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A 40 años del golpe y 39 del asesinato de Prats

por 5 octubre, 2013

¿Qué piensan hoy los estudiantes de las escuelas matrices y los jóvenes oficiales? La autoridad civil debe atender con atención la formación de los militares, supervisar quienes ingresan a sus filas y como se seleccionan. Cuando la sociedad, en un acto de confianza máximo, confiere a los militares el monopolio de las armas, ese acto comporta la obligación de militares de respetar la voluntad popular y las leyes, y exige a los civiles controlar que se asiente una doctrina sustentada en valores democráticos, de respeto a los derechos humanos, profesionales, obedientes y no deliberantes.
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El legado de un gran hombre se mide por su proyección en el tiempo. Permítanme hoy reflexionar sobre las enseñanzas para el futuro del pensamiento y acción del general Prats como exponente de la posición constitucionalista en las FFAA.

La figura del Gral. Prats

Es ejemplo de una trayectoria militar que fortaleció a la República. Su posición constitucionalista en un momento crucial de la historia de Chile es un importante legado para hoy y el futuro del Ejército y de las FF.AA.

Fue un oficial de inteligencia superior, primero de su promoción en la Escuela Militar, destacado profesor, riguroso profesional y fino intelectual, escribía con brillo y allí están sus memorias para atestiguarlo, no sólo en su contenido, también por su pluma. Por esto, dio prestigio a su institución y al país.

Sus convicciones, firmeza de carácter y amor por Chile le costaron la vida a él y a su esposa Sofía. En territorio argentino, el crimen fue ordenado por quien fue su amigo, y sucesor, A Pinochet, a quien el mismo Prats propuso al presidente Allende para designarlo al mando del Ejército.

El Gral. Prats fue un gran ser humano. Qué mejor demostración de ello que el ejemplo de sus propias hijas. Ellas han mostrado amor a sus padres, integridad moral, convicción democrática, dignidad, y una actitud inclaudicable para lograr justicia y restaurar su posición en la institución que tanto amó.

¿Qué piensan hoy los estudiantes de las escuelas matrices y los jóvenes oficiales? La autoridad civil debe atender con atención la formación de los militares, supervisar quiénes ingresan a sus filas y cómo se seleccionan. Cuando la sociedad, en un acto de confianza máximo, confiere a los militares el monopolio de las armas, ese acto comporta la obligación de militares de respetar la voluntad popular y las leyes, y exige a los civiles controlar que se asiente una doctrina sustentada en valores democráticos, de respeto a los derechos humanos, profesionales, obedientes y no deliberantes.

¿Qué enseñanzas podemos extraer de ese pasado?

La magnitud de los eventos acaecidos hace 40 años en los que debió desenvolverse el General Prats nos obliga a preguntarnos hoy ¿cuán firme era entonces esa tradición militar constitucionalista, profesional, no deliberante, respetuosa de la institucionalidad?

El asesinato de 1974 dejó en evidencia dos caras del Ejército y de las FF.AA. de entonces: la degradación de la ética militar de quienes asestaron el Golpe y ampararon el crimen, y la rectitud de oficiales y suboficiales que respetaron esa doctrina y sufrieron las consecuencias. Entre estos últimos, cabe mencionar a los generales Pickering y Sepúlveda que abandonaron las filas junto a Prats, al coronel Jaña a cargo del regimiento Talca, arrestado y expulsado por no cumplir instrucciones de matar a detenidos políticos, a oficiales de la Armada, como el Almirante Montero, y de la FACh como el general Bachelet, el Capitán Vergara, por mencionar algunos ejemplos. Militares, de todo rango fueron marginados de las filas, apresados, exiliados e incluso asesinados. Había oficiales rectos.

En realidad, se venía consolidando una postura constitucionalista, desde antes. Esa línea se sacudió con el levantamiento del general Viaux en el regimiento Tacna, a fines del gobierno de Frei Montalva, en 1969. Algunas interpretaciones atribuyen esos hechos a la errada política de los civiles de marginar a los militares de las actividades de desarrollo nacional. Es un episodio que debemos tener presente para sacar lecciones.

El Presidente Frei M. removió al anterior y designó al general Schneider Comandante en Jefe del Ejército. Con él se fue consolidando una posición constitucionalista, denominada después doctrina Schneider. La expuso él mismo en distintas ocasiones, el 23 de julio 1970 dijo: “Las Fuerzas Armadas no son un camino para alcanzar el poder político ni una alternativa a ese poder. Existen para garantizar el funcionamiento del sistema político y el uso de la fuerza para cualquier propósito que no sea la defensa constituye alta traición”. Luego reafirmó esa posición en un mensaje público a los militares en 19 de septiembre de 1970, durante las celebraciones del día del ejército “no existen opciones que permitan invitar a los militares a deshacer lo que los políticos han hecho en Chile”. No obstante, añadió un colofón: “La única limitante es en el caso que el Estado deje de actuar dentro de su propia legalidad. En ese caso las Fuerzas Armadas tienen una lealtad mayor para con el pueblo y son libres de decidir una situación anormal más allá del marco de la ley”. También señaló en Septiembre “las FF.AA van a llegar a la  elección manteniendo el tradicional respeto a las decisiones del gobierno constitucional de la República, que va a garantizar el proceso eleccionario y a dar seguridad que asuma el poder ejecutivo quien resulta electo... que en caso de no haber mayoría absoluta… el Congreso Pleno es dueño y soberano de elegir... y es misión nuestra que sea respetado en su decisión”.

El general Schneider fue asesinado el 20 de agosto de 1970, 2 días antes de la sesión del Congreso Pleno convocada para pronunciarse por la elección del Presidente Allende. Y en esas circunstancias debió sucederlo el general Prats. Sin duda, ello templó su espíritu y consolidó sus convicciones.

Paradójicamente, era normal entre los políticos de entonces confiar en la actitud constitucionalista de las FF.AA. La mejor demostración es que, enfrentado al alto riesgo de una crisis político-institucional Allende confió en ellos llamándolos al gobierno. Él mismo nombró a Pinochet. Y después del Golpe el propio Frei Montalva pensó que se retirarían de inmediato y llamarían a elecciones. Nos equivocamos todos.

Prats intuyó bien lo que podría ocurrir antes del Golpe. Y después de ocurrido dejó planteado el dilema, en una breve carta a Pinochet del 15 de septiembre de 1973, le dice:

Augusto: el futuro dirá quién estuvo equivocado. Si lo que Uds. hicieron trae el bienestar general del país y el pueblo siente que se impone una verdadera justicia social, me alegraré de haberme equivocado yo, al buscar con tanto afán una salida política que evitara el Golpe”.

La historia le dio la razón en plenitud. No estaba equivocado.

Preguntas del presente

¿Qué queda de esta doctrina?

¿Está hoy plenamente reconocida en su institución la correcta posición del general Prats?

No parece estarlo.

24 años después de la instauración de la democracia se dice que la foto de Pinochet luce en algunas oficinas del Ejército. Al mismo tiempo me consta que hay oficiales que aun sostienen la tesis de que Prats se había adscrito a la UP. Esa interpretación resulta cómoda para descalificar su postura y pensamiento, y justificar lo hecho bajo la conducción de Pinochet.

Por cierto, se creó una relación de afecto y respeto entre Allende y Prats. Sin embargo esa relación no implicó una coincidencia ideológica. Prats nunca tomó una opción política pro UP. Lo que hizo fue tratar de prevenir un quiebre gigantesco entre los chilenos, y la historia le dio la razón. Su gesto fue de patriotismo y lealtad con las instituciones. Actuó al final para evitar un derramamiento de sangre entre hermanos y el desprestigio y separación de su pueblo que se derramaría sobre el Ejército y las FF.AA.

Fueron los golpistas, en cambio, los que adhirieron a una lógica violenta de derecha, conservadora en lo valórico y neoliberal en lo económico-social, haciendo añicos lo que aún perduraba de la postura profesional constitucionalista.

Después de la dictadura, los gobiernos democráticos impulsaron una política nueva que contuvo los siguientes elementos:

  • afianzar la autoridad civil sobre los militares terminando con la llamada “democracia protegida” (fin inamovilidad Cmte. en jefe y cambio de composición y atribuciones al Consejo de Seguridad Nacional, luego de 15 años, en 2005, porque la derecha se opuso);
  • sanción a los responsables de violaciones a los derechos humanos;
  • reformas a la justicia militar;
  • inclusión de temas vinculados a los derechos humanos y la democracia en las mallas curriculares;
  • profesionalización y desarrollo técnico, asignando recursos como nunca antes para modernizar a las tres ramas;
  • definición de las estrategias de seguridad libros blancos de la defensa, y se promovió el término de la ley reservada del cobre.

Y en esos años hubo hombres como el general Cheyre que marcó un nuevo rumbo en el Ejército, declarando el 'Nunca más', reconociendo la responsabilidad institucional e introduciendo modificaciones orgánicas para afianzar la profesionalización y respeto a la institucionalidad democrática. Hecho que todo demócrata debiera reconocer.

A pesar de estos importantes avances, creo que una doctrina constitucionalista moderna está en debate y pendiente. Aún algunos justifican el Golpe y la tesis del empate moral.

Debemos reflexionar y saber interpretar las palabras pronunciadas por el ex Cmte. en Jefe Ricardo Izurieta en el entierro del general Mena: “Los gobiernos de la Concertación y la Alianza no han sabido comprender el sentimiento de las FF.AA y Carabineros”.

Es hora de revisar la evolución del pensamiento militar y contrastar con la doctrina constitucionalista que representó Prats.

A Futuro ¿qué?

Al rememorar al general Prats debemos preguntarnos ¿Estamos conformes con el ordenamiento institucional actual? ¿Cómo garantizar una línea constitucionalista, renovada a los tiempos de hoy y preparada para el mundo que viene?

La institucionalidad todavía mantiene modalidades no democráticas: la composición del Consejo de Seguridad Nacional, que debe ser modificada.

¿Qué piensan hoy los estudiantes de las escuelas matrices y los jóvenes oficiales? La autoridad civil debe atender con atención la formación de los militares, supervisar quiénes ingresan a sus filas y cómo se seleccionan.

Cuando la sociedad, en un acto de confianza máximo, confiere  a los militares el monopolio de las armas, ese acto comporta la obligación de militares de respetar la voluntad popular y las leyes, y exige a los civiles controlar que se asiente una doctrina sustentada en valores democráticos, de respeto a los derechos humanos, profesionales, obedientes y no deliberantes.

El futuro de la democracia y del desarrollo de Chile no puede dejar de lado este tipo de materias. Y es preocupante que no haya más estudio sobre la realidad cívico-militar.

Por último, el mundo que viene presentará amenazas de nuevo tipo, que requerirán de fuerzas armadas con nuevas habilidades. ¿Cómo combinar una formación sólida en valores constitucionales con la alta capacitación para encarar la complejidad tecnológica de las acciones militares futuras?

La preparación profesional deberá ligarse estrechamente al desarrollo productivo y tecnológico del país. Y también se deberá incrementar la participación en operaciones multinacionales, para garantizar la paz en países con graves conflictos internos, entendiendo que la seguridad depende mucho de un desarrollo institucional que resguarde los derechos de las personas y de un desarrollo social que promueva la igualdad.   Deberá encarar asimismo el terrorismo, asegurar las vías de transporte en el Pacifico, garantizar la autonomía de América Latina, proteger los sistemas cibernéticos.

A partir de una acción nacional para abordar estos desafíos nacen nuevos espacios para una buena interacción cívico-militar.

Esta es la tarea de hoy que deben asumir también las nuevas generaciones: fortalecer los principios de constitucionalismo y profesionalismo, en un nuevo contexto global.

Cumplir bien esta tarea es la mejor manera de rendir un homenaje y ser consecuentes con el legado que nos dejó el general Prats.

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