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Más y mejor televisión pública, por favor

por 20 noviembre, 2013

Más y mejor televisión pública, por favor
No se puede eludir el hecho de que el propio pluralismo en el cual se inspiró la actual ley de TVN a la salida de la dictadura es ya estrecho para contener las nuevas formas del pluralismo, que no pueden estar asociadas sólo al pluralismo de partidos, sino al pluralismo político, social, étnico, sexual, de género, territorial, que contenga toda la diversidad de la sociedad chilena de hoy. Este nuevo pluralismo debe incluir la propia composición del Directorio de TVN, que debe ser reconfigurado en esta óptica.
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Se ha planteado por parte del Presidente del Directorio de TVN, Mikel Uriarte, el riesgo de que los cambios que se anuncian puedan transformar a la TV pública en una TV de gobierno. Quiero ser claro: no existe en el debate político el transformar el canal público en un canal de gobierno. Eso estaría condenado al fracaso como ocurre en toda América Latina donde se ha seguido este camino.

Debo decir que lo que sí se ha sido planteado, abierta o soterradamente por parte de algunos sectores políticos y empresariales, es la idea de que hoy no tiene sentido un canal de TV del Estado, dado que ya existen las condiciones de pluralidad dadas por el propio mercado. La privatización del canal público es una amenaza, minoritaria, pero latente, a la cual nos oponemos con absoluta decisión, ya que la existencia de un canal público ha sido y es también hoy una condición para mantener el pluralismo y la diversidad en la TV chilena, sobre todo en un país con alta concentración en los medios escritos y donde es posible que esto se reproduzca en la TV con el ingreso a ella de grandes grupos económicos nacionales y extranjeros.

Parafraseando a Martín-Barbero, Rey y Rincón en el “Manifiesto por una TV Pública, Cultural y de Calidad”, la TV pública interpela al ciudadano, la TV comercial al consumidor y la TV de gobierno a los militantes y simpatizantes. No queremos una TV minoritaria para trasmitir mensajes o propaganda política proselitista, ni una TV con contenidos y estéticas de élite que olvidan lo popular. Queremos una TV pública que continúe siendo masiva, que sea escenario del diálogo intercultural, que tenga programas de gran impacto que se conviertan en hechos sociales que inviten al debate y a la reflexión plural, que amplíe las posibilidades simbólicas y de relato para la construcción de más ciudadanía, más democracia y más sociedad civil, que entregue criticidad para medir también las imágenes que se reciben en pantalla. Como esto no se logra en la TV pública de hoy, es que se necesitan cambios que permitan resituar su Misión definida por ley hace lejanos 22 años

Lo planteado es, por tanto, fortalecer la TV pública, el canal como señal de todos los chilenos y en especial de aquellos que no tienen pantalla, porque la lucha por la igualdad pasa también por la construcción de la imagen televisiva. Desde el año 2009 hay un proyecto de ley de la ex Presidenta Bachelet, cuyo debate se inicia sólo ahora en el Parlamento, y hay nuevas propuestas de Bachelet y de otros ex candidatos presidenciales en este sentido y en ningún caso en el de transformar el canal público en canal de gobierno, que es un fantasma completamente inexistente.

Me remece que aún hoy, después de dos años del fallecimiento de un cineasta chileno como Raúl Ruiz, considerado como uno de los mayores genios de la cinematografía mundial, no haya tenido en TVN un ciclo de algunos de sus 200 films, que son completamente desconocidos por los chilenos. Comprendo que allí prima la exigencia de la competencia y el rating más que educar en un paladar distinto, más sensible y refinado en el gusto de las audiencias.

Se trata, como bien lo señala Valerio Fuenzalida, de maximizar la contribución de TVN al servicio público medido en términos de pluralismo, diversidad programática, descentralización e innovación cultural. En el fondo es salir de la lógica de que la disputa por el rating debe ser el foco de preocupación de la TV y más bien que la TV pública defina su programación con criterios estéticos, éticos, artísticos y sociales, garantizando la masividad de la audiencia, con el foco de que la información, la cultura, la diversión, son bienes sociales que deben ser garantizados por el Estado para todos los chilenos.

Hay insatisfacción en la ciudadanía con la TV abierta y una demanda de la sociedad de mayor pluralismo, y calidad de la TV pública que debe ser acogida. Hay un reclamo de mayor diversidad programática a la TV abierta y un dato que da cuenta de este malestar es el crecimiento de la audiencia de la TV de pago, cuyo share total representa hoy más de un cuarto del share total a la TV abierta en un país donde el 65% de la población tiene acceso a la TV de pago.

No se puede eludir el hecho de que el propio pluralismo en el cual se inspiró la actual ley de TVN a la salida de la dictadura es ya estrecho para contener las nuevas formas del pluralismo, que no pueden estar asociadas sólo al pluralismo de partidos, sino al pluralismo político, social, étnico, sexual, de género, territorial, que contenga toda la diversidad de la sociedad chilena de hoy. Este nuevo pluralismo debe incluir la propia composición del Directorio de TVN, que debe ser reconfigurado en esta óptica.

Bien dice el politólogo italiano Giovanni Sartori que el rating no mide calidad de la TV, sino simplemente determina el precio de la publicidad y todo indica que el rating está sobrevalorado como instrumento de medición de lo que se coloca en pantalla. Esto significa que, en materia de financiamiento, la TV pública y sobre todo la actual señal de TVN, debe mantener su acceso al financiamiento de la publicidad, pero que a este deben agregarse formas de financiamiento del Estado, como en parte ocurre hoy con los fondos concursables del CNTV, que permitan construir transversalmente una programación de mayor calidad, más situada en el ámbito de la Misión que tiene el canal público que en el rating.

La alta cultura y otros temas centrales de la vida cotidiana de los chilenos están ausentes, con reducidas excepciones, de las pantallas de la TV abierta chilena y para que esto se incorpore se requiere que el Estado dote de recursos adicionales para que TVN pueda cumplir con su Misión social y creativa.

Un cambio es necesario porque el mundo y la industria de la TV han mutado radicalmente en los últimos 20 años y vivimos una transformación cultural determinada, en buena parte, por la veloz revolución digital de las comunicaciones, de la cual es parte la TV digital que en los próximos años existirá en Chile, que obliga a transformar la TV a la era de internet para adecuarse a los gustos y exigencias de las audiencias que se caracterizan por un alto “nomadismo” y que comienzan no sólo a construir su propia programación, sino también a producir productos televisivos trasmitidos por la red y que la TV abierta no puede ignorar.

Lo que se agota no es la idea de la TV pública, que debe adquirir  formas nuevas y mejorar su aporte actual al servicio público, sino el modelo de TV vertical, unívoco, centralizado y, como señalan diversos expertos, la TV debe adquirir una capacidad “dialógica” en una sociedad, donde la ciudadanía quiere tener mayores de índices de participación en diversas instancias y también en la generación de contenidos de la TV.

Esta ciudadanía debe ser considerada por la TV no como una masa susceptible de ser manipulada, sino como sujetos de derecho que deben poder acceder a una información orientada como servicio público y no como mercancía. Hay que tener presente, como bien lo recuerdan los expertos en comunicación argentinos Olivieri y Guerín, si se tiene sólo un concepto mercantilista de la empresa TV, ello colisiona con la función social y cultural de los contenidos de la programación y allí radica un aspecto esencial del cambio que hay que producir. No hay duda que hay una tensión entre solo financiamiento privado de TVN y las exigencias muy amplias planteadas como Misión por la ley y es este cerco-mercancía el que limita la producción de contenidos, la elección de géneros, la generación de formatos e incluso el carácter y la dimensión de los noticieros, cada vez más poblados de crónicas, micro-crónicas interminables, que desnaturalizan la riqueza y el análisis de la información propiamente tal.

Ello limita la capacidad creativa, porque para asegurar el rating y la publicidad debes arriesgar lo menos posible y contentarte con un interminable ciclo de teleseries que, al margen de la calidad que varias de ellas tienen, algunas con contenidos que dan cuenta de problemáticas sociales, y de la entretención que significan para el gran público, reducen el espacio a otro tipo de programación que requeriría de otros parámetros de medición. Me remece que aún hoy, después de dos años del fallecimiento de un cineasta chileno como Raúl Ruiz, considerado como uno de los mayores genios de la cinematografía mundial, no haya tenido en TVN un ciclo de algunos de sus 200 films, que son completamente desconocidos por los chilenos. Comprendo, que allí prima  la exigencia de la competencia y el rating más que educar en un paladar distinto, más sensible y refinado en el gusto de las audiencias.

La ley deTV digital entrega una segunda señal a TVN. La TV digital dará la oportunidad para el ingreso de nuevos actores al sistema, lo cual debe garantizar nuevos enfoques, una mayor oferta televisiva, mas diversidad, descentralización, lo local, lo intercultural, otras miradas, pero, a la vez, establece la posibilidad de que TVN se transforme en una empresa multioperadora de varios canales con contenidos segmentados dirigidos hacia aquello que hoy no está presente sustantivamente en las pantallas de la TV abierta. Coincidiendo con Valerio Fuenzalida, el objeto de la empresa TVN debe ser ampliado al campo actual del audiovisual y de la digitalización multiplataforma. Personalmente he planteado y comparto la propuesta programática de Michelle Bachelet, de que el Estado financie integralmente una señal cultural con contenidos populares y de alta cultura nacional e internacional y una señal informativa que como Canal 24 horas pase del cable a la TV abierta digital.

El Tribunal Constitucional ha rechazado las objeciones planteadas por parlamentarios de la UDI a la ley de TV digital aprobada en el Parlamento y que tiende justamente a ampliar el servicio de utilidad pública y social de la TV y a ampliar los confines culturales de la noción de pluralismo. El veto enviado por el Presidente Piñera reduce algunos de estos alcances. No hay que olvidar que en Chile es el Estado el dueño de las concesiones y, por ende, puede establecer un marco normativo para que a quienes se les asignan respondan a conceptos básicos, de democracia, pluralismo, servicio público y libertad, que son principios esenciales de nuestra convivencia.

TVN es un canal con alta audiencia, masividad, capacidad creativa, prestigio e influencia nacional e internacional. Su modelo televisivo es altamente valorado en América Latina y citado en todos los eventos internacionales como un modelo democrático y pluralista a seguir, lo cual aumenta simplemente nuestra responsabilidad y la necesidad de superar las trabas actuales. TVN tiene un personal de ejecutivos, técnicos, creadores, artistas, periodistas y trabajadores de alto nivel y experiencia y ello debe trasuntarse más ampliamente en la calidad de lo que ofrecemos al gran público chileno. Por ello se requieren cambios, para ampliar la Misión de la TV pública que aparece obscurecida ante la opinión pública, para que haya más TV pública, autónoma y transparente en sus decisiones, consultiva con los ciudadanos, y con altos estándares de calidad.

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