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Por un Manejo Forestal Responsable

por 12 noviembre, 2013

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En esta comunicación el significado de paradigma corresponde a la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento, en este caso las nuevas fuerzas que gobiernan el sector forestal chileno y, por qué no decirlo el de los países que basan su economía forestal en las plantaciones. A continuación pasaremos a revisar a lo menos 5 aspectos fundamentales que ayudan a describir y a construir el neo-paradigma del Manejo Forestal Responsable (MFR).

1.    MERCADOS, CERTIFICACIÓN Y MANEJO FORESTAL RESPONSABLE. LA DIVERSIDAD COMO ATRIBUTO.

El marco teórico dentro del cual se desenvuelve el nuevo paradigma es sin lugar a dudas los procesos de certificación forestal a los cuales las empresas se someten supuestamente de manera voluntaria. Es de recalcar que esto es sólo supuesto ya que si no lo hicieran difícilmente podrían seguir vendiendo sus productos en el mercado internacional. En realidad se trata esta de una voluntariedad  cuestionable como tal, ya que no hacerlo significaría que las compañías comenzarían a perder mercados de alta propensión de consumo. Por ello, es mejor comenzar a suponer que la certificación es un proceso necesario, ya no voluntario, al cual deben someterse las compañías que pretenden perdurar en el tiempo. Por ello, es dable considerar esta variable como un dato para las empresas.

Esta obligatoriedad relativa es producto de transformaciones fundamentales de la demanda de productos de madera. En efecto, ya no bastó que los productos forestales provinieran masivamente de plantaciones industriales, cuya cosecha no alteraba los bosques naturales sino que se  instaló en los consumidores  la idea que si esta no era cuidadosa con el llamado Manejo Forestal Responsable (MFR), poco o nada podría lograr de beneficio justo en los lugares de donde la proviene materia prima. Los sellos de certificación internacionales como el FSC o el PEFC, se han transformado en sinónimo de consumo responsable porque implican MFR.

En virtud de lo antes expuesto, las compañías forestales se han propuesto enfrentar seriamente el desafío del MFR. Para ello, cual más cual menos, han desplegado su imaginación para cumplir con los Principios y Criterios (P&C) de los sellos de certificación. En virtud de este esfuerzo es que cada vez  más explícito el hecho que las compañías reconocen en los actores rurales distintos a ellos  que ocupan el mismo territorio un atributo que les confiere toda su diversidad. Los campesinos e indígenas que poseen pequeñas extensiones de terrenos, que viven cerca de las plantaciones, los pobladores rurales que venden parte importante de su fuerza de trabajo a actividades forestales y de recolección, las Juntas de Vecinos rurales que subsisten pese al enorme atractivo que ejercen los centros poblados que posibilitan  vaciar la ruralidad, en fin, todos los miembros de la sociedad rural que eran vistos anteriormente como antagónicos a los interese de las empresas forestales,    son ahora valorados en una dimensión más equilibrada, que reconoce el valor de la diversidad, , más consiente que el ideal de la ruralidad vacía, sin problemas para desarrollar los negocios en ausencia de personas, es una quimera irreal, es un escenario imposible es, en fin de cuentas, negativo  para los negocios y enemigo del MFR.

El MFR  tiene en cuenta que se  trabaja con todos, con los que son profundamente distintos, con aquellos que desde la precariedad de su inserción económica son los que entregan la diversidad al tejido social. La diversidad es un valor en sí mismo, un aspecto poco valorado en el pasado pero que se sostiene en el derecho a persistir y en la convicción que la existencia de los distintos asegura sosteniblemente la existencia de las unidades económicas como las compañías forestales. El desarrollo económico del especio geográfico donde actúa la empresa forestal se hace con todos y existe un alto interés a que las diferencias se cultiven, se remarquen y sean el factor diferenciador que entregue la diversidad que hará legítimo el desarrollo.

2.    SOCIOS GLOBALES Y LOCALES PARA EL MANEJO FORESTAL RESPONSABLE

Concomitante con lo anterior y en virtud de un reconocimiento explícito de la diferencia entre los actores del desarrollo, resulta imprescindible que las compañías forestales lleven a la práctica el concepto del respeto de la diversidad. Así, por un lado la población se muestra como una comunidad que ocupa el ecosistema extrayendo de él los elementos que le son necesarios independientemente de la propiedad del recurso y, por otro lado la compañía forestal regulariza este acceso, haciéndolo formal, con lo que se concreta una apropiación concertada de los recursos que provee el territorio . Pero, este acuerdo no es más que el primer paso de una asociación virtuosa  que mantendrá a la compañía forestal permanentemente preocupada de su socio estratégico, el habitante rural, de aquel que es profundamente desigual pero que, fruto de la asociación podrá también obtener beneficios de las plantaciones.

Surge de este modo la noción del  valor compartido en las ganancias que se derivan de la utilización de los recursos que provee el territorio, aquel que se genera cuando  todos los socios ganan, es decir cuando las empresas se apropian en lo esencial de los ingresos de los productos derivados de la madera, y sus socios de la ruralidad, se apropian de los denominados Productos Forestales no Maderables y contribuyen desde sus posibilidades a resguardar los recursos y a mantener la diversidad social.

El involucramiento de los socios es potencialmente hasta niveles  agregados. Es decir, hasta asegurar la comercialización del producto. Así, esta asociación entre empresa y recolectores da cuenta de toda la cadena de valor de los productos de recolección. El territorio  es usado por acuerdo de las partes, se producen bienes y servicios en ambas direcciones de los socios y, la asociación, ahora sí de iguales, aplica una lógica de maximización de beneficios, presentándose unida en la comercialización de los PFNM, quebrándose así los oligopsonios concertados a los cuales los socios menos acomodados, recolectores, acuden permanentemente a vender sus productos.

3.    EMPRESAS DE BASE FORESTAL PRODUCTORAS DE MADERA, SERVICIOS, AGUA Y PFNM

Las empresas forestales son en la actualidad realmente empresas de base forestal. Esto equivale a que a partir del recurso forestal, estas producen productos de madera y sus derivados pero también deben ser productoras de los llamados Productos Forestales No Madereros ya sea PFNM  alimentarios, de belleza, de ornamento o medicinales. Dentro del objeto de producción deben estar también aquellos bienes diferentes que los derivados de la madera y, este objetivo de producción múltiple, debe ser explícito y la empresa debe movilizar recursos en pos de esa producción. El detalle a destacar en este punto es que muchas empresas consideran estos productos como aquellos que deben generar un valor compartido. Por ello el ingreso que se deriva de su comercialización es apropiado por el socio económicamente menos aventajado pero, el beneficio de cuidar la fuente de la producción, es decir la plantación misma, es el beneficio que obtiene la empresa.

De igual manera, en la contabilidad de las empresas de base forestal se encuentran, de más en más, bien definidos los servicios que las plantaciones prestan al ambiente. Estos servicios ambientales deben ser contabilizados ya sea como una externalidad positiva como también en los propios flujos financieros, dependiendo del grado de sofisticación del sistema contable de la compañía. Se trata en este caso de producción de agua limpia en las desembocaduras de cuencas, oxígeno, belleza paisajística cuando corresponda, confinamiento de Carbono, entre otros muchos servicios. De hecho, ya hay empresas forestales que están estudiando la calidad y cantidad de agua que emerge en las desembocaduras de las cuencas plantadas. Perfectamente, cada litro de esa agua podría ser evaluado e incorporado en la contabilidad como un flujo positivo de la empresa hacia la sociedad. También, el carbono que es confinado por los troncos creciendo es una de las metodologías más efectivas de disminuir el carbono ambiental, causante fundamental del efecto invernadero. El carbono contenido en el tejido lignícola es vendido en el mercado de bonos de carbono y si los bonos no son vendidos y pagados por algún inversionista, perfectamente podrían entrar en la contabilidad como un activo ambiental.

4.    GESTIÓN DE LAS EMPRESAS FORESTALES POR HUELLA ECOLÓGICA

Las empresas forestales poseen a disposición, desde hace relativamente poco tiempo, un instrumento de gestión global que es la huella ecológica (HE). Usar la gestión por huella equivale a sobrepasar el límite de los informes de sustentabilidad, ellos mismos soportados sobre acciones de dudosa condición de sustentabilidad. La enorme ignorancia respecto de la sustentabilidad que ha llevado a la banalización del concepto produjo, en el momento más álgido de su desarrollo, la falsa idea que el reciclado era sinónimo de sustentabilidad.

La HE contiene dentro de su metodología la posibilidad de controlar anualmente la huella de carbono, pero igualmente permite controlar las emisiones de los contratistas, controlar el reciclado interno, adicionarle los desechos y restarle la formación bruta de capital árbol. Un itinerario metodológico severo permite comparar huellas ecológicas anuales de las corporaciones empresariales forestales significando su reducción un verdadero paso hacia la sustentabilidad y su mantenimiento o aumento un retroceso en ese objetivo.

5.    LA FUNCIÓN REPORTE DEL MFR Y LA TRANSPARENCIA DE LA GESTIÓN

Los Estados han capturado positivamente el sentir de los electores creando leyes de transparencia que hacen menos opaca la función de gobernar. Las corporaciones forestales de más en más deben entender que lo que hacen debe ser motivo de escrutinio público ya que trabajan con recursos naturales como suelos, paisajes, bosques y otros. Lo que se hace en las empresas forestales le incumbe a un creciente público interesado y los reportes de las acciones son una función cada vez más profesionalizada. Por ello, dentro de los procesos de certificación las partes interesadas son requeridas y estas muy a menudo reclaman opacidad de parte de las empresas.

Desde sus respectivos temas técnicos, ambientales sociales o ambos, las organizaciones de la sociedad civil generan trincheras políticas para defender sus opiniones que, la mayor parte de las veces se estructura por lucubraciones faltas de información certera y veraz. Está claro que dentro del espíritu de las empresas forestales no se encuentra desarrollado el espíritu del reporte, no se han destinado recursos a generar flujos permanentes de información que alimenten con antecedentes la necesidad de conocimiento por parte de la sociedad civil. Los sellos de certificación certeramente exigen el desarrollo del reporte como práctica permanente de relacionamiento moderno entre la compañía y la sociedad, expresión máxima del MFR.

CONCLUSIONES

La certificación forestal es cada vez menos optativa para las empresas forestales, por ello es necesario que incorporen las mejores prácticas de MFR. Este concepto complejo está determinado por el cumplimiento de a lo menos 9 o 10 P&C de Manejo Forestal expresado en los estándares de certificación que en la actualidad están vigentes. Empero, las empresas que tienen vocación de perdurar en el tiempo, deben ir mucho más allá, ver en los P&C una filosofía que oriente el devenir de las empresas forestales en diversos ámbitos. Uno de los aspectos más difíciles de trabajar para las empresas forestales no son aquellos temas técnicos, o ambientales, sino aquellos de orden social. Si los miembros de las empresas forestales entienden que deben establecer un nuevo pacto con las personas que viven cerca del recurso plantado, entenderán que se deben asociar con ellos, alejándose del asistencialismo que conlleva a la  donación fácil.

Las empresas que entendieron más rápidamente que la certificación forestal era un camino que aportaba al MFR, llevan una ventaja innegable ya que han tenido más tiempo para experimentar con modelos de asociación con las comunidades. Aquellas empresas que entendieron esta verdad más tarde, se ven, por el contrario, en la obligación de desarrollar modelos de alto estándar, que soporten análisis con categorías socio-organizativas a las cuales deben llegar más rápidamente y no necesariamente luego de haber reflexionado sobre las mismas. Esta reflexión es válida para muchas exigencias de la certificación forestal que al día de hoy pueden parecer desmedidas si se pretende alcanzar el nivel requerido partiendo desde cero.

Por lo anteriormente dicho, si una empresa forestal resuelve convenientemente sus nudos técnicos, silvícolas y ambientales, debe asumir que el neoparadigma del MFR se complementa con una actitud proactiva que implique:

·    Respeto y fomento de la diversidad del tejido social rural;
·    Asociación  entre actores  para generara valor compartido;
·    Empresas multipropósito que contabilizan sus productos tradicionales como aquellos no habituales (PFNM y Servicios Ambientales);
·    Uso de la huella ecológica como instrumento de control y seguimiento de la sustentabilidad real y medible de su negocio y;
·    Establecimiento del reporte como hábito y la transparencia como virtud hacia las terceras partes interesadas

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