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Las reformas son políticas e ideológicas

por 26 abril 2014

Recordemos cuando Norbert Lechner, por allá por la década de 1980, señalaba que la dictadura criticaba la política, pero hacía y construía su propia política con un lenguaje técnico, con lo cual intentaba sustraer del debate público la relevancia de ciertos temas, relegando a los ciudadanos a su espacio privado, dejando el “debate” y las decisiones en manos de los mentados “técnicos” o “expertos”, los cuales en el fondo eran funcionales al proyecto hegemónico de la dictadura.

El recientemente fallecido Ernesto Laclau, señalaba el año 2012 que: “Las instituciones no son arreglos formales neutrales, sino la cristalización de las relaciones de fuerza entre los grupos. A cada formación hegemónica –entendiendo por tal la que se impone por todo un período histórico– habrá de corresponder una cierta organización institucional. Hay, por tanto, que preguntarse por las relaciones de poder existentes en la sociedad si se quiere develar el sentido de las instituciones”. En ese sentido y siguiendo a Laclau, cabe preguntase si las propuestas y el respectivo debate sobre la reforma tributaria y educacional (y las que vengan a futuro), constituyen un tema neutral, imparcial, bien, como algunos quieren decir, solamente “técnico” o estamos en presencia de un debate político e ideológico (construcción de sentido) que tiene que ver con espacios de poder, conflicto y antagonismo, presentes y constitutivos de toda sociedad humana.

Algunos defienden y propugnan que las reformas deben circunscribirse a un debate meramente “técnico”, por lo tanto, no deben “politizarse”, menos desvirtuarse con ciertos discursos “ideológicos”. Para nadie es un misterio que dicho punto de vista se enmarca en aquel discurso neoliberal que –entre otras cosas– busca situar los temas bajo su concepción de gestión y administración, haciendo creer una falsa imparcialidad y neutralidad a la hora de exponer sus puntos de vista o la defensa (corporativa) de sus intereses. Por ejemplo, es evidente que la opinión y punto de vista (criticas) de El Mercurio, La Tercera, grandes empresarios, la UDI y sus intelectuales orgánicos representan (defienden) determinadas concepciones políticas e ideológicas, una visión de la sociedad. Aquello es absolutamente legítimo, incluso necesario en una democracia.

Lo que resulta paradójico (por decir lo menos) es que dichos sectores en medio del debate de ideas, califiquen y cataloguen, incluso caricaturicen a otros de “politizados” e “ideologizados”, cuando en el fondo sus propios puntos de vista están dando cuenta de la “politización” e “ideologización” desde donde ellos se están planteando. En ese sentido, todos de una u otra forma hablamos, opinamos y argumentamos desde una determinada realidad o concepción política e ideológica, el punto es que no todos lo dicen o expresan. Es ahí la estrategia de estos sectores que intentan pasar por neutrales, imparciales, incluso apolíticos, amparándose bajo un falso argumento “técnico”.

Recordemos cuando Norbert Lechner, por allá por la década de 1980, señalaba que la dictadura criticaba la política, pero hacía y construía su propia política con un lenguaje técnico, con lo cual intentaba sustraer del debate público la relevancia de ciertos temas, relegando a los ciudadanos a su espacio privado, dejando el “debate” y las decisiones en manos de los mentados “técnicos” o “expertos”, los cuales en el fondo eran funcionales al proyecto hegemónico de la dictadura.

Recordemos cuando Norbert Lechner, por allá por la década de 1980, señalaba que la dictadura criticaba la política, pero hacía y construía su propia política con un lenguaje técnico, con lo cual intentaba sustraer del debate público la relevancia de ciertos temas, relegando a los ciudadanos a su espacio privado, dejando el “debate” y las decisiones en manos de los mentados “técnicos” o “expertos”, los cuales en el fondo eran funcionales al proyecto hegemónico de la dictadura.

Por lo tanto, la reforma educacional así como la tributaria, no son un mero tema “técnico”, estas se enmarcan en un debate político e ideológico, ya que constituyen temas de carácter controversial, polémicos, campos en disputas, de relaciones de poder al interior de una sociedad (construcción de hegemonía), en la cual distintos grupos y sectores luchan –dentro del juego democrático– por hacer prevalecer o imponer sus puntos de vista, concepciones valóricas, culturales o intereses económicos.

De ahí, entonces, que estas reformas se enmarquen en un debate político e ideológico, ya que tienen que ver con el tipo de Estado, sociedad y sujetos políticos que queremos instituir. Por ejemplo, en materia tributaria, qué función queremos asignar al Estado en materia de políticas públicas, redistribución de los ingresos y función social. Mientras que en materia educativa implica el tipo de formación, valores y construcción cultural que queremos entregar a nuestros jóvenes y estudiantes.

En consecuencia, y retomando lo señalado por Laclau, el debate sobre estas y las próximas reformas (tipo de instituciones o institucionalidad) requiere dar cuenta, revelar aquellas relaciones de poder que se esconden tras un falso discurso de neutralidad, imparcialidad o “técnico”, el cual no es otra cosa que el mismo discurso dominante que pretende seguir homogeneizando y hegemonizando la sociedad a través de sus diversos aparatos ideológicos (medios de comunicación, universidades, centros de pensamiento, intelectuales).

Si como sociedad somos capaces de situar estos y otros temas en el campo del debate político e ideológico, entonces estaremos avanzando decidida y progresivamente en superar aquella perspectiva técnica y administrativa, propia del discurso neoliberal –aún– imperante en nuestro país.

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