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Avances en el programa cultural de Evelyn Matthei

por 13 septiembre, 2013

El Estado sí puede, empero, estimular el disfrute de la cultura. Y es eso lo que este programa pretende hacer, partiendo de la base de que alimentar correctamente nuestro espíritu es tan importante como alimentar correctamente nuestro cuerpo, y que un país que divorcia ambas dimensiones y privilegia solamente lo material está condenado a la pobreza quizás más grande que puede experimentar el hombre: la falta de sentido.
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Uno de los mayores problemas de la política es el comunicacional: si se comunica algo con excesiva abstracción, pareciera que no se hablan más que generalidades. Si, por el contrario, se va al detalle, los programas se ven pobres, como si fueran apenas un par de medidas. Por eso, lo normal es que las críticas a lo que la política comunica sean o bien por su vaguedad o bien por el “cosismo”.

En el caso del debate al interior del equipo programático de cultura de Evelyn Matthei, han salido a la luz pública un par de políticas un poco en el aire, que han generado un sano debate en los medios, pero que se enmarcan en líneas generales que no se han comunicado. Por esa razón es que hemos decidido contarle a los interesados cuáles son esos lineamientos generales y qué políticas se enmarcan en cada uno de ellos, aclarando, eso sí, que el programa, si bien avanzado, sigue en construcción, por lo que lo plasmado no es más que el estado del debate en el equipo programático.

Perspectiva general

No sólo de pan vive el hombre: somos cuerpo, pero también espíritu. El espíritu humano se cultiva a través del conocimiento, de la reflexión y del compartir ideas. El cultivo de este mundo interno es tan importante como el cultivo de un cuerpo sano, y ambas dimensiones están profundamente vinculadas. Necesitamos comer y hacer deporte, pero también necesitamos disfrutar de la belleza, hacer volar nuestra imaginación, sentir que pertenecemos a una comunidad y re encantarnos con el misterio de la vida. Y esto, este alimento para el espíritu, es lo que llamamos cultura.

El Estado sí puede, empero, estimular el disfrute de la cultura. Y es eso lo que este programa pretende hacer, partiendo de la base de que alimentar correctamente nuestro espíritu es tan importante como alimentar correctamente nuestro cuerpo, y que un país que divorcia ambas dimensiones y privilegia solamente lo material está condenado a la pobreza quizás más grande que puede experimentar el hombre: la falta de sentido.

La demanda ciudadana por mejor calidad de vida requiere de una mayor participación de todas las personas de la vida cultural. El acceso justo a bienes culturales, música, teatro, cine, creaciones y, sobre todo, a los nuevos espacios culturales (centros culturales, museos, bibliotecas, entre otros), permite a los estudiantes crecer de forma integral, a los ciudadanos alimentar el espíritu reflexivo, a las ciudades generar mejores entornos para sus habitantes y a los países crecer en su identidad y proyectarla con mayor fuerza al mundo.

La cultura, sin embargo, no puede ser planificada por el Estado. Cuando se ha intentado ello, se le ha destruido. Tampoco puede ser puesta al servicio de un partido político o de una ideología sin corromper en ella la búsqueda gratuita de la belleza y del saber que debe ser su motivo, convirtiéndola en mera propaganda y a los artistas en servidores de la corte del gobierno.

El Estado sí puede, empero, estimular el disfrute de la cultura. Y es eso lo que este programa pretende hacer, partiendo de la base de que alimentar correctamente nuestro espíritu es tan importante como alimentar correctamente nuestro cuerpo, y que un país que divorcia ambas dimensiones y privilegia solamente lo material está condenado a la pobreza quizás más grande que puede experimentar el hombre: la falta de sentido.

Una de las batallas más admirables de la historia de Chile es la que libró el equipo del Dr. Monckeberg contra la desnutrición infantil y sus males. En ella, logramos derrotar los males físicos y cognitivos que produce la ausencia de los nutrientes requeridos por el cuerpo durante su crecimiento. Pero cuando comparamos ese triunfo internacionalmente reconocido con lo que ha ocurrido en la dimensión no corporal del ser humano, nos damos cuenta de que la batalla por la adecuada nutrición cultural de nuestro país, aunque se ha avanzado, está todavía lejos de ser ganada y que las barreras cognitivas son el principal impedimento para ello.

Para remediar esta situación, hemos diseñado un ambicioso programa que tiene como horizonte asegurar que ningún niño en el país, haya nacido en la región que sea y en la condición social que sea, carezca de los estímulos necesarios para que, a corta edad, se le abra el mundo de la cultura y viva en él el resto de su vida, gozando de sus bienes infinitos y de la herencia creativa de la humanidad. Éste es el eje de nuestra política cultural. Esto no significa, por supuesto, que todas las políticas estén orientadas a los niños directamente, ya que para crear un ambiente culturalmente estimulante se requiere de una sociedad completa que lo impulse. Así, realizaremos también reformas a nivel de las políticas culturales que mejoren aquello que ya existe y faciliten el acceso a la cultura de quienes han tenido la suerte de entrar en contacto con ella, a través de las industrias creativas.

Lograr que los creadores chilenos cuenten con todas las herramientas para desarrollar su creatividad y que todos los chilenos puedan gozar del arte y el patrimonio, requiere de una serie de medidas que implican un fuerte compromiso de las autoridades nacionales, regionales y locales y también del mundo privado y la sociedad civil. El primer paso siempre es seguir mejorando la institucionalidad. En este último sentido, seguiremos construyendo a partir de lo logrado por el gobierno de Sebastián Piñera, su impulso al Ministerio de la Cultura y el enfoque al fomento a las industrias creativas y protección del patrimonio, que constituyen, en conjunto, una consolidación de la obra gruesa que requiere la difusión de la cultura en Chile, a partir de la cual podemos construir con confianza esta nueva etapa, orientada a crear un ambiente cultural estimulante y propicio entre y para todos los chilenos.

Diagnóstico

Los desafíos que el gobierno de Sebastián Piñera debió enfrentar fueron: el enorme daño al patrimonio cultural producido por el terremoto y maremoto que azotó Chile el año 2010, una institucionalidad cultural que había cumplido su ciclo y mostraba señales de desgaste, anquilosamiento, centralización y poca sinergia entre sus dos principales instituciones (CNCA y Dibam) y más dificultades que facilidades para que el mundo privado pudiera contribuir a la cultura.

Durante estos cuatro años de gobierno se generó el potente Programa de Apoyo a la Reconstrucción del Patrimonio Material, como parte del Nuevo Fondo de Patrimonio Cultural, se modernizaron los fondos de cultura, aumentando, además, en más de un 25 % su monto; se generó una nueva política cultural centrada en la promoción de las artes, la participación ciudadana y el patrimonio cultural; mejoró la ley de donaciones culturales, ampliando el rango de donantes y beneficiarios y facilitando sus procedimientos; se generaron políticas sólidas respecto al patrimonio inmaterial; se potenció la cultura en regiones, creándose el programa Red Cultura, el programa Acceso Regional y el Sello Regional. Además, en el plano de la infraestructura, el programa teatros regionales ya inauguró dos instalaciones (Rancagua y Punta Arenas) y hay tres más cuyo diseño ya está listo (Iquique, Bio Bio y Coquimbo), lo que se suma a los 32 centros culturales construidos, de los 51 proyectados en las comunas con más de 50 mil habitantes. En cuanto a los edificios patrimoniales, se ha apoyado la restauración de 92 de ellos.

En conjunto a lo anterior, se generaron una serie de leyes y proyectos de ley que optimizan la institucionalidad y facilitan las actividades culturales, siendo las más emblemáticas la nueva ley de premios nacionales, la propuesta de un ministerio de cultura y la TV digital.

En suma, el legado del gobierno de Sebastián Piñera es una institucionalidad y una infraestructura cultural moderna y más descentralizada. Es decir, una obra gruesa de primer nivel para poder comenzar en base a ella una nueva etapa.

Nueva etapa

La nueva etapa que enfrentamos supone pasar del énfasis dado a las instituciones culturales a concentrarnos, sin dejar de lado lo anterior, en el problema de la nutrición cultural de Chile. Es decir, en estudiar nuestros hábitos de consumo cultural y cómo poder mejorarlos.

Cuando abordamos este asunto, es imposible evadir el problema del enorme déficit de habilitación cognitiva que sufre nuestro país. El estudio de comportamiento lector realizado el año 2011 mostró que un 84 % de los chilenos no logra una comprensión adecuada de lo que lee, lo que se suma a cifras parecidas en el manejo de aritmética básica que ya eran conocidas y al último estudio del centro de microdatos de la Universidad de Chile, que evidenció que un 65 % de los profesionales del país tiene una deficiente comprensión lectora, siendo un 27 % simplemente analfabeto funcional.

Junto a lo mencionado, los resultados de la segunda Encuesta de Participación y Consumo Cultural nos informan que el acceso a la cultura en el país está fuertemente condicionado por el nivel socioeconómico y educacional de las personas. Sabemos, además, que la principal vía de acceso a la cultura de los chilenos es la televisión (casi cuatro horas al día) y que los canales nacionales, según CNTV, tienen hoy un 1,8 % de programación cultural y un porcentaje también bajo de programación infantil. Esto afecta especialmente a los niños con menores recursos.

Las fuertes barreras cognitivas registradas en Chile implican una menor capacidad para ejercer el pensamiento abstracto —vinculado especialmente con la capacidad de gozar la cultura— y una peor calidad de vida, estando incluso relacionadas con el desarrollo de enfermedades neurológicas.

De más está decir que, hasta que no solucionemos razonablemente este problema, que es el problema de fondo de la cultura en Chile, muchas de las medidas que se tomen no serán más que “parches”.

Este asunto muestra el daño que hizo la deficiencia de las políticas educacionales y culturales durante los gobiernos de la Concertación, dedicadas a parchar este asunto sin ir al fondo. Y también explica por qué ellos prefirieron entender la cultura como “aquello que hacen los artistas” o como un mero espectáculo, en el sentido en que lo denuncia Vargas Llosa en “La civilización del espectáculo”, en vez de como algo que todos necesitamos. Así, se generaron políticas elitistas, que clientelizaron a parte del llamado “mundo de la cultura y las artes” y asociaron el “entregar cultura” con shows masivos como el de “La pequeña gigante” y no con tomarse en serio la batalla por la nutrición cultural del país, que es tratar de convertir la belleza y el saber en algo cotidiano, no en hitos efímeros de entretención masiva.

El giro que proponemos es entender la cultura no como un mero nicho de especialistas o un mero espectáculo, sino como algo vivo y necesario para cualquier persona. Queremos generar políticas centradas en acercar a las personas al disfrute de la belleza, empezando por la lectura, pero también alcanzando al teatro, la música, la historia y, en general, todo nuestro patrimonio. Queremos seguir avanzando en la transparencia de la asignación de fondos. Queremos no “entregar cultura”, porque el estado no es capaz de eso, sino ayudar a que todos los chilenos puedan disfrutar de lo mejor de la herencia cultural de la humanidad.

Así, nuestra principal preocupación, el eje de nuestro programa, será, por un lado, mejorar la calidad de la cultura de acceso público y asegurarnos de que llegue a todos lados y se produzca desde todos lados en el territorio nacional, y, por otro, mejorar nuestra capacidad de relacionarnos con la cultura, estimulando desde el principio la lectura, el goce artístico y la abstracción. En este desafío sabemos que algo esencial es la educación de buenos mediadores culturales. Esto es: profesionales dedicados a facilitar el acceso a la cultura.

Finalmente, nuestro debate busca hacerse cargo de los desafíos, tensiones y paradojas que la modernidad nos hará enfrentar en el corto plazo, entrando, por tanto, en temas como derechos de propiedad, obras huérfanas, uso de software libre en el estado, libertad en internet, televisión digital y los múltiples desafíos de la proyección cultural internacional de nuestro país.

Índice del Programa

1. Política nacional del libro y la lectura: poner énfasis en la lucha contra las barreras cognitivas.
a. Campañas “Un cuento al día y Chile país lector”
b. Canasta de nutrición cultural
c. Dinamizar el mundo del libro
c.1 Prohibición de exigir libros de texto del año en los colegios: establecer rangos de 3-4 años.
c.2 Mejorar las bibliotecas públicas locales haciéndolas evolucionar hacia centros culturales complejos.
c.3 Bibliometros en regiones
c.4 Eliminar los costos de envío de libros dentro de cada región.
c.5 Actualizar ley de fomento al libro y la lectura y establecer beneficios de la depreciación acelerada para la industria del libro. Incorporar políticas respecto a nuevas tecnologías.
d. Desarrollar y potenciar bibliotecas infantiles a lo largo del país.
e. Bibliotecas en cárceles: reforzar y extender la lectura en los recintos penales.
f. Beca vocación de bibliotecario: potenciar la bibliotecología en su orientación a la mediación cultural de excelencia.

2. Televisión de calidad: principal instrumento de difusión cultural.
a. Estudiar si calificación de la programación actual cumple correctamente su función original. Investigar los efectos de la televisión actual en los menores.
b. Fondos concursables para programas educacionales y culturales.
c. Los desafíos de la TV digital.

3. Propiedad intelectual y políticas de la información: libertad y responsabilidad.
a. Revisar nuestro derecho de propiedad intelectual para seguir modernizándolo en el sentido de asegurar y reforzar la retribución y reconocimiento adecuada para los creadores y, al mismo tiempo, explorar el ámbito de los ''usos justos''. Abrir el debate sobre la libertad en internet.
b. Interconectividad: redes de cooperación informativa entre empresas, universidades y otras instituciones.
c. Impulsar el uso de software libre a nivel del Estado.
d. Nueva política sobre obras huérfanas: hacer disponibles nuestros bienes públicos.

4. Fomento a las industrias creativas: consolidarlas y proyectarlas internacionalmente.
a. Potenciar las industrias creativas
b. Estímulo para el desarrollo y consolidación de la oferta académica del sector
c. Chile como potencia cinematográfica internacional
d. Promover medidas para el desarrollo de sectores artísticos (diseño, arquitectura, artes visuales, fotografía, nuevos medios, comics, artesanía, danza, teatro, artes circenses, folclore y artistas urbanos)

5. Énfasis en el desarrollo de audiencias: cultura para y por todos.
a. Desarrollo a través de instituciones: énfasis en las regiones.
b. Desarrollo de capital humano creativo

6. Protección del patrimonio cultural de Chile.
a. Desarrollo sostenible del patrimonio
b. Reconocimiento de la multiculturalidad del país
c. Rescate de emergencia del patrimonio
d. Patrimonio y financiamiento
e. Tecnología, cultura y patrimonio

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