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Concesiones de Invierno

por 25 enero, 2014

Los hospitales son empresas de servicios, que requieren capital, tecnología, recursos humanos especializados e insumos varios para poder realizar su trabajo. El Ministerio de Salud, en tanto dueño de los hospitales, no es equivalente al Ministerio Secretaría General de la Presidencia o al Ministerio de Agricultura, al de Bienes Nacionales o a otras instituciones “fiscales”. El Ministerio de Salud requiere la realización de fuertes inversiones para cumplir su misión, pues de lo contrario hipoteca su futuro y compromete la salud de los ciudadanos.
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Si las concesiones se reducen a un mecanismo de financiamiento de un inmueble por parte de un privado para la operación de un prestador público de salud, la verdad es que no me quita mucho el sueño, menos si ello redundase en un mejor mantenimiento de la inversión.

Lo que sí es preocupante es que, en manos del Ministerio de Obras Públicas, las concesiones en salud se dieran por bien obradas y por universalmente aceptables, como resultado de la gestión de una tecnocracia un tanto ajena e insensible a los temas que importan en el sector salud. No nos extrañe entonces hoy día que, justificadamente o no, los procesos en marcha empiecen a ponerse en tela de juicio, como, por ejemplo, el que dice relación con la por tantos años esperada reposición del Hospital del Salvador.

El camino trazado por el gobierno anterior –el primero de Bachelet– abrió las puertas del sector salud –y de su sensibilidad– a este sistema de financiamiento para los casos de los hospitales de La Florida y Maipú, en un ambiente acotado que sería objeto de un escrutinio evaluativo ex post, tanto de su implementación, como de su puesta en marcha y posterior operación. Esto, por lo demás, está en el marco de lo que debería realizar el Ministerio de Planificación con la inversión pública en general. Así podríamos aprender de esta primera experiencia en Chile y, en consecuencia, planificar el futuro en función de los aciertos y errores detectados. En la situación actual se discute sobre supuestos y juicios no necesariamente fundados, pues todavía no sabemos si estos formatos son o no son buenos y preferibles para el sector salud en Chile. Existe la sospecha de que los plazos de implementación y sus costos habrían excedido con creces los habitualmente observados en la materia en el sector. ¿Pero esto será tan cierto? La pregunta cabe, dado que todavía no ha existido una evaluación objetiva acerca de este proceso.

Los hospitales son empresas de servicios, que requieren capital, tecnología, recursos humanos especializados e insumos varios para poder realizar su trabajo. El Ministerio de Salud, en tanto dueño de los hospitales, no es equivalente al Ministerio Secretaría General de la Presidencia o al Ministerio de Agricultura, al de Bienes Nacionales o a otras instituciones “fiscales”. El Ministerio de Salud requiere la realización de fuertes inversiones para cumplir su misión, pues de lo contrario hipoteca su futuro y compromete la salud de los ciudadanos.

Interesante es decir que la verdadera primera experiencia en Chile, de la que tampoco aprendimos nada, fue realizada por CODELCO, en Calama, para la construcción del Hospital Salvador Allende, que reemplazó al de Chuquicamata.

Sin embargo, el entusiasmo nos llevó a pensar en realizar muchas nuevas concesiones hospitalarias antes de la esperada evaluación, dado que los requerimientos de inversión en el sector público de salud son de enorme magnitud, lo que claramente es cierto. Pero lo que también es cierto es que el valor presente termina siendo el mismo en flujos de corto plazo (aporte fiscal directo) y de largo plazo (aporte fiscal en cuotas), si acaso lo que se financia es lo mismo y las tasas de interés reflejan riesgos semejantes. Por lo tanto, si todo lo demás es constante, una sobrecarga de concesiones hospitalarias en el presente privilegiará intensivamente la solución de las necesidades y la incorporación de las tecnologías de hoy en desmedro de las de mañana. En efecto, el presupuesto siempre estará acotado y para el futuro ya no quedará espacio de financiamiento producto del pago de las cuotas de las concesiones que se realicen ahora, en especial si éstas son muchas. Es decir, si de “la caja” se trata, el problema se reproducirá más adelante y la inversión marcará ciclos más prolongados en una lógica “adelantar-esperar”.

Una desgracia adicional no menor es que la gestión cotidiana del inmueble y servicios anexos –la administración del contrato con el concesionario– está en manos del MOP y así los gestores de los servicios clínicos –el “core business”– han de correr tras estos intermediarios de la relación para resolver los problemas que se presenten. Esto configura una verdadera “captura”, por parte del MOP, de recursos estratégicos del sector salud que son activos críticos para la prestación de servicios y para la generación de impacto sanitario.

Lo que sí está muy claro es que el sector público de salud necesita una expansión presupuestaria relevante para inversiones, en consideración a la sistemática pérdida de capital que año a año viene ocurriendo y a los requerimientos de transformación que surgen del perfil epidemiológico y del avance tecnológico. Y, por cierto, también es claro que se requiere de una modernización urgente de las modalidades de ejecución presupuestaria de inversiones, en lo principal transfiriendo recursos para que los hospitales decidan autónomamente sobre sus inversiones de reposición (subtítulo 29) sin tener que pedir permiso en toda clase de instancias que la burocracia ha dispuesto para el efecto. Cosas simples como éstas evitarían que el ingenio nos lleve a la creación de fundaciones o corporaciones de ayuda a los hospitales para invertir sin tener que pedir permiso o a que disfracemos inversiones como gasto corriente o a que esperemos demasiado de un sistema de concesiones que no cumplirá con todas las expectativas.

Mal que mal, Los hospitales son empresas de servicios, que requieren capital, tecnología, recursos humanos especializados e insumos varios para poder realizar su trabajo. El Ministerio de Salud, en tanto dueño de los hospitales, no es equivalente al Ministerio Secretaría General de la Presidencia o al Ministerio de Agricultura, al de Bienes Nacionales o a otras instituciones “fiscales”. El Ministerio de Salud requiere la realización de fuertes inversiones para cumplir su misión, pues de lo contrario hipoteca su futuro y compromete la salud de los ciudadanos.

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