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Eyzaguirre: el ministro estrella

por 4 abril 2014

Eyzaguirre: el ministro estrella
No fuimos pocos quienes también pensamos que, tanto la Presidenta como Eyzaguirre, estaban haciendo una apuesta en grande: si la agenda educacional se resuelve bien, puede ser el mejor caballito de batalla para evidenciar el éxito de la actual administración y el tema que, nuevamente, puede poner a Eyzaguirre entre los presidenciables con mejor pole position.

Ningún periodista le creyó un ápice cuando en agosto del año pasado, en off, explicó que su renuncia al directorio de Canal 13 era porque quería “potenciar su vocación social y artística”. Más bien en aquella oportunidad todos los medios pusieron énfasis, como causa de su alejamiento, en su distanciamiento con el directorio del canal católico y su posible ingreso al comando presidencial de Michelle Bachelet. Y es que siete meses después de ese episodio, Eyzaguirre ha cumplido a cabalidad su palabra, siendo no solo uno de los ministros con mayor perfil público sino, también, el mejor intérprete de lo que quiere la Presidenta para este periodo.

Tanto es así que, cuando arreciaban las críticas por los errores en los nombramientos de gobernadores, el Ejecutivo trató de pasar el bochorno aprovechando el buen manejo de la agenda de Educación que había hecho el ministro y anunciar el retiro de los proyectos educativos de la administración Piñera que, como todos sabemos, estaban muertos desde la caída de Beyer, prueba de ello es que la ministra saliente no hizo ningún esfuerzo por avanzar en su tramitación. Y al gobierno le fue bien en el anuncio, aunque no pudo evitar lo obvio: que las Cámaras continuarán concentrándose en el ministro, quien –dando cuenta de un olfato experto– supo mejor que ningún miembro del gabinete leer el signo de los tiempos.

Y es que, desde que el ex de Hacienda asumió esta cartera (dio una señal notable cuando un par de días antes de su nombramiento dijo “yo fui a un colegio ‘cuico’. Fui al Verbo Divino, y les puedo decir que muchos alumnos de mi clase eran completamente idiotas; hoy día son gerentes de empresas. Lógico, si tenían redes. En esta sociedad no hay meritocracia de ninguna especie”), supimos inmediatamente que él no iba a ser “un ministro más del ramo” en una cartera que, desde 2006, se ha transformado en la agencia estatal con más alta rotación y demolición de carreras políticas –siete secretarios de Estado, dos destituciones y un “jarrazo”– y que detrás de su decisión de aceptar el cargo hubo una meditación profunda y larga sobre sus dos escenarios de salida posible: derrotado y con las más bajas tasas de aprobación en las encuestas y una carrera política muerta, o como candidato presidencial. Y es que el ministro se ha transformado en la verdadera novedad y sorpresa del actual gabinete, como algunos lo dijimos desde un comienzo.

Y si bien sus compañeros de colegio no lo recuerdan con el manejo comunicacional que alcanzó como dueño de la billetera fiscal, ni menos como el hombre más popular –no era bueno para los puñetes ni para los deportes–, sino como un chico que se manchaba permanente con tinta, lo cierto es que ‘Tolín’ ya daba muestras de joven desordenado –de hecho fue expulsado del Verbo Divino– y también rebelde, motivo por el cual ingresó tempranamente a las Juventudes Comunistas y militó en la clandestinidad, jugándose el pellejo en una organización que era el flanco predilecto de los organismos represores de la dictadura y que abandonó cuando partió a Estados Unidos. Fue allí, particularmente en Harvard –donde nunca pudo obtener el grado de doctor en Macroeconomía–, el lugar en que cambió su visión del mundo, llegando a reconocer “su error” por haberse adscrito a las teorías socialistas.

Y aunque es muy difícil evaluar a un gobierno y sus ministros a casi un mes de gestión, huelga decir que, en líneas gruesas, el primero ha tenido una buena puesta en escena, sólo opacada por sus propios ripios en los nombramientos, mientras que Eyzaguirre brilla con luces propias, transformándose en el mejor intérprete de las aspiraciones de cambio de la actual Mandataria, dando cuenta de su tremenda vocación social y artística, las mismas razones y motivos que ofreció como causa de su alejamiento del directorio de Canal 13 y que, entonces, nadie creyó.

Fue en aquella época cuando ingresó a trabajar al Fondo Monetario Internacional (FMI) y donde, según algunos de sus amigos, se puso “un poco idiota”, excesivamente neoliberal y, como muchos ex revolucionarios, pasó de una ortodoxia a otra. Trabajó también en Vector, Cepal, el Banco Central y nuevamente en el FMI, aunque ahora como su director ejecutivo, manteniendo un bajo perfil público. Su nombre volvió a salir a la palestra a raíz de su nombramiento como el flamante ministro de Hacienda de Ricardo Lagos, tal vez, el único Presidente de centroizquierda que sí ha sabido de economía. Es durante esa administración donde se hace conocido, primero como el hijo de una celebrada actriz que por aquella época interpreta un culebrón muy popular –Delfina Guzmán, en el Circo de las Montini–, y luego como el ministro que lleva las riendas económicas del país y que discute de tú a tú con el Presidente en los gabinetes si de temas económicos se trata.

Al final del mandato de Lagos, ya era uno de sus ministros más populares, tanto por su manejo económico, como por ser el hijo de la conocida actriz de telenovelas, así como por su pasado rebelde y hippie que se expresaba en su pelo desordenado y su vestimenta semiformal. Por ello es que llegó a sonar como eventual ministro de Bachelet, hasta que cometió el error de abusar de su confianza con la candidata y proferir una frase que le costó caro, pues pese a sus disculpas públicas quedó fuera de los nombramientos más relevantes. Aun así, colaboró con esa administración en un cargo más bien menor, presidiendo el Consejo para la Innovación, puesto que alternó con sus labores docentes en la Universidad de Chile.

En 2012, vuelve a aparecer en la palestra pública a raíz de su nombramiento como director ejecutivo del Canal 13 de los Luksic, cuestión que le gatilla muchas críticas. Luego del rotundo triunfo de Bachelet en las primarias de la oposición, Eyzaguirre renuncia a su cargo en el canal católico y se aproxima a paso rápido al comando. Paralelamente, crece su protagonismo público y comienza a dar entrevistas nuevamente. Allí va poniéndose a tono con el signo de los tiempos y con las demandas de la calle. Las entrevistas se multiplican y, una semana antes de su nombramiento, emite las declaraciones sobre sus compañeros del Verbo Divino que dan la vuelta al mundo y que son reproducidas por la prensa un par de días previos al anuncio sobre el nuevo gabinete.

Y si bien su nombramiento encrespó a algunos, pues inmediatamente surgió la comparación con su anterior gestión en Hacienda, marcadamente neoliberal y donde se dio impulsó a algunas de las iniciativas legislativas que más afligen a Educación –CAE, Acreditación, Ley SEP, etc.–, lo cierto es que no fuimos pocos quienes también pensamos que, tanto la Presidenta como el  mismo Eyzaguirre, estaban haciendo una apuesta en grande: si la agenda educacional se resuelve bien, puede ser el mejor caballito de batalla para evidenciar el éxito de la actual administración y el tema que, nuevamente, puede poner a Eyzaguirre entre los presidenciables con mejor pole position.

Y el ministro así lo demostró: comenzó primero por buscarse un arco transversal de colaboradores, incluyendo, por primera vez, a dos ex dirigentes estudiantiles; paralelamente, desde un comienzo se mostró abierto y dispuesto al diálogo y no se cansó de invitar a sus oficinas a los dirigentes estudiantes, al punto de que hoy éstos están acorralados y son ellos quienes, ahora, se muestran como intransigentes; se ha mostrado diligente, con un estilo gerencial y menos acartonado, que ha sorprendido a moros y cristianos y, a su vez, ha puesto la agenda educativa en el centro de la discusión pública, logrando aplacar, a veces, el estilo improvisado, en particular, de los ministros de Palacio; de paso, ha emitido un par de frases que se han transformado en la pesadilla de los representantes del lucro –“no se entregará financiamiento a universidades que den títulos de baquelita”–, y que han gatillado duras replicas por parte de los rectores de las universidades aludidas, al extremo que, para morigerar el debate, el ministro tuvo que acotar sus dichos, aunque a partir de ellos están hoy enfrentados los rectores de las universidades públicas y privadas, abriéndose una discusión pública que no se había visto en el Chile de la transición.

Y aunque es muy difícil evaluar a un gobierno y sus ministros a casi un mes de gestión, huelga decir que, en líneas gruesas, el primero ha tenido una buena puesta en escena, sólo opacada por sus propios ripios en los nombramientos, mientras que Eyzaguirre brilla con luces propias, transformándose en el mejor intérprete de las aspiraciones de cambio de la actual Mandataria, dando cuenta de su tremenda vocación social y artística, las mismas razones y motivos que ofreció como causa de su alejamiento del directorio de Canal 13 y que, entonces, nadie creyó.

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