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Políticas públicas para cultivar la espiritualidad y alcanzar la felicidad

por 21 septiembre, 2013

Restaurar un Plano de Conciencia en el colectivo que nos permita recrear el principio, debería dar paso a una transformación esencial y evolutiva del proyecto de cada uno y de todos. Estas Políticas Públicas esenciales deberían trasformar todo orden de intención de servicio colectivo, pues como no, si se actualizaría una comprensión de la condición humana, que es el objeto final de interés del Estado: el ciudadano, uno espiritual, integrado, jurídico.
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En Bután la Felicidad es un anhelo explicito para el Estado, su presencia es un indicador del grado de madurez y de evolución de la Sociedad.

En Bután se cultiva la Percepción, se procura la Expansión de Conciencia a través de la Meditación, de modo concertado, colectivo y sistemático. Bután es un país Budista.

En Chile la Constitución explicita la presencia de la Dimensión Espiritual de la Vida Humana y tanto como la Dimensión Material, son espacios que el Estado se obliga a atender para construir el Estado de Derecho Ético.

Si un Estado no atiende la Dimensión Espiritual de la Vida Humana, viola la ley y no podrá ser considerado Estado de Derecho.

En Chile no existen intenciones ni disposición para reconocer ese ámbito como espacio de atención, para ningún poder colectivo en la actualidad, ni siquiera se distingue este plano más esencial en la instrucción para atender la vida humana. El Ejecutivo a lo mas garantiza la Ley de Culto, el Judicial llega hasta los Derechos Fundamentales vinculados a la sobre vivencia, y recién está incorporando a su ejercicio la aplicación de los compromisos internacionales referidos a las sutilezas del Espíritu, en el Poder Legislativo no se detecta... incluso un funcionario del ex-Congreso llego a proscribir el empleo de la palabra Espiritualidad al interior de los espacios del Senado.

Restaurar un Plano de Conciencia en el colectivo que nos permita recrear el principio, debería dar paso a una transformación esencial y evolutiva del proyecto de cada uno y de todos. Estas Políticas Públicas esenciales deberían trasformar todo orden de intención de servicio colectivo, pues como no, si se actualizaría una comprensión de la condición humana, que es el objeto final de interés del Estado: el ciudadano, uno espiritual, integrado, jurídico.

En verdad se aprecia que estos Poderes en general, salvo excepciones, son ejercidos por personas que no manifiestan atributos propios de un cultivador del Espíritu. La verdad es que ni los responsables de las organizaciones religiosas, “encargadas” de la Vida Espiritual en general, irradian la consecuencia de un observador espiritualizado, o son muy discretos y pasan desapercibidos.

Lo relevante es que, en definitiva, la consecuencia para Todos de esta falencia es que nuestra convivencia se realiza en medio de la oscuridad, de la falta de inclusión de dimensiones esenciales y trascendentes de la vida humana y la existencia toda. De ahí la miseria, la injusticia, la enfermedad, la discriminación y el abuso que inevitablemente surge cuando la ignorancia impera. Todo esto en presencia de un desarrollo económico que a las Autoridades especialmente, tiene muy orgullosos, y hasta donde se alcanza a percibir, con la intención de perseverar en su modelo, que se disfraza de transformaciones profundas.

La Buena Noticia es que están apareciendo, intenciones y condiciones para que Políticas Públicas impulsadas desde el poder colectivo organizado, promuevan el cultivo de lo Espiritual, ecléctica, científica, jurídica y complementariamente a los esfuerzos en desarrollo ya existentes, sin embargo por de pronto, insuficientes.

Sin duda que la Felicidad surge como posibilidad, en presencia de Seres Humanos Despiertos, Consientes de su condición Material y especialmente de la Espiritual, en tanto esencias habitando en materia.

Restaurar un Plano de Conciencia en el colectivo que nos permita recrear el principio, debería dar paso a una transformación esencial y evolutiva del proyecto de cada uno y de todos. Estas Políticas Públicas esenciales deberían trasformar todo orden de intención de servicio colectivo, pues como no, si se actualizaría una comprensión de la condición humana, que es el objeto final de interés del Estado: el ciudadano, uno espiritual, integrado, jurídico.

Imposible levantar prosperidad en la Educación cuando el Espíritu, parte de la Fisiología del Ser Humano que debe atenderse, permanece excluido, o abordado de modo aparente, sin tocar los aspectos vinculados con la re-ligazón funcional, que subyace a todo Trabajo sobre la Espiritualidad, que incluso podría hasta evaluarse como atributo (hasta en el mismo SIMCE).

Imposible alcanzar la Salud del desarrollo, si el Espíritu como parte de la vida a cuidar se soslaya. Seguiremos avanzado solo en la Salud de la enfermedad, por trabajar desde la ignorancia. La cura es cuando el Ser Humano toma conciencia de sí esencialmente, y se liga a la existencia unificada, a Dios, al Todo, a la realidad integrada a través del mundo espiritual, a la realidad científicamente demostrada y jurídicamente establecida.

Políticas Públicas para alcanzar la Felicidad, como Bután y las Naciones Unidas promueven, trabajando para expandir la conciencia de los más y así alcanzar momentos donde disfrutar de la paz y la armonía sea lo natural y lo normal.

El contacto maduro con la Espiritualidad nos ofrece el retorno a un plano esencial, volvemos donde siempre hemos sido y estado, algo así se tranquiliza, se sacia fundamentalmente, somos y formamos parte.

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