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El Sepulturero de la Derecha

por 8 enero, 2014

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Hace cuatro años la derecha decidió cavar su propia tumba y eligió a la persona más idónea para ese lúgubre menester: Sebastián Piñera.

Hoy él está culminando tal cometido con singular eficacia. Para comenzar, el que era su partido, RN, hace agua por sus cuatro costados y los tripulantes empiezan a abandonarlo. Los diputados Karla Rubilar, Pedro Browne y Domingo Godoy, todos piñeristas caracterizados, han renunciado a la colectividad y proclamado la formación de otra, “Amplitud”, que pese a su denominación dice no querer tener nada que ver con las fuerzas pinochetistas y conservadoras que dominan, según ellos, su antigua tienda.

El mismo Piñera, a todo esto, se muestra renuente a volver a militar en ella. A juzgar por sus actuaciones de los últimos meses, en particular desde el momento en que, con motivo de los 40 años del  11 de septiembre, se puso a la cabeza del “derby de demolición” del legado histórico del Gobierno Militar, ya no podría moralmente volver a un partido fundado por connotados integrantes de ese régimen y cuando todavía los militares estaban en el poder. Claro, Piñera a estas alturas también ha olvidado por completo que él mismo, en 1989, saltó ágilmente desde las filas del “No” a las del “Sí”, para ser generalísimo del candidato presidencial Hernán Büchi contra el representante del “No”, Patricio Aylwin. Sin perjuicio de ello, Aylwin ha pasado a ser ahora el político al que más visita y admira y con el cual se prodigan mutuos elogios. En realidad, tienen bastante en común, y en particular comparten la habilidad para asestar puñaladas en la espalda a los militares cuando ya han dejado de serles útiles para sus ambiciones políticas personales.

En este último aspecto Piñera ha sido particularmente habilidoso, pues consiguió el “voto militar” comprometiéndose expresamente a hacer respetar la prescripción en los juicios contra uniformados y después, bajo su gobierno, su subsecretario Ubilla ha sido el más activo para presentar querellas contra militares en casos ostensiblemente extinguidos por la prescripción que su jefe se comprometió a hacer respetar. Pero la política no es un quehacer caracterizado por imponer sanciones morales a quienes cometen trasgresiones como la descrita y, de hecho, a veces los premia. Pues Piñera ha aumentado, según la última encuesta Adimark, a 45 por ciento su nivel de apoyo ciudadano.

Claro, Adimark es la única encuesta que le brinda ese guarismo, pues CEP y CERC, que realizan encuestas menos frecuentes (no tienen los medios de Adimark), muestran un apoyo a lo menos diez puntos menor para el Presidente. Y la propia Adimark se contradice consigo misma, pues en ella la Alianza, que es el conglomerado encabezado por Sebastián Piñera, tiene un apoyo de menos de la mitad que él, 21 por ciento, y un rechazo de 63 por ciento; y, asimismo, la identificación con el gobierno de Piñera es sólo de un 29 por ciento. Notable diferencia entre 29 y 45 por ciento, siendo éste, ostensiblemente, el gobierno de, por y para Sebastián Piñera.

Si RN hace agua, la UDI no está libre de embates y dentro de ella se enfrentan dos corrientes, una de las cuales, según su personero José Pedro Guilisasti, presidente de la juventud, representa la necesidad de transformar al partido en “un colectivo más tolerante”, pues “sufre del estigma de mostrarse ‘pinochetista y conservador’” (“La Segunda”, 07.01.14).

El “derby de demolición” emprendido por Sebastián Piñera en septiembre ciertamente es sólo un colofón, pues había sido iniciado hace veinte años por Aylwin con el “Informe Rettig”, instrumento de falsificación histórica que tenía el fin preciso de condenar al Gobierno Militar y exculpar a la extrema izquierda, junto con llenarla de dinero indemnizatorio, en compensación por habérsele impedido consumar la benemérita tarea de transformar a Chile en un estado totalitario marxista-leninista.

A todo esto, es interesante ir a la página web de CERC y estudiar sus encuestas sobre la opinión acerca del Gobierno Militar, la última de las cuales es de junio de 2013. Allí se comprueba cómo el lavado de cerebros sobre la historia reciente del país ha operado entre los chilenos, pues desde una adhesión importante a ese régimen a comienzos de los ’90, se ha llegado a una muy escasa en la actualidad, como lo prueban por lo demás las divisiones actuales en los partidos cuyos militantes y líderes fueron parte del mismo Gobierno Militar.

Estamos, pues, asistiendo  a un funeral, el de la derecha. Y ni siquiera es un funeral de primera, porque en los de esa clase se habla muy bien del difunto, en cambio en este caso la extinta sólo recibe críticas y vituperios por su pasado, mientras su sepulturero le lanza “paletada tras paletada”, y surge victorioso subiendo en las encuestas, mientras la Alianza que lo apoya y el propio gobierno que encabeza se hunden en el desprestigio; y los partidos que en mala hora lo apoyaron y eligieron se encaminan a la desintegración.

Ya les decía yo hace cuatro años que todo esto les iba a suceder. Pero, como de costumbre, no me hicieron caso. Y hasta algunos contumaces aseguran que dentro de cuatro años volverán a votar por su sepulturero de hoy.

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