encargado de construir y controlar de acuerdo con las exigencias urbanísticas y sociales; las cuales debían primar sobre aquellas de carácter especulativo. Los nuevos fundamentos de la gestión fiscal, provocaron la reacción de aquellos grupos empresariales involucrados en el sector de la construcción, al tiempo que alentó a trabajadores y pobladores ante el inicio del proceso de estatización de dichas empresas”. Lo de la UP fue un cambio de política relevante. En América Latina prevalecía lo planteado por el británico John Turner: dar el terreno a los pobres para que se construyan donde ellos mismos han invadido. Fue un paso al reconocer al pobre un lugar donde habitar, pero muchas veces abandonados a pésimas condiciones y sin alcantarillado ni agua.

Allende quiso otra cosa: intentar masificar soluciones de vivienda desde el Estado, no sólo experiencias puntuales (casos de barrios para obreros se conocían desde el 1890, pero unas pocas soluciones). Para eso se lanza el programa de Fábricas Populares de Vivienda, en un plan ambicioso llamado 20.000/70, que buscaba construir veinte mil soluciones al año. San Martín contabilizó seis mil soluciones en 1971, lejos de la meta, pero mucho más que lo obrado por décadas de gobiernos centrados en los sectores medios. Se señaló que el Estado debía focalizarse en los pobres y no sólo dar un sitio.

II. Programas significativos que tuvieron replicabilidad: alimentación escolar e infantil:

Allende tuvo desde joven, como médico y socialista, una pasión por terminar con el hambre y la desnutrición, como cuestión básica para el desarrollo igualitario de los niños. Fue ministro de salubridad del Presidente Pedro Aguirre Cerda (1938-1941) y escribió La realidad médico social chilena (1939): “El programa de Allende defendía el capital humano trazando ideas generales para el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo. Mediante una política de salarios, política de alimentación, y política de vivienda y arrendamientos. El programa médico social, se iniciaba con la reestructuración del ministerio, reforma de los regímenes de previsión y de las leyes del seguro obligatorio y de medicina preventiva ampliando las coberturas. Reestructuraba la Dirección de Sanidad y reforzaba el control de drogas y medicamentos.

Finalmente proponía medidas legislativas complementarias de carácter punitivo. Durante su gestión, Allende logró realizar sólo parcialmente sus proyectos, pero inició el proceso de unificar las estructuras asistenciales, que llegaría a ser realidad en 1952 con la dictación de la Ley del Servicio Nacional de Salud, que consiguió su compañero de curso el Ministro Jorge Mardones”.

Luego, como parlamentario y presidente del Colegio Médico, abogó una y otra vez por la expansión del sistema de salud y nutricional, previniendo casusas estructurales de la pobreza.  Por eso entre las 40 medidas de la UP ocupó un lugar central la promesa de dar medio litro de leche a cada niño, intensificando los programas escolares de alimentación y la distribución de leche en polvo en los consultorios de salud. A pesar del conflicto, en el mismo año 1973 se distribuyeron 50 millones de litros. Tito Grado recuerda que la mayoría de los niños en 1970 tenía algún grado de desnutrición, por lo cual el medio litro de leche era esencial: el gobierno la importa de Argentina, USA y Holanda; hay controversia porque la derecha le acusa de mala calidad.

Nada escapaba a la híper polarización

Luis Corvalán, quien hace un rescate pormenorizado de los aciertos de la UP, asevera que aumentó de 650 mil en 1970 a tres millones los niños que tuvieron apoyo alimentario directo del Estado. El fomento desde el Estado de la lectura masiva.

La Unidad Popular hizo una enorme innovación al llevar a miles de hogares libros y revistas accesibles a todo público, a través de la Editorial Quimantú. La polémica sobre el rol del Estado en producir libros ha llegado hasta nuestros días, como ocurrió con los reparos de la derecha al proyecto de “Maletín Literario” impulsado para dotar a las familias pobres de una enciclopedia y un conjunto básico de textos de autores chilenos y extranjeros. “Va a volver la manipulación ideológica de los tiempos de la editorial Quimantú”, espetó más de un neoliberal desde el hemiciclo de la Cámara de Diputados en el año 2007. Pero finalmente se impuso fortalecer el Fondo del Libro y la Lectura, que ha permitido a escritores y editoriales acceder a recursos para publicar. Un acierto en pluralidad de voces y apoyo a la industria editorial local, pero nada comparable en precio y tirajes a lo que aconteció en la UP: Las familias obreras no tuvieron dudas en comprar por módicas sumas una biblioteca completa de los clásicos universales y chilenos de Quimantú, y de algunas de sus revistas como “Nosotros los chilenos” y “Hechos Mundiales”.  Por cierto, a Jack London y otros clásicos, se sumaron autores revolucionarios. Los mismos que terminaron en una hoguera en el patio de muchas casas ante los temores de allanamientos en las infaustas horas de septiembre de 1973.

Quimantú nació de la expropiación de editorial Ziz-Zag, animada por los propios trabajadores, funcionando desde noviembre de 1971 hasta le golpe. Imprimió diez millones de ejemplares de 250 títulos, en las siguientes colecciones: Quimantú para todos, Mini libros (obras de literatura universal y chilena), Nosotros los chilenos (mini reportajes con ilustraciones sobre el ser de los chilenos), Cuadernos de Educación Popular (a cargo de Marta Harnecker), Cuncuna (colección infantil), Camino Abierto, Análisis y acción, Clásicos del Pensamiento Social, Figuras de América.

La colección Quimantú para todos era universalista y nosotros los chilenos muy objetiva, pero dando protagonismo a trabajadores y campesinos (con la pluma de Alfonso Alcalde). Las otras tenían ya un mayor compromiso con el proceso socialista en un contexto de gran pluralidad de medios, prensa y editoriales. En Quimatú para todos (47 volúmenes), se publicaron desde el ya citado London con Llamado de la Selva, las también novelas de travesías de Francisco Coloane,  un Manual de Educación Sexual de Rodrigo Quijada, hasta la novela de Nicomedes Guzmán, La Sangre y la Esperanza, que retrata la  pobreza en el Barrio Yungay de Santiago poniente a comienzos del siglo XX. Quimantú en la lengua de los mapuches significa Sol de la Sabiduría, y cumplió ese rol, más allá de algunas publicaciones abiertamente ideológicas que escandalizaron (como la guerra entre pandillas de distinto estrato social en la revista para niños Cabro Chico, verdadera lucha de clases infantil), pro que reflejaba al país en sus contradicciones y desigualdades.

El fantasma de la editorial sigue revoloteando por lo caro del libro en Chile. Otros ejemplos como el Fondo de Cultura Económica de México, con librerías propias en toda América Latina, son el paradigma de esfuerzos editoriales públicos que cumplen un rol relevante.

El medio litro de leche para todos

Uno de los ejes más importantes de las reformas de la ex presidenta Michelle Bachelet fue la creación del programa Chile Crece Contigo. Su objetivo es acompañar, proteger y apoyar integralmente, a todos los niños, niñas y sus familias en el proceso de desarrollo y crecimiento del niño. Éste programa se enmarca en una preocupación de los gobierno de la Concertación por promover la generación de igualdad de oportunidades desde la infancia e intentar corregir las desigualdades de nuestra sociedad desde el nacimiento.

Sin embargo, la reflexión en torno a la importancia de las políticas de infancia y su vínculo con el ataque a las desigualdades desde la cuna no es nueva. En el marco de las primeras 40 medidas de la Unidad Popular es posible encontrar 5 medidas que se vinculaban a éste objetivo:

a) El niño nace para ser feliz: el programa tenía como objetivo otorgar matrícula completamente gratuita, libros, cuadernos y útiles escolares sin costo, para todos los niños de la enseñanza básica;

b) Mejor alimentación para el niño: consistía en dar desayuno a todos los alumnos de la enseñanza básica y almuerzo a aquellos cuyos padres no se lo puedan proporcionar;

c) Leche para todos los niños de chile: aseguraba la entrega de medio litro de leche diaria como ración a todos los niños de Chile;

d) Consultorio Materno-Infantil En Su Población: consistía en la instalación de consultorios materno-infantiles en todas las poblaciones; y,

e) Verdaderas vacaciones para todos los estudiantes: Éste consistía en una invitación al Palacio Presidencial de Viña del Mar a los mejores alumnos de la enseñanza básica, seleccionados de todo el país.

De este conjunto de medidas la que tuvo mayor trascendencia fue la del medio litro de leche para todos. A pesar de los problemas de aplicación que tuvo en pleno gobierno de la Unidad Popular. “El compromiso del medio litro de leche se mantuvo contra viento y marea durante los mil 41 días que duró la Presidencia de Salvador Allende. Cuando la producción interna no dio abasto, se importó leche en polvo. Ésta subió de precio y escaseaban las divisas, pero ningún niño dejó de recibir su medio litro de leche. En 1970, antes de constituirse el Gobierno Popular, habían recibido leche gratuitamente 650 mil personas, particularmente niños. En 1971 se distribuyeron gratuitamente 47 millones de litros, una cantidad semejante en 1972 y, a pesar de todas las dificultades, 49 millones en 1973, llegando a favorecer a 3 millones 600 mil niños”.

El esfuerzo realizado por la UP por mantener esta política, a pesar de las intensas dificultades económicas de su gobierno, se vincula a su compromiso por continuar con un ciclo de políticas sociales inauguradas por el anterior gobierno democratacristiano. Sin lugar a dudas, el gobierno de Salvador Allende se había autoimpuesto como prioritario, al margen del proceso de transformación social y política del país, la aplicación de políticas de corte social para palear las profundas desigualdades sociales de nuestro país.

Tanto fue el éxito y el vínculo del medio litro de leche con las necesidades de la población que se transformó en una de las medidas de la UP que posteriormente la Junta Militar no pudo eliminar, a pesar de las profundas reformas de ayudas estatales que implementó bajo la doctrina neoliberal de los Chicago boys. Posteriormente a la vuelta de la democracia la importancia de las políticas de infancia volvieron a ponerse en el centro de la discusión.

Así, el medio litro de leche se transformó en una medida que ha trascendido por más de cuatro décadas contra viento y marea. Sin embargo, más allá de su éxito, es relevante señalar la importancia que otorgó la Unidad Popular a las políticas de mejoras en la calidad de vida de niños y niñas de nuestro país. Esto no sólo del punto de vista normativo, sino que también, como una forma de abordar las desigualdades estructurales de nuestro país desde una óptica de largo plazo y de derechos sociales.

III. Innovaciones experimentales que tomaron dimensiones globales El pionero software-internet socialista para las empresas públicas.

Hoy es un mito universal e incluso algunos dicen que fue el primer intento de crear internet, antes que el Pentágono americano a mediados de los 70 lo expandiera. Se hacen películas, tesis y se escriben artículos sobre el proyecto Cybersin de la Corfo con Allende en 1972. Así desde el New York Times (“el software socialista de Allende”) a la revista Patrimonio Cultural de la Dirección de Bibliotecas, dan cuenta del proyecto cibernético, computacional y comunicacional que buscó poner en red instantánea a las estatizadas empresas públicas y mejorar su producción.

Esta innovación comenzó cuando Fernando Flores, directivo de Corfo, junto al Ingeniero Raúl Espejo, el diseñador Rodrigo Walter, entre otros, traen a Chile al inglés Standfor Beer, teórico cibernético. Se reúnen con Allende y se largan a poner a todas las empresas del Área de Propiedad Social a informar de sus principales necesidades de insumos y stocks de productos por la vía de Télex (fax), los que eran digitados en una gigantesca computadora IBM comprada para el caso, la que debía procesar y retroalimentar a las mismas con las necesidades más urgentes:

“Raúl Espejo, director operacional del proyecto, escribió una carta a Beer con el propósito de invitarlo a implementar en Chile el VSM (modelo del sistema viable), Beer aceptó y el proyecto comenzó su desarrollo en 1971. El sistema tuvo la oportunidad de demostrar su utilidad en octubre de 1972, cuando 50.000 camioneros en paro bloquearon las calles de Santiago; empleando las máquinas de teletipos, el gobierno fue capaz de coordinar el transporte de alimentos a la ciudad con los cerca de 200 camiones leales a Allende y que no se encontraban en paro. Comentando este hecho, Beer señalaba modestamente: comunicación es control. Tras el golpe, el centro de control fue destruido. Cybersyn o Synco nunca pudo ser aplicado y fue abortado irrevocablemente, frustrando uno de los proyectos políticos y cibernéticos más avanzados de la época en el mundo (…) En el centro de control en Santiago, un computador procesaba a diario la información recibida desde las fábricas. Al procesar tal información, se obtenían predicciones de corto plazo y recomendaciones para realizar mejoras.

Existían cuatro niveles de control (compañía, rama, sector y total) que contaban con retroalimentación algedónica (si el nivel de control inferior no podía solucionar un problema en un intervalo de tiempo determinado, el nivel superior era notificado al respecto). Los resultados eran discutidos en la sala de operación y se elaboraba un plan global. El software del proyecto Synco se llamaba Cyberstride y empleaba control bayesiano. Fue escrito por un equipo de programadores chilenos en consulta de 12 programadores británicos”.

El diseñador Rodrigo Walter conserva las fotos del telecomando central construido cerca del cerro San Cristóbal, junto al Mapocho.

Pero la experiencia no fue en vano; y muchos universitarios, técnicos y ejecutivos de empresas comprendieron tempranamente la importancia de la informatización y las redes. Los allendistas eran revolución y modernización, apertura a innovaciones. Entender los computadores como espacios instantáneos para comunicarse y coordinarse —no sólo procesar información pre formateada— fue efectivamente una de las derivas que llevó a crear Internet. La UP se estaba adelantando al Ministerio de Defensa norteamericano, creadores “oficiales” de la web. Recordemos que desde 1962, el investigador J.C.R. Licklider, del Massachusetts Institute of Technology, proponía usar los computadores para compartir datos, Galactic Network, pero sólo hacia 1972 —contemporáneo al experimento chileno de Cybersin— se prueba con transmisiones en red.

Por lo cual, ese grupo de profesionales de la Unidad Popular está en la historia universal de la computación como red.

Museo de la Solidaridad

Otra de las grandes creaciones de la Unidad Popular fue la construcción del primer museo de la solidaridad que reunía obras de grandes artistas del mundo. Esta creación se presenta como innovación por dos motivos:

1. Espacio de Arte universal: la idea de Salvador Allende era crear un espacio donde las diferentes culturas se encontraran en un espacio común y que los sectores más vulnerables de nuestra sociedad lograra acceder a la cultura de manera gratuita.

2. Solidaridad internacional por la socialización del arte: el Museo se componía de donaciones solidarias de creadores comprometidos con el proceso de construcción socialista chileno por lo que entregaban sus obras de manera gratuita. De esta forma, entre 1971 y 1973, se reciben más de 500 obras entre pinturas, grabados, esculturas, dibujos, tapices y fotografías.

A pesar de lo poco conocida de esta obra es importante señalar que marca un hito por la forma en que se gesta el museo. Su carácter internacional y solidario marca precedentes como innovación de proyectos de difusión cultural.

III.- Colofón Final: muchos por rescatar y recrear

A cuarenta años del Golpe, en la memoria y la recreación de sentidos el balance, como el péndulo de la historia, va ganando hacia la Unidad Popular y sus decenas de innovaciones. Hay muchas otras que señalar:

los balnearios populares que reivindicaron el derecho de los pobres a la playa y el descanso (hoy popularizados en cientos de municipios con sus paseos en buses, como los otroras trenes populares a Constitución, Dichato, Cartagena o Pichilemu, el apoyo estatal a la música con raíz folklórica chilena, las poblaciones para obreros y empleados en zonas “ricas” con Las Condes (la dictadura los expulsó a los márgenes de la ciudad), la integración social en academias y colegios, entre tantas.

A pesar de las constantes caricaturas que, tanto sectores de derecha como de izquierda, han generado en torno al gobierno de la Unidad Popular; vinculándola, por un lado como un gran proceso de transformación revolucionaria generando un relato épico de su posterior derrota y, por otro, el relato de derecha que versa sobre el caos que vivió el país en esos años; el gobierno de Salvador Allende logró construir una serie de medidas que lograron transformar la cara del país. Su legado en materia de políticas sociales ha influido innegablemente en los gobierno de centroizquierda del continente y sin duda en los de nuestro país.

Resulta un error disminuir en análisis del periodo de la UP obviando estas medidas. El gobierno de la UP no fue pura épica y caos. Fue también la profundización de un ciclo de políticas sociales iniciadas por el gobierno anterior en las que se ponía en el centro la promoción social de los grupos más excluidos de nuestro país… ¿Qué más revolucionario y épico que esto?

Mucho de lo “mejor” que tenemos, como legado y desafío, se gestó en los mil días de la UP. El gobierno acusado del “caos” fue creativo y avizoró un orden más justo, cultural, integrado y libertario, sin miedo a la historia y el porvenir, como aquí se ha rescatado.

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