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¡Luz, cámara, acción…! Nace un nuevo movimiento: Fuerza Pública

por 1 noviembre, 2013

Ese 13% lo convirtió en líder de una elite disconforme con la política, pero no pasa de ser más que eso en la actualidad, un movimiento de una elite santiaguina, que nace desde una agencia de publicidad, sin un trasfondo ideológico y menos doctrinario. La agencia no le dijo que antes de nacer podrían haber tenido un proceso de discusión masiva en las regiones y en Santiago, con seminarios, congresos, talleres de escucha, etc. Que era recomendable recorrer el país, para entender que Chile no se hace sólo desde la elite y que los movimientos y partidos que han tenido éxito en la historia de Chile se han construido desde el surgimiento de los movimientos sociales.
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Hace un tiempo el ex ministro de Hacienda de Michelle Bachelet, Andrés Velasco, lanzó con bombos y platillos en el Palacio Concha y Toro su nuevo “movimiento”, denominado Fuerza Pública. Señaló que quería “…Transformar la política, acabar con las malas prácticas y promover las buenas. También tiene que ver con defender las libertades de las personas, que tengamos un país con menos tabúes, con menos miedos, con menos obstáculos a la libertad", añadiendo además que su nuevo movimiento pretende “mejorar la política en Chile… un país con menos miedos y menos obstáculos a la libertad”.

Una primera reacción siempre es positiva en todo lo que signifique un aporte a nuestro sistema político, como profusamente han señalado varios contertulios de la elite política criolla. Lo que ha hecho Velasco es sin duda una expresión que aportará al debate en la contingencia política, seguramente a partir del próximo año.

Dicho lo anterior, hay algunos elementos muy llamativos de este nuevo “movimiento” y que se desprenden tanto de lo señalado por Velasco en su lanzamiento, como del discurso empleado por él y los comentarios de alguno de sus impulsores.

En el sentido anterior, cabe señalar que llama la atención la utilización del concepto de “movimiento”, en este caso respecto de la acepción del término, dado que lo ocurrido el 8 de octubre en el Palacio Concha y Toro no fue el lanzamiento de un movimiento, porque los movimientos, cualesquiera que estos sean, que se mueven dentro de la esfera de la política y desde lo político, no se anuncian ni se crean, ellos surgen.

El movimiento antiglobalización de fines del siglo pasado y principios de los 2000 –del que ya muy poco se sabe– no tuvo un estreno oficial en sociedad, ni menos en un “palacio”. Muy contrariamente a ello, su surgimiento se debió a un sentimiento de incomodidad frente al capitalismo, una vez que los socialismos reales habían fenecido y el discurso único liberal se imponía con sus políticas neoliberales en casi todo el orbe occidental. Si hacemos memoria, un año antes de Mayo del 68, el movimiento de los estudiantes en Chile adelantaba una disconformidad con el sistema económico y político de occidente, que en otras democracias fue la revolución de las flores, pero que se enmarcaban en un contexto de polarización ideológica entre el marxismo y el liberalismo. Por su parte, los indignados en España –de alguna forma herederos de los grupos antiglobalización– van surgiendo, fundamentalmente, por la crisis económica que se ha instalado en la Península Ibérica; el Movimiento 15M se consagró en la Puerta del Sol y es un hito para el movimiento de los indignados del mundo, que se arropaban con la lectura de Stéphane Hessel y José Luis Sampedro. Su nacimiento es fruto de un proceso sociopolítico producido fundamentalmente en España y también tiene algunas expresiones interesantes en otros países europeos, surgiendo espontáneamente como una reacción a la realidad política y económica; y jamás se anunciaron.

Ese 13% lo convirtió en líder de una elite disconforme con la política, pero no pasa de ser más que eso en la actualidad, un movimiento de una elite santiaguina, que nace desde una agencia de publicidad, sin un trasfondo ideológico y menos doctrinario. La agencia no le dijo que antes de nacer podrían haber tenido un proceso de discusión masiva en las regiones y en Santiago, con seminarios, congresos, talleres de escucha, etc. Que era recomendable recorrer el país, para entender que Chile no se hace sólo desde la elite y que los movimientos y partidos que han tenido éxito en la historia de Chile se han construido desde el surgimiento de los movimientos sociales.

Por último, tanto el movimiento de la primavera árabe, de los estudiantes en Chile y de los indignados brasileños, responden a variables locales, pero que trasuntan problemas estructurales que atraviesan estas sociedades. En el caso árabe es fundamentalmente la falta de libertades públicas y derechos civiles, movimiento aún vigente en lo que son los países islámicos y que se sigue expresando con menor o mayor fuerza según las circunstancias sociopolíticas locales. Los estudiantes en Chile, por medio de demandas de igualdad y calidad en la educación, apuntaron a los problemas socioeconómicos de carácter estructural que cruzan a nuestro país, que hasta ese momento era considerado un “ejemplo” a seguir por el resto de América Latina. Sin embargo, los estudiantes expresaron en la calle y en distintos foros la manifiesta desigualdad que cruza a este país, tanto de oportunidades como en la distribución de los recursos, y no sólo en materia educación. Por su parte, en los manifestantes brasileños, si bien su movimiento fue detonado por el alza del pasaje del transporte público, lo que fue surgiendo y desarrollándose en las calles de Sao Paulo, Río de Janeiro y otras importantes ciudades de Brasil, constituyó una indignación con la clase/elite política y la corrupción que cruza al Estado brasileño, y ha sido la clase media la que ha levantado y ha sostenido este movimiento aún muy vigente en Brasil.

La lista de ejemplos de cómo surgen los movimientos sociales y políticos, de cuáles son sus alcances y dimensiones, es interminable. Incluso, si lo llevamos a la esfera de la politología, su expresión en una definición mínima de Klaus von Beyme, es que, por una parte los movimientos son representantes de las demandas sociales y, por la otra, los partidos políticos tienen como función principal la agregación de estas demandas. Vale decir, aquello que es demandado por los movimientos sociales, debe ser canalizado a la esfera de lo político por los partidos.

Pero si hay algo que no caracteriza a estos movimientos políticos y sociales, es que nazcan y se inauguren de manera oficial, fundamentalmente basados en una estrategia de marketing, siendo a lo menos esa la sensación que deja “Fuerza Pública”, sobre todo cuando su “ideólogo”, Ángel Carcavilla, expresa: “No queríamos algo tibio. Personalmente no me gusta el nombre Evópoli, porque no tiene carácter”, y luego agrega: “El concepto de fuerza pública es ultraciudadano. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a relacionarlo con lo policial. Pero se trata de entregar el espíritu del movimiento de Andrés: empoderamiento de la ciudadanía, supervisión de lo que pasa públicamente, renovación de partidos políticos, participación. Estaba calculado qué podía pasar".

Lo que se ha visto una vez nacido este “movimiento”, ha sido una polémica por el nombre de “Fuerza Pública”, y ha sido el propio creador del concepto, Carcavilla (director de la agencia boutique), quien ha salido a defender el nombre, lo cual desde el punto de vista del marketing no está mal, porque la discusión y polémica centra la atención en el nuevo “movimiento”. Lo extraño es que los movimientos de verdad no tienen problemas con sus nombres, dado que estos han surgido de forma espontanea y ninguno de ellos ha debido recurrir a una agencia de publicidad para determinar un nombre, razón social o eslogan. Ese es el problema de fondo. No me imagino al Movimiento Democrático de China, que nace en la primavera de Pekín en 1978 y que se expresa en Revuelta de la Plaza de Tian'anmen de 1989, buscando en una agencia de publicidad un nombre atractivo para derrotar a la dictadura de Deng Xiaoping, o nominando al jefe de la misma agencia como su ideólogo. O en una de esas, por qué no, tal vez los chinos se equivocaron y tenían que haber buscado a un clever director de agencia de publicidad y no confiar en Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz en 2010, para la resistencia en China.

Mi impresión es que el “movimiento” Fuerza Pública es más una expresión de inconformidad y desprecio a la política en general en Chile y sobre todo hacia los partidos, representando una visión un tanto mesiánica desde la perspectiva de aquellos que no están contaminados con las “malas prácticas”, siendo que muchos de ellos han convivido y usufructuado desde posiciones de poder de manera permanente, fundamentalmente en los gobiernos de la Concertación. Esto no es original de la fronda chilena, también en cierto sentido los piratas en Berlín han pretendido algo similar, pero desde un contexto y perspectiva distintos. También, creo que hay elementos del “movimiento” de Velasco que podrían asemejarlo más bien al Movimiento Cinco Estrellas liderado por el cómico y actor Beppe Grillo en Italia, quienes en tres elecciones hasta el momento han conseguido un interesante resultado electoral, pero su futuro es aún incierto y dudoso. Pero lo común en estos movimientos es el desprecio hacia la política actual en sus países y el mesianismo de sus líderes.

Por otra parte, queda la sensación de que el surgimiento de este nuevo “movimiento” es un tanto ampuloso y arrogante, donde parece que importan más las caras, la marca, que las ideas, debido a que aún no conocemos el “manifiesto” de Fuerza Pública, sólo la defensa del nombre que ha hecho su ideólogo Angel Carcavilla, alguna entrevista hecha a algunos de sus prominentes miembros y que, por lo que se le ha escuchado al ex jefe de gabinete de Alejandro Foxley, estará circunscrito más a la derecha que a la izquierda, debido a las reiteradas menciones que ha hecho respecto de la defensa de la libertad por sobre otros valores doctrinario basales.

Otra cuestión que está clara, es que este “movimiento”, tiene amo y señor: Andrés Velasco, y en eso se asemeja al PRO de propiedad de Marco Enríquez-Ominami, y en estos casos la posibilidad de eclipsar al líder, a diferencia de los partidos de tipo popular o profesional electoral, es casi nula. El “movimiento” es Velasco y el objetivo es llevarlo como candidato a la Presidencia de la República en 2017.

El “movimiento” Fuerza Pública es lisa y llanamente fruto de que Velasco le ganara a Orrego en la primaria de la Concertación. Pero no se debe olvidar que el 13% del ex ministro está muy por debajo del 73% que obtuvo Bachelet. Ese 13% lo convirtió en líder de una elite disconforme con la política, pero no pasa de ser más que eso en la actualidad, un movimiento de una elite santiaguina, que nace desde una agencia de publicidad, sin un trasfondo ideológico y menos doctrinario. La agencia no le dijo que antes de nacer podrían haber tenido un proceso de discusión masiva en las regiones y en Santiago, con seminarios, congresos, talleres de escucha, etc. Que era recomendable recorrer el país, para entender que Chile no se hace sólo desde la elite y que los movimientos y partidos que han tenido éxito en la historia de Chile se han construido desde el surgimiento de los movimientos sociales.

Su partida en falso quedó de manifiesto una vez que, en el centro del debate, se comienza a discutir el nombre y no las ideas del supuesto movimiento, lo cual es muy poco para mantener cohesión y coherencia en este tipo de agrupaciones, donde –por lo que se ve– convergen personas de familias ideológicas diversas.

Fuerza Pública pretende ser algo así como un movimiento salvador de la honestidad, que busca apropiarse del nombre de la ética en política, como que todo lo que huele a partido es malo de por sí. Pero se olvida de que quienes en democracia se expresan políticamente en los gobiernos son los partidos políticos y que son estos los llamados a detentar y distribuir el poder. De lo contrario, quienes pretendan que los que gobiernen sean los movimientos o los productos de marketing político diseñados desde agencias publicitarias, estarán entonces pensando en otro régimen, que claramente no es la democracia.

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