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Argentina: fin de ciclo y fin de época

por 22 octubre, 2013

Cristina ya ha dicho en varias oportunidades que no es eterna y que no intentará perdurar en el cargo vía reforma de la Carta Magna. Pero los partidarios del viejo régimen no deberían entusiasmarse con eso. Por más que se admita el desgaste que conlleva el ejercicio del poder por un lapso tan prolongado (Kirchner asumió en 2003 y Cristina lo sucedió en 2007 y 2011), a nadie escapa que el oficialismo es la más consistente opción electoral con vistas a 2015.
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La oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner insiste en proclamar que la Argentina vive un “fin de ciclo”, que imaginan como la conclusión de la etapa de reformas progresistas iniciada hace ya una década por el entonces presidente Néstor Kirchner. Esa confianza en la posibilidad de revertir el proceso de transformaciones que vive este país desde 2003 no hace sino revelar su verdadera intención, la de retrotraerlo al momento en que imperaba el paradigma neoliberal.

El establishment corporativo identifica de manera voluntarista el impedimento constitucional para una nueva reelección de la Presidenta con una suerte de abismo político que no es tal. Y así, se anima a asomar a la luz pública para avisar que dará batalla contra los cambios logrados durante la reciente “década ganada”.

Cristina ya ha dicho en varias oportunidades que no es eterna y que no intentará perdurar en el cargo vía reforma de la Carta Magna. Pero los partidarios del viejo régimen no deberían entusiasmarse con eso. Por más que se admita el desgaste que conlleva el ejercicio del poder por un lapso tan prolongado (Kirchner asumió en 2003 y Cristina lo sucedió en 2007 y 2011), a nadie escapa que el oficialismo es la más consistente opción electoral con vistas a 2015.

Pasadas las siempre conflictivas elecciones parlamentarias de medio tiempo, este 27 de octubre, oportunidad que la ciudadanía suele utilizar críticamente frente a todo oficialismo, cualquiera que éste sea, la Argentina caminará los dos últimos años de gestión de la Presidenta.

Durante ese plazo, los pregoneros del viejo régimen de acumulación basado en la especulación financiera, el endeudamiento externo y las políticas de ajuste, procurarán desgastar como sea al proyecto popular y de inclusión social. Para ello, no escatimarán operativos desestabilizadores, zancadillas y descalificaciones, con tal de evitar que se profundicen las medidas de redistribución y, de ser posible, congelar el proceso de ampliación de derechos vigente.

Por sus antecedentes y por su demostrada vocación, el Gobierno no se apartará de su programa de transformaciones, un proyecto de vasto alcance que permitió a la Argentina dejar atrás una etapa lamentable de su historia, recuperar la política como herramienta de cambio y asegurar para el Estado un rol dinamizador y un espacio de autonomía frente al poder económico.

Se enfrentan así, claramente, dos proyectos: el de aquellos que se ilusionan con un “fin de ciclo” del progresismo kirchnerista y el de quienes siguen trabajando para reafirmar el “fin de época” del neoliberalismo.

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