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Un país de contestadores de prueba

por 17 enero, 2014

Tuve el privilegio de ser profesor por 2 años en un Liceo Municipal con un alto índice de vulnerabilidad gracias a Enseña Chile y viví en carne propia el asedio del currículum nacional y su pobreza valórica, y me bastó sólo un par de semanas darme cuenta de lo absurdo que es.
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Tras la publicación de los resultados de la reciente PSU el análisis generalizado es que, una vez más, nada ha cambiado. Los altos puntajes siguen estando congregados en un puñado de colegios, principalmente particulares pagados o liceos emblemáticos, y los promedios obtenidos por los establecimientos de dependencia municipal están más de 120 puntos por debajo de los obtenidos por establecimientos particulares. Como muestra un botón: de los 220 puntajes nacionales obtenidos el 2013, sólo 32 fueron obtenidos por alumnos de liceos municipales, y de esos 32 alumnos 22 son estudiantes de liceos emblemáticos. ¿Más? 125 puntajes nacionales fueron obtenidos en Santiago (lo que corresponde al 57% del total), y de esos 125 puntajes nacionales, 86 corresponden a alumnos de colegios particulares de Vitacura, Las Condes, Lo Barnechea, Providencia, La Reina o Ñuñoa.

Más allá de la discusión sobre los liceos emblemáticos, la duda que me surge es la siguiente: ¿Qué es lo que realmente sabe un alumno con puntaje nacional? La prueba de selección universitaria les ha dicho a estos alumnos que son lo más granado de la actual generación de egresados de Enseñanza Media, pero ¿qué es lo que saben? Básicamente, lo que saben es aplicar el currículum sin cuestionarlo, saben volcar mecánicamente sus conocimientos respecto de un universo estrepitosamente grande de conceptos en el menor tiempo posible. Saben aplicar sin cuestionar, saben responder sin detenerse a pensar demasiado, porque no hay tiempo para pensar, sólo para responder. Quizás tienen muchas más habilidades, pero este país ha decidido no medirlas y sólo evaluarlos y etiquetarlos por esta única habilidad: ser excelentes contestadores de pruebas.

Tuve el privilegio de ser profesor por 2 años en un Liceo Municipal con un alto índice de vulnerabilidad gracias a Enseña Chile y viví en carne propia el asedio del currículum nacional y su pobreza valórica, y me bastó sólo un par de semanas darme cuenta de lo absurdo que es.

No dudo de las capacidades de los puntajes nacionales, es más, 215 de estos puntajes nacionales se vieron beneficiados por el puntaje del ranking (obtuvieron un puntaje de ranking superior a su NEM), lo que significa que a lo largo de su educación media destacaron en sus respectivos liceos, que los detectó tempranamente como alumnos sobresalientes. Lo que me causa escozor es ese enorme número de alumnos de liceos municipales que obtuvo un destacado puntaje en ranking, pero un paupérrimo puntaje PSU. En este país de “contestadores de pruebas” pocos de ellos se pararán a analizar que su historia muestra que son capaces de destacar en la tarea que se propongan, mal que mal destacaron en sus propios establecimientos, sino que para el resto de sus vidas sentirán que valen menos que aquellos que, a veces sin siquiera quererlo, tuvieron un excelente puntaje PSU, pues toda su vida fueron (y fuimos) criados para ir a la Universidad.

Tuve el privilegio de ser profesor por 2 años en un Liceo Municipal con un alto índice de vulnerabilidad gracias a Enseña Chile y viví en carne propia el asedio del currículum nacional y su pobreza valórica, y me bastó sólo un par de semanas darme cuenta de lo absurdo que es. Absurdo, pues muchos profesores tenemos que gastar casi completo el tiempo de la Unidad 1 sólo en nivelar conocimientos de los estudiantes que no saben operar con enteros en 1° Medio o no saben resolver una ecuación en 3° Medio.

Después de esta debacle educativa, y que además año tras año se reciban resultados SIMCE irrisoriamente pobres (otra prueba más con la que medimos a nuestros alumnos), y que además toda la población esté de acuerdo en que la educación chilena necesita reinventarse, el Ministerio ha decidido actualizar el currículum de 7° Básico a 2° Medio, introduciendo aún más contenidos. ¿Es ese realmente el cambio que necesitamos? ¿Que teóricamente todos los niños de Chile sean capaces de resolver ecuaciones cuadráticas en 2° Medio en vez de en 3° Medio? ¿Cómo es que el hecho de saber resolver sistemas de ecuaciones en 1° Medio le va a dar mejores oportunidades a un niño que ha crecido en medio de la pobreza y la delincuencia?

Si el foco de la discusión sigue siendo el instrumento de evaluación, este mismo diagnóstico, con números levemente distintos, se repetirá en años venideros. Porque el instrumento está diseñado para el currículum. SIMCE y PSU no miden nada más que la capacidad de un alumno de contestar una prueba respecto del currículum que año tras año se agranda cada vez más.

No sólo es urgente reducir la cantidad de contenidos que les traspasamos a nuestros alumnos, sino que debemos contestar la eterna pregunta que hemos estado esquivando desde hace mucho tiempo: ¿cómo queremos que sean nuestros alumnos al salir de 4° Medio? Estoy seguro que la inmensa mayoría de Chile no quiere seguir recibiendo contestadores de pruebas.

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