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Natalidad, educación y economía: a la espera de una política pública seria

por 13 enero, 2014

En los gigantes asiáticos Japón y China, incluso, apareció una nueva sociedad conocida como la 4-2-1, donde el único hijo se hace cargo de 2 padres y 4 abuelos. ¿Cuánto nos faltará para eso?, considerando que el panorama actual de natalidad en Chile estaba previsto recién para el 2020. Es importante señalar que en estos momentos Chile disfruta del llamado “bono demográfico”, periodo en el cual la población activa es mucho mayor a la población potencialmente dependiente; obviamente este periodo tiene fecha de término, y esa fecha se acerca rápidamente.
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“¿Quién quiere tener un hermanito? Ese es un gran regalo de Navidad, así que a las mamás y los papás yo les pido que se pongan las pilas y les regalen a todos los niños que están acá otro hermanito, porque mientras más niños tengamos en Chile, jugando en las plazas, alegrando nuestras vidas, mejor”, esas fueron las palabras de Sebastián Piñera el día 20 de diciembre recién pasado en la Plaza de la Constitución, frente a una decena de niños, en el contexto de la celebración de Navidad.

El tema de la natalidad en Chile es más serio de como el propio Presidente lo aborda, de eso no cabe ninguna duda. A comienzos de la década pasada ya había preocupación por la tasa de natalidad, que era de 1,9, 2 décimas debajo de lo necesario para que se produzca el recambio de la población. El escenario, según lo informado por el CENSO 2012, no ha cambiado en nada (estoy haciendo el ejercicio de creer en los número que nos entregó), ya que hemos confirmado la tendencia a la baja y actualmente tenemos una tasa de natalidad de 1,45. Llegar al 2,1 necesario para el recambio ahora nos va a costar más que haberlo hecho en la década pasada, y si dejamos pasar más tiempo nos costará más aún.

Epidemiológicamente hablando, Chile se encuentra en la etapa de transición demográfica, definida por una baja tasa de natalidad y de mortalidad. Con lo anterior, el grupo etario de los mayores de 65 crece, mientras el de los menores disminuye.

Todo lo anterior no sorprende tanto, ya en 2007 un estudio del Centro de Políticas Públicas de la U. del Desarrollo les preguntaba a los encuestados: “¿Ya tuvo todos los hijos que quería tener?”. De quienes tenían un hijo, un 57% respondió que sí, mientras que, de los que habían tenido dos hijos, un 88% señalaba con su respuesta que ya no pensaba en tener más. El mismo estudio concluyó que el costo de una buena educación es el factor que más influye a la hora de tener hijos. Entre los otros factores que influían en la decisión de tener hijos aparece el tener el tiempo para cuidarlos. Respecto de ese tiempo, y según la propia OCDE, Chile es de los países con la mayor jornada laboral en el mundo y, a la vez, uno de los países con menor oferta laboral de jornadas parciales para las mujeres; en palabras simples, Chile, después de acabado el postnatal, les dice a sus mujeres madres “o trabajas 44 horas semanales, o no trabajas”.

En los gigantes asiáticos Japón y China, incluso, apareció una nueva sociedad conocida como la 4-2-1, donde el único hijo se hace cargo de 2 padres y 4 abuelos. ¿Cuánto nos faltará para eso?, considerando que el panorama actual de natalidad en Chile estaba previsto recién para el 2020. Es importante señalar que en estos momentos Chile disfruta del llamado “bono demográfico”, periodo en el cual la población activa es mucho mayor a la población potencialmente dependiente; obviamente este periodo tiene fecha de término, y esa fecha se acerca rápidamente. 

Por otra parte, el Estudio Bicentenario Adimark-UC –que se realizó en 2009– nos revela un dato, a mi parecer, bien triste, ya que en todos los rangos etarios las mujeres revelaron que el número de hijos que tienen es menor al número de hijos que quieren o que hubieran querido tener. Otro dato revelador de ese estudio es que sólo un 29% de los encuestados cree que Chile apoya a las mujeres para tener hijos. Este estudio, al igual que el de la UDD, señala como factor influyente a la educación; de hecho, un 77% de los encuestados señala que es mejor tener pocos hijos pero darles una educación de calidad.

Todo lo anterior, sumado a los “intentos” y declaraciones de nuestro Presidente por promover la natalidad, hace surgir la siguiente pregunta: ¿tiene consecuencias económicas el actual perfil epidemiológico o será que realmente nuestro Presidente quiere ver a más niños jugando en las plazas solamente? El estudio, del 2011, “Dividendo demográfico sostenible”, expone algunas ideas que nos dan luces del impacto económico del perfil epidemiológico chileno; plantea, por ejemplo, que la caída en la fuerza de trabajo de las generaciones futuras es incapaz de mantener el mismo nivel de productividad, sumado a la disminución de las economías de escala como consecuencia de la disminución de la población activa. Por su parte, la entidad financiera Morgan Stanley sugiere que la proporción de adultos mayores de un país puede ser un indicador más importante de su probabilidad de caer en default que el tamaño de su deuda. En los gigantes asiáticos Japón y China, incluso, apareció una nueva sociedad conocida como la 4-2-1, donde el único hijo se hace cargo de 2 padres y 4 abuelos. ¿Cuánto nos faltará para eso?, considerando que el panorama actual de natalidad en Chile estaba previsto recién para el 2020. Es importante señalar que en estos momentos Chile disfruta del llamado “bono demográfico”, periodo en el cual la población activa es mucho mayor a la población potencialmente dependiente; obviamente este periodo tiene fecha de término, y esa fecha se acerca rápidamente.

Myrskyla, Kohler y Billari, en 2009, plantearon que la flexibilidad laboral, la protección social y las políticas de género que promuevan la conciliación entre trabajo y familia pueden facilitar niveles relativos de alta fertilidad, lo que se ve demostrado en países con alto desarrollo humano, como Suecia.

¿Qué ha hecho Chile? El bono por hijo planteado en la Reforma Previsional del 2009, que recién se recibe al terminar la vida laboral, y el bono propuesto por Piñera de $100.000 por el tercer hijo, aparecen como dos intervenciones cortoplacistas que no se hacen cargo de las reales causas de la baja de la natalidad en Chile.

Aún no tengo hijos, pero con mucha sorpresa escucho a mis colegas sobre todos los costos que implica tener un hijo en el colegio; en mi época de escolar sólo pagaba matrícula y mensualidad, actualmente pagan lo mismo más la “cuota de incorporación”, que tiene un costo ridículamente alto y que aún no logro comprender su justificación. Por otra parte, en los últimos días hemos visto como la matrícula de los colegios públicos sigue disminuyendo, las denuncias contra las municipalidades de La Florida y Cerro Navia por el cierre de los colegios públicos no han sido abordadas de la forma que debería, y no ha quedado más que en la viralización de algunas infografías hechas por Educación 2020; el silencio cómplice y la pasividad del Ministerio de Educación son preocupantes.

Claro está que los problemas asociados al costo de la educación en Chile van mucho más allá que las marchas de los estudiantes en 2006, y las que vienen sucediendo desde el 2011. Es imperante entender que hay ciertas cosas, como la salud y la educación, por ejemplo, con las que no se debe lucrar. Seguir lucrando con eso es pan para hoy (para pocos), y hambre para mañana (para muchos). La educación gratuita universal que prometió implantar Bachelet en un periodo de 6 años, aparece como una buena y sólida estrategia, entre muchas otras cosas, para aumentar la natalidad en Chile. Bien sabemos, sin embargo, que del dicho al hecho hay mucho trecho, sobre todo en la boca de nuestros políticos.

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