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Los desafíos del ministro Eyzaguirre

por 7 febrero, 2014

Quizás lo más complejo en las nuevas tareas del ministro Eyzaguirrre lo constituye el abordaje de dimensiones más pedagógicas, como liderar un proceso que posibilite una nueva conceptualización de la calidad en educación.
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La reciente nominación del gabinete de la Presidenta electa Michelle Bachelet no estuvo exenta de debate o polémicas. Un aspecto importante era conocer quién sería el nuevo ministro de Educación. Como nunca antes en la etapa postdictadura, el nombramiento de Nicolás Eyzaguirre concitó tanto interés, considerando que deberá abordar los grandes desafíos que dejó instalado el movimiento social por la educación, los que son además ampliamente apoyados por la gran mayoría de la sociedad chilena.

Por cierto, la evaluación de su nombramiento puede darse en torno a lo realizado como ministro de Hacienda durante el mandato del presidente Lagos, pero también es cierto que una mejor evaluación consiste en abordar el desempeño que realizará en esta nueva etapa, en atención a que es otro momento político, son otras las prioridades, y algo nada menor: ya no es viable seguir sosteniendo la lógica del Estado subsidiario para la educación. Ese límite no lo impone el nuevo ministro, sino que viene condicionado por los movimientos ciudadanos y por el programa de gobierno.

Hoy día, más allá de las legítimas dudas, de la desconfianza o incertidumbre que genera que un economista que participó en la implementación del CAE se haga cargo de liderar el MINEDUC, lo principal será evaluar el grado de alcance del cumplimiento del programa que sostuvo la Nueva Mayoría en su área educativa y de cómo esas medidas se vinculan y dan cuenta de la participación y voz ciudadana. El alcance, efectividad, profundidad y sentido de las implementaciones públicas educativas serán claves para determinar el éxito o fracaso de la nueva autoridad.



Quizás lo más complejo en las nuevas tareas del ministro Eyzaguirrre lo constituye el abordaje de dimensiones más pedagógicas, como liderar un proceso que posibilite una nueva conceptualización de la calidad en educación. 

La nueva autoridad deberá usar sus habilidades políticas para abordar de la mejor manera las lógicas institucionales, aunando esfuerzos, sumando voluntades para implementar grandes transformaciones que generen tanto un sistema educacional de calidad como una Escuela y una educación de calidad para todos. En esas tareas, su formación académica juega a su favor, ya que le permitiría entrar con mayor propiedad a la implementación de grandes reformas estructurales que necesitan un tratamiento específico, como es el caso de la gratuidad o del financiamiento para el  nuevo sistema desmunicipalizado.

Pero los desafíos del ministro no están sólo en el modelamiento e implementación de la desmunicipalización, en el término del copago, en avanzar en la gratuidad de la educación superior, poner fin al lucro e implementar una real carrera docente, sino que también deberá liderar un proceso participativo que posibilite un sentido de pertinencia y de pertenencia a los cientos de miles de familias chilenas que esperan que la educación pública vuelva al sitial que le corresponde en la República. En ese proceso, la relación de diálogo permanente y real con el movimiento ciudadano es fundamental.

Quizás lo más complejo en las nuevas tareas del ministro Eyzaguirrre lo constituye el abordaje de dimensiones más pedagógicas, como liderar un proceso que posibilite una nueva conceptualización de la calidad en educación.

Ya no basta con anunciar que necesitamos una educación de calidad para todos, sino que decididamente debemos trabajar en una nueva conceptualización de lo que se entiende por calidad. Recibir una educación de calidad es un derecho social, pero ¿qué es calidad? ¿De qué calidad hablamos?

Tampoco podemos conformarnos con una calidad educativa anclada a dimensiones estandarizadoras. El nuevo ministro deberá abordar un debate necesario, que nos distancie de la obsesión por evaluaciones nacionales estandarizadas y por los rankings que nacen a partir de esos resultados. Por lo mismo, se hace necesario que el nuevo ministro nos oriente en un amplio debate político y pedagógico que aborde la tarea de resignificar la calidad educativa, sumando dimensiones asociadas a otros saberes que no sean exclusivamente los memorísticos, convocando a aquellos saberes asociados a los desempeños y habilidades para la vida y el trabajo, que atienda saberes vinculados a un horizonte ético y a los aprendizajes que posibilitan la construcción de ciudadanía y del ejercicio democrático. Saber ser y saber convivir también son dimensiones fundamentales para atender la calidad educativa.

Abordar los cambios paradigmáticos en el sistema educacional y en el concepto de calidad educativa, son procesos que también deben sostener una reconfiguración de nuestra escuela pública y una verdadera revalorización social de nuestro magisterio. En la tarea, el nuevo ministro se encontrará inmediatamente con un proceso indiscriminado de cierres de escuelas públicas y con la tozudez del ejecutivo actual por aprobar una Ley que no aborda una real y necesaria carrera docente. Ambas situaciones deberían ser abordadas con rapidez para su solución.

Unir fuerzas políticas, sociales, y culturales, y convocar saberes académicos y de especialistas para que las grandes transformaciones en educación se lleven a cabo es una tarea que nos compete a todos, especialmente a quienes sostienen la necesidad de un cambio paradigmático donde la educación sea comprendida como derecho social y donde al Estado se le asigne un carácter protagónico, mediante la implementación de un nuevo servicio nacional de educación pública que administre y gestione descentralizadamente los establecimientos públicos del país.

Se pueden seguir enumerando enormes tareas para el nuevo ministro y su portafolio; está el caso de la educación para la primera infancia, el tratamiento de la educación técnica, aspectos multidimensionales como los son la globalización, el multiculturalismo, los asuntos y enfoques de género, la transversalidad que implica la educación sexual o la formación ciudadana, la creación y formación artísticas, el uso de las nuevas tecnologías y un conjunto de ámbitos no detallados que son fundamentales a la hora de pensar nuestra educación para el siglo XXI.

Por lo mismo, el componente pedagógico que contenga el ministro Eyzaguirre, sea a través de sus asesores, de las unidades ministeriales, o bien desde su propia lógica y perspectiva, constituye uno de los aspectos centrales de la nueva etapa ministerial, y sin duda será objeto de una minuciosa evaluación por el conjunto de actores asociados al acto educativo.

En esa evaluación un aspecto importante es la capacidad para recuperar el sentido o fin educativo, tan mermado por las lógicas técnicas asociadas a la estandarización. Nuestras aulas, nuestro magisterio, nuestros estudiantes no pueden seguir presionados bajo la lógica del “enseñar o aprender para el examen”. El acto educativo debe recobrar su complejidad y creatividad en la tarea de formar ciudadanos responsables, sujetos de derechos y de deberes, que convivan en una Escuela atendida y entendida como espacio de encuentro de la diversidad, un espacio de construcción de identidad local y nacional. Una escuela pública que se habilite como un espacio de todos y todas, donde la sociedad aprenda a vivir en sus diferencias y que promueva a través de su propia existencia la democracia.

También es fundamental que el nuevo ministro recobre el diálogo con el magisterio y le otorgue el rol que le corresponde, en tanto que es un actor central para recuperar nuestra educación pública. Para revalorizar la profesión docente, el ministro Eyzaguirre requiere apoyo. El Estado debe promover y colaborar a la constitución de Escuelas de Pedagogía de excelencia, que respondan a las nuevas necesidades del sistema educativo, destacando el rol de las universidades del Estado en esa tamaña hazaña. También facilitar un sistema de desarrollo profesional docente y perfeccionamiento en todo el sistema educativo y, en particular, en el sector público desmunicipalizado, constituir una real carrera docente con remuneraciones justas y con condiciones para la enseñanza que permitan laborar dignamente.

El ministro Eyzaguirre tiene una gran y hermosa tarea por delante. Es de esperar que los hechos y las prácticas digan más que los discursos esperanzadores. Hemos esperado mucho tiempo para que tengamos la posibilidad de construir conjuntamente una nueva educación pública para la República, centrada en las personas y sus comunidades. Esa es la tarea del ministro, pero también de todo un país.

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