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El maltrato infantil y la salud a largo plazo

por 3 enero, 2014

Es imperativa una pesquisa empírica confiable y una política pública acorde a la evidencia para abordar tan sensible tema, pues se trata de vulneraciones de derechos de quienes más requieren de nuestro respeto y atención: los niños.
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El maltrato infantil se define como todas las formas de violencia física y/o emocional, malos tratos, abuso sexual, descuido o trato negligente, explotación comercial o laboral de los niños que se traduce en un daño real o potencial para su salud, su supervivencia, desarrollo o dignidad en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder. Ahora bien, ¿somos conscientes de sus consecuencias futuras?

Hay cuatro tipos de maltrato que son comúnmente reconocidos: abuso sexual, abuso físico, abuso emocional (también conocido como el maltrato psicológico) y abandono. Hay una gran cantidad de incertidumbre en torno a las estimaciones de la frecuencia y severidad de maltrato infantil en todo el mundo. La violencia contra los niños sigue siendo en gran medida oculta y no se denuncia por miedo, por el estigma asociado a éste, e incluso porque algunas de sus prácticas gozan de cierta aceptación social de este tipo de violencia. A nivel mundial, la prevalencia del abuso sexual infantil reportado varía de 2% a 62%, variación que se explica por una serie de factores metodológicos como imprecisiones de la definición de abuso, el método de recogida de datos y el tipo de muestra evaluada. Sin embargo, hay algunas evidencias consistentes que deberían conocer.

En el artículo publicado con el título "Burden and consequences of child maltreatment in high-income countries se aportan datos que indican que, en los países de ingresos altos, la prevalencia anual del abuso físico está en los rangos de 4% a 16%, y aproximadamente el 10% de los niños son maltratados o abusados emocionalmente.

La negligencia es por lo menos tan perjudicial como el abuso físico o sexual en el largo plazo, pero ha recibido menos atención científica y pública, señalan los autores de este estudio.

El 80% de este maltrato es perpetrado por los padres o tutores, y la pobreza, los problemas de salud mental, el bajo rendimiento escolar, el alcohol y el uso indebido de drogas, después de haber sido maltratados en la niñez, asimismo la desintegración familiar o la violencia entre los otros miembros de la familia, son los factores de riesgo más importantes identificados en los padres que abusan actualmente de sus hijos.

Existe un creciente reconocimiento de que las distintas formas de violencia interpersonal tienen un gran impacto en la salud pública. En los niños, las consecuencias de la violencia pueden variar ampliamente. Las lesiones físicas y, en casos extremos, la muerte son consecuencias directas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los bebés y niños muy pequeños están en mayor riesgo de homicidio como consecuencia de su dependencia y vulnerabilidad (ver informe completo aquí). Sin embargo, y en atención al mismo informe de la ONU, en la mayoría de los casos no mortales, el daño físico directo causa menos morbilidad para el niño que el impacto a largo plazo de la violencia en el desarrollo neurológico, cognitivo y emocional del mismo.

Es imperativa una pesquisa empírica confiable y una política pública acorde a la evidencia para abordar tan sensible tema, pues se trata de vulneraciones de derechos de quienes más requieren de nuestro respeto y atención: los niños.

En un artículo publicado en 2010 se afirma que la exposición al maltrato infantil no sexual, es decir, el abuso físico, abuso emocional y negligencia, se asocia con un mayor riesgo de una amplia gama de problemas psicológicos y de comportamiento, incluyendo la depresión, el abuso de alcohol, ansiedad y comportamiento suicida, y con un mayor riesgo de infección por VIH y el virus herpes simple tipo 2 (HSV-2). Complementando lo anterior, cabe mencionar la principal conclusión del estudio publicado bajo el título "Childhood victimization and subsequent adult revictimization assessed in a nationally representative sample of women and men", en donde se señala que la victimización infantil aumenta el riesgo de victimización en la adultez.

En un meta-análisis realizado con artículos indizados en bases de datos electrónicas (MEDLINE, EMBASE y PsycINFO) y en donde se establecían asociaciones entre el maltrato infantil no sexual y su impacto en la salud, se llega a una conclusión impactante:

"La evidencia sugiere una relación causal entre el maltrato infantil no sexual y una serie de trastornos mentales, consumo de drogas, intentos de suicidio, infecciones de transmisión sexual y comportamiento sexual de riesgo".

En dicha revisión se encontró que los individuos abandonados y/o abusados física y emocionalmente en la niñez tenían un mayor riesgo de desarrollar trastornos depresivos que las personas no maltratadas. Dichas conclusiones se alinean con los hallazgos publicados en "Acta Psychiatrica Scandinavica", donde se señala que los traumas infantiles están relacionados con los trastornos ansiosos y depresivos. Por si esto fuera poco, el abuso físico y emocional también aumentan significativamente el riesgo de problemas con el alcohol (abuso/dependencia del alcohol, consumo excesivo de alcohol).

Por su parte, los meta-análisis sobre las consecuencias del maltrato infantil no sexual señalan que los niños abusados física y emocionalmente tienen un significativamente mayor riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) y/o comportamiento sexual de riesgo que los no maltratados. Los casos de infección por el VIH son dos veces más frecuentes en casos de abuso físico que en aquellos que presentaron abuso emocional y abandono (ver más información aquí).

Las consecuencias derivadas del maltrato no sólo se remiten a salud mental y conductas de riesgo asociadas a enfermedades de transmisión sexual. Un estudio publicado bajo el título "Body weight and obesity in adults and self-reported abuse in childhood" concluye que el abuso en la infancia se relaciona con el aumento de peso corporal y el riesgo de obesidad en la adultez. No sólo eso, la exposición a vivencias traumáticas durante la infancia aumenta el riesgo de fumar en la edad adulta, según lo que señalan en un estudio publicado por el NIH (National Institute of Health).

Las consecuencias derivadas del maltrato parecen no tener fin. De hecho, también hay evidencia que sugiere una asociación significativa entre el abuso físico infantil y la artritis, úlceras y dolor de cabeza/migraña en la edad adulta en individuos que fueron abusados en su infancia.

Un estudio prospectivo reciente en un grupo de individuos con antecedentes documentados de abuso infantil y negligencia examinados hasta la edad adulta media proporciona evidencia de que el abuso y la negligencia infantil pueden aumentar el riesgo de problemas de salud físicos tras controlar indicadores de salud mental, abuso de sustancias, tabaquismo e IMC.

El desarrollo neurobiológico puede verse seriamente alterado por los malos tratos durante los primeros años de un niño, lo que a su vez puede afectar negativamente el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social de éste, lo que lleva a problemas psicológicos, de comportamiento y de aprendizaje que persisten durante toda la vida, como lo señalan en la revisión titulada "Child abuse and neglect and the brain--a review" y en "Cognition, emotion, and neurobiological development: mediating the relation between maltreatment and aggression".

Por otra parte, el trauma acumulativo puede aumentar aún más el riesgo, y algunas víctimas de abuso pueden tratar de manejar la angustia posterior mediante el uso de alcohol, medicamentos recetados, tabaco u otras drogas.

Los antecedentes empíricos que les he presentado son abrumadores. Los resultados persistieron a través de diferentes diseños de estudio, muestras y regiones geográficas investigadas. Se puede concluir que existe una relación muy consistente entre el maltrato físico, abuso emocional y negligencia para con los niños y los resultados adversos posteriores de salud mental, consumo de drogas, enfermedades de transmisión sexual y comportamiento sexual de riesgo.

Esta visión general de la evidencia sugiere una relación causal entre el maltrato infantil y una serie de consecuencias para la salud de los niños en la adultez, pero a pesar del aumento de los conocimientos en este campo, sigue siendo un desafío traducir la investigación en intervenciones a nivel de población que puedan reducir la vulnerabilidad de los niños expuestos a malos tratos. A pesar de la magnitud del problema y una mayor conciencia de sus altos costos sociales, la prevención del maltrato infantil no es una prioridad política en la mayoría de los países. Es imperativa una pesquisa empírica confiable y una política pública acorde a la evidencia para abordar tan sensible tema, pues se trata de vulneraciones de derechos de quienes más requieren de nuestro respeto y atención: los niños.

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