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Política en febrero: los secretos del jardín

por 3 marzo 2014

El hermetismo, al estilo de las compartimentaciones de las duras épocas de la clandestinidad, se apoderó del círculo “íntimo”. ¿Era para reducir la influencia de los partidos o simplemente las merecidas vacaciones? Ambas tesis, se comenta entre analistas políticos, son plausibles. Otra jugada silenciosa. Salir de vacaciones para cortar el teléfono y dejar sin conectividad a los políticos tradicionales de la Concertación. Buena jugada, pero más tarde habrá que contar con que esta cohorte es bastante rencorosa y que pasará las cuentas sin miramientos cuando las circunstancias se lo permitan.

Febrero, en la política chilena, fue el mes de las señales complejas, tácitas, imperceptibles incluso. Los hechos coyunturales más importantes fueron cubiertos por silencios densos con una seguidilla de “pasos” (al estilo del dominó, como lo propagó la Presidenta Bachelet), escudados en unas vacaciones estivales que se estiraron convenientemente a la espera de que se desarrollaran soluciones consensuadas… que no llegaron. Todos los subsecretarios que nunca fueron, podrían haber opinado, haberse defendido, haber contraatacado; pero el silencio que ha caracterizado a la estrategia política de la Nueva Mayoría alineó a los involucrados con el silencio, aunque en este caso no tuvo el éxito de la campaña, ya que los mencionados terminaron saliendo por sus propias renuncias, como dijo la futura Presidenta.

Sólo resta la subsecretaria Echeverría, que dejaría a todos tranquilos diciendo que ella está contra todo y todos los que han atentado contra los Derechos Humanos. ¿Es tan difícil para ella decirlo o creerlo? o ¿es tan difícil para la Nueva Mayoría decir que sus representantes sólo pueden estar irrestrictamente en favor de los Derechos Humanos y en contra de todos quienes los han violado? ¿Con qué derecho la DC ataca a Cuba  –y ahora a Venezuela– si ni siquiera es capaz de colocar en su gobierno este respeto como una situación de principios? La ex subsecretaria de Marina y futura subsecretaria de Fuerzas Armadas guardando silencio y permaneciendo allí, muestra que tiene más poder que los otros tres renunciados…. ¿de dónde nace ese poder?

La también tácita idea de convivencia cívica de las reuniones de ministros salientes y entrantes fue una jugada del gobierno actual para mostrar su transparencia. Todo –se intenta mostrar– es parte de un sistema de continuidad, transparente y regular. Como dijese Longueira, cuando estaba sano, el próximo podría ser el sexto gobierno de la Concertación o de la derecha. Todos saben que una de las tareas evidentes de la coalición entrante será mostrar los errores, arreglos o acuerdos contractuales con personas y empresas que habrá dejado el gobierno de Piñera. Es decir, las fotos de la entrega de carpetas darán paso rápidamente a agudas críticas, dimes y diretes.

El hermetismo, al estilo de las compartimentaciones de las duras épocas de la clandestinidad, se apoderó del círculo “íntimo”. ¿Era para reducir la influencia de los partidos o simplemente las merecidas vacaciones? Ambas tesis, se comenta entre analistas políticos, son plausibles. Otra jugada silenciosa. Salir de vacaciones para cortar el teléfono y dejar sin conectividad a los políticos tradicionales de la Concertación. Buena jugada, pero más tarde habrá que contar con que esta cohorte es bastante rencorosa y que pasará las cuentas sin miramientos cuando las circunstancias se lo permitan.

Esto mismo (las críticas a su antecesora) hizo Piñera. En concreto, no encontró los grandes “negociados” que anunciaba en la campaña cuando se atacó la probidad de la Concertación. Tampoco el gobierno de Piñera pudo mostrar eficiencia –en el sentido empresarial que le gustó destacar en su campaña– y mostrar algún área, proyecto o programa en que la derecha lo haya hecho notablemente mejor que la Concertación. Más bien, quedará en la historia que el Censo, la CASEN, la ficha de protección social, los sistemas informáticos del Registro civil y del Fonasa (proyectos de mayor envergadura en esta área) quedaron en el gobierno de Piñera peor que antes.

Aun así, el Ministro Larroulet entregó una serie de indicadores comparativos (las comparaciones son odiosas y peor aun cuando, al comparar hacia atrás, se ataca hacia adelante) en que PIB, empleo, inversión, construcciones hospitalarias, becas estudiantiles aparecen mejor que en el periodo Bachelet “punto1”. El ministro Larroulet, ladinamente, incluso coloca, cuando le es conveniente, datos 2014 para decir que es parte de la proyección de su obra. No cabe duda que las fotos de traspaso de mando, que parecen más bien de buena crianza, van a cesar a cortísimo plazo. Cuatro años es demasiado poco y hay que afianzarse desde el comienzo, porque no hay tregua ni “veranito”.

Los estudiantes también dijeron sin decir. Bastó con un agudo movimiento twittero y de las redes sociales para “despacharse” una subsecretaria. Estas son las mejores batallas. Derrotar rivales sin gastar municiones. Aunque si el ministro Eyzaguirre no tiene algo muchísimo más concreto que someter a discusión de la ciudadanía antes del 20 (creo que esa es la fecha de la primera marcha estudiantil), las cosas se le pondrán “cuesta arriba”. Ya demasiados ministros en los últimos 20 años han salido a ofrecer “espejitos” a cambio de la paz social. Funcionó, pero es posible dudar de que seguirá funcionando. La “pachorra” que permite ser ministro de Hacienda con amplios poderes, puede que no sea tan fácil para un simple ministro de Educación que, le guste o no, tendrá que consultar acerca de los fondos disponibles para un proyecto que la ciudadanía no conoce hasta ahora.

El silencio de la Nueva Mayoría, luego de su estupendo triunfo electoral, llegó al punto de que ni siquiera dejaron abierta la oficina de partes del comando. Hasta el propio presidente del PS dijo que podría haberse dejado “aunque fuese” una vocería en vacaciones. El problema es que los partidos tampoco tenían a quien dirigirse, ya fuera para evaluar sus propuestas de nombres para ocupar los cargos estelares, como para opinar de los otros que circulaban. El hermetismo, al estilo de las compartimentaciones de las duras épocas de la clandestinidad, se apoderó del círculo “íntimo”. ¿Era para reducir la influencia de los partidos o simplemente las merecidas vacaciones? Ambas tesis, se comenta entre analistas políticos, son plausibles. Otra jugada silenciosa. Salir de vacaciones para cortar el teléfono y dejar sin conectividad a los políticos tradicionales de la Concertación. Buena jugada, pero más tarde habrá que contar con que esta cohorte es bastante rencorosa y que pasará las cuentas sin miramientos cuando las circunstancias se lo permitan.

¿Se abrió una línea divisoria entre las viejas elites concertacionistas y una nueva camada cuyo “símbolo” es Peñailillo, como lo insinuó Francisco Vidal? Demasiado temprano para asegurarlo. En realidad, lo que va a configurar alianzas y reacomodos no es la edad ni el “origen”, sino cuánto se va a cumplir del programa de Bachelet. Las tendencias de la NM se van a rearticular entre progresistas y conservadores y allí se va a jugar el destino de los ministros, según cuanto quiera la propia Presidenta jugar hacia uno u otro lado.

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