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La acción colectiva de la élite empresarial: todos en contra de la Reforma Tributaria

por 14 abril 2014

Marx ya señalaba con mucha anterioridad que la burguesía es la clase social más revolucionaria; premisa que no tiene el más mínimo asidero con las prácticas de la élite económica chilena, que todavía intenta afianzarse a una práctica de “acumulación primitiva” sin entender la necesidad de la redistribución como mecanismo necesario para el adecuado funcionamiento de la sociedad, y también de sus negocios.

Es frecuente encontrar en la literatura de las ciencias sociales importantes aportes al estudio de los movimientos sociales y la acción colectiva. Básicamente, en algunos autores relevantes, estas dos categorías son indisolubles, y han permitido mostrar en gran parte la naturaleza organizada de los movimientos sociales clásicos, como el movimiento obrero, así como también los movimientos sociales más contemporáneos, como el movimiento ecologista, el movimiento feminista, entre otros de similar importancia. En tal sentido, gracias al estudio sistemático de la sociología política y la historia, podemos conocer cómo se han organizado los movimientos, cuáles son sus formas de funcionamiento, sus objetivos sociales y políticos, y su impacto en las sociedades en que se desarrollan.

Pero en esa misma dirección, han sido escasos, si no prácticamente nulos, los trabajos enfocados en dar cuenta de la acción colectiva organizada que generan las élites, tanto a nivel político como económico. Esta última dimensión pareciera ser mucho más difícil de rastrear, entre otras razones, por la inaccesibilidad de los cientistas sociales a las fuentes directas de quienes ejercen gran parte del poder económico, así como también por la alta complejidad de poder demostrar empíricamente la relación causal entre la pertenencia de ciertos individuos a una élite y la influencia directa que emana de su poder económico, y que tiene un impacto directo en otras personas que carecen de dicha condición de privilegio.

En la literatura de las élites existen algunas nociones muy básicas en torno a la idea de una coordinación y organización del poder: ya en Mosca, Pareto y Michels, en la primera mitad del siglo pasado, esta idea de la asociación de los miembros de la élite en contra de la sociedad está muy presente, al igual como está sumamente latente en la sociología de Wright Mills, para quien Estados Unidos en la década de los 50 –pleno auge de las economías del Bienestar– estaba dominado por una élite militar, económica y política que erigía sus acciones hacia la sociedad en forma coordinada.

Marx ya señalaba con mucha anterioridad que la burguesía es la clase social más revolucionaria; premisa que no tiene el más mínimo asidero con las prácticas de la élite económica chilena, que todavía intenta afianzarse a una práctica de “acumulación primitiva” sin entender la necesidad de la redistribución como mecanismo necesario para el adecuado funcionamiento de la sociedad, y también de sus negocios.

Hoy en día, estas ideas antes mencionadas sobre la coordinación de una acción colectiva racional por parte de las élites, ya desarrolladas con muchas décadas de antelación, nos permiten elaborar ciertas intuiciones y percepciones “sospechosas” sobre el comportamiento de las élites económicas en nuestro país, a propósito de las reacciones coordinadas en forma de bloque que han realizado algunos miembros de la élite económica en forma individual, como el mismo Sr. Andrónico Luksic, y también algunas instituciones interesadas, como la CPC, la CMPC, SOFOFA, y algunos agentes del mercado inmobiliario, entre otros individuos con suficiente poder económico, y que a todas luces rechazan directamente un alza de impuestos.

Muestras de coordinación y acción colectiva de la élite económica en nuestro país hay varias –claramente ninguna estudiada empíricamente–, tales como la acción coordinada que realizaron las grandes cadenas de farmacias para aumentar los precios de los medicamentos, así como también las acciones orquestadas de los dueños de las grandes multitiendas para repactar unilateralmente, donde La Polar precisamente fue la institución que recibió el mayor peso de la ley y el castigo público.
Pero el ejemplo más visible y actual es la reacción, y posterior acción racional en bloque, de parte de quienes poseen más riqueza en nuestro país. No sólo Eliodoro Matte se ha pronunciado negativamente respecto a la Reforma Tributaria que intenta impulsar la Nueva Mayoría, sino, además, miembros de la élite económica pertenecientes al mundo de las AFP, los que ya proyectan una caída del 6% en las pensiones en caso de aprobarse dicha reforma.

Pero como toda acción colectiva requiere sofisticados niveles de colaboración y coordinación, ella no podría ser llevada a cabo sin importantes medios de comunicación con intereses económicos directos, como es el caso de los diarios El Mercurio y La Tercera. Cualquier persona que lea estos medios de comunicación, podrá captar la racionalidad a la que apuntan gran parte de sus publicaciones en los últimos días, las que tienen como objetivo satanizar la aprobación de la Reforma Tributaria, intentando dar a conocer los efectos “catastróficos” de un alza de impuestos al 10% más rico de Chile.

Y precisamente hablamos de una élite económica por la imposibilidad de hablar de una burguesía como clase social –o, en un lenguaje más contemporáneo, como empresariado moderno–, con la suficiente racionalidad para dirigir el proceso de modernización en nuestro país de la mano de una política del bienestar. Solamente se puede hablar de élite en la medida en que dicho concepto se iguala al de oligarquía: un sector social tradicional que rehúye la modernización y que no comprende las reglas básicas del capitalismo; una oligarquía sofisticada pero con escaso “capital cultural”, concentrada en pocos individuos, cuyas ganancias son inconmensurables –porque, entre otras cosas, no declaran todas sus utilidades, y hasta eso ven como algo impensable–. Una élite cuyos miembros se logran articular en una acción que intenta hacer entender a la sociedad que, sin ellos, el crecimiento económico no es posible. Su déficit de capital cultural es tal que su racionalidad económica y la posibilidad de ganar (y especular) es tan poderosa que se sobrepone a la comprensión cultural de un orden social armónico y con mayor bienestar de la sociedad.

Marx ya señalaba con mucha anterioridad que la burguesía es la clase social más revolucionaria; premisa que no tiene el más mínimo asidero con las prácticas de la élite económica chilena, que todavía intenta afianzarse a una práctica de “acumulación primitiva” sin entender la necesidad de la redistribución como mecanismo necesario para el adecuado funcionamiento de la sociedad, y también de sus negocios.

Finalmente, no es posible aseverar con exactitud y validez empírica si estamos frente a una acción social colectiva de la élite económica, y por eso esto se plantea a nivel de intuición o imaginación sociológica, pero sí da a pensar y reflexionar sobre la naturaleza de una élite que ve trastrocada la realidad ante una inminente redistribución social que afectará en el futuro sus tasas de ganancia, pero que simultáneamente protegerá y generará mayor bienestar en las capas medias y en los sectores más populares, porque éstos podrán destinar mayores recursos económicos, ya no al pago de la educación o de una mejor salud, sino a otro tipo de consumo, tal cual ocurre en los países desarrollados.

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