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1914

por 17 mayo 2014

A veces tengo la impresión de que Europa sigue siendo un barril de pólvora. Con esa imagen de horror decidí irme a la cama. Afortunadamente no soy político y no tengo que tomar mañana ninguna gran decisión. Igual, no dormí bien. El fantasma de 1914 produce insomnio en las almas.

Cuando leemos una novela o vemos una película histórica, nos son reveladas imágenes cuya intensidad no puede ser captada por textos de historia. La razón reside en que novelas y filmes, al no estar centrados en el análisis de los llamados procesos y estructuras, no nos atiborran de datos ni pretenden dar cuenta “objetiva” de la realidad. Por el contrario, sus actores son seres imperfectos, sujetos a ideales, pasiones e intereses: como todos los humanos.

De tal modo, después de una novela o de un film histórico, solemos pensar si, a diferencia de lo que ocurre en los textos de historia, las cosas podrían haber sido de otra manera bajo el supuesto de que los actores no hubieran sido (tan inteligentes o tan estúpidos) como fueron. Por supuesto, esa duda no podemos plantearla al leer un libro de historia. Pues, si hay un tiempo verbal prohibido a los historiadores, es el subjuntivo.

¿Cuántas veces dije a algún estudiante?: “No hable en subjuntivo, la historia no se ocupa de lo que pudo haber sido, sino de lo que fue. El tiempo de la historia es el pasado y nada más que el pasado”.

Pero sin el subjuntivo no podemos entender una obra literaria o fílmica. Sin la posibilidad de la conjetura, afirmo, no puede, además, haber ninguna obra de arte. Esa es la razón por la cual ahora, cuando quiero escribir una nota conjetural sobre la Primera Guerra Mundial, no comenzaré hablando sobre ningún libro de historia sino sobre un “thriller”: El Atentado, una producción alemana-austriaca de 2014 dirigida por Andreas Prochaska.

Su primer actor es Florian Teichmeister en el rol del inspector Leo Pfeffer, encargado de dilucidar el atentado que terminó con las vidas del príncipe heredero Franz Ferdinand y su esposa. La mayoría de los historiadores opina que ese atentado, si no “causa”, fue el origen de la Primera Guerra Mundial.

¿Qué habría pasado si el príncipe hubiera sobrevivido? ¿O si el atentado realizado por el serbio Gavrilo Princip no hubiera tenido éxito?

El film insinúa que no habría sucedido nada distinto. La decisión de declarar la guerra a Serbia ya había sido tomada en Viena. No obstante, Franz Ferdinand no estaba a favor de una guerra a Serbia. La pregunta del filme queda flotando en el aire. ¿Fue enviado Franz Ferdinand al sacrificio por las autoridades austro-húngaras?

¿Y que habría sucedido si el presidente Poincaré de Francia, comisionado por las potencias europeas para convencer a Nicolás ll de no intervenir en Rusia, no hubiese en vez de eso azuzado al Zar en contra de Austria y de Alemania? ¿Y que habría sucedido si el monarca alemán Wilhem ll –convencido por sus generales de que Rusia, dada su inferioridad militar, no iba a reaccionar– no hubiese dado un cheque en blanco a los austriacos para que actuaran cuándo y cómo estimaran conveniente? ¿O si no hubiera declarado la –perfectamente evitable– guerra a Francia? ¿Y si no hubiera decidido atacar a Francia a través de Bélgica, donde encontró una inesperada resistencia? ¿Y si Inglaterra no hubiese acudido en defensa de Bélgica para ponerse al lado de Rusia y Francia? ¿Y si Nicolás ll y Wilhem ll no hubiesen sido tan irresponsables e irse de vacaciones justo cuando iba a estallar la guerra?

Esas preguntas llevan a otra pregunta decisiva: ¿Y qué habría sucedido si el conflicto no hubiese pasado de una escaramuza entre Austria y Serbia como todo el mundo creía que iba a ser? La respuesta es obvia: la Primera Guerra Mundial nunca habría estallado.

¿La Segunda Guerra Mundial habría sido entonces la primera? Tampoco es tan cierto: ni la política ni la historia tienen que ver con matemáticas. El razonamiento histórico y político dice en cambio: la Segunda Guerra Mundial sólo fue posible gracias a la Primera.

Pensemos otra vez en subjuntivo: si no hubiese estallado la Primera Guerra, no habría habido Tratado de Versalles. Así la Socialdemocracia alemana no se habría dividido. Lo más probable es que los socialdemócratas habrían gobernado Alemania y los socialdemócratas rusos (bolcheviques y mencheviques unidos) habrían gobernado junto con los nacional-revolucionarios y los liberales. No olvidemos que hasta el momento de su muerte, Lenin tenía un pie metido en la socialdemocracia. En resumen, no habría habido estalinismo.

A la vez, sin el leonino tratado de Versalles a que fue sometida Alemania por Francia e Inglaterra, y sin estalinismo, no habría habido ascenso nazi. En el peor de los casos, Hitler habría sido un breve y pintoresco episodio. ¿Quién iba a pensar que ese atentado llevado a cabo por un grupo de enloquecidos nacionalistas serbios iba a desencadenar dos guerras mundiales, el holocausto, más millones y millones de muertos?

El filme El Atentado termina cuando el comisario Pfeffer entrega a sus superiores los resultados de la investigación en la que se demostraba que el asesinato a Franz Ferdinand no tenía nada que ver con el gobierno de Serbia. Las autoridades lo miraron como a un pájaro raro. ¿A quién le interesaba en ese momento el atentado?

Después del filme hube de pasar inevitablemente del tiempo subjuntivo al condicional. Ocurrió cuando aparecieron en el noticiario las imágenes de Ucrania.

Putin moviliza a los movimientos separatistas de acuerdo a una doctrina religiosa y étnica del año 1914. Europa mantiene –todavía– la unidad de su eje central (Alemania, Francia e Inglaterra) y con ello la Alianza Atlántica sigue vigente. Pero por otra parte no hay acuerdo en cómo enfrentar la expansión rusa. ¿Qué pasará si las débiles sanciones no logran detener a Putin? ¿No sería mejor –opinan otros– dejar que Putin haga lo que quiera en Ucrania? Pero ¿qué hacer con esa mayoría de ucranianos que piden ayuda? Y, sobre todo, ¿qué hacer con los países bálticos y con Polonia, amenazados desde Rusia?

Y, no por último, si a un grupo de exaltados, de esos que sobran en Europa, se les ocurriera hacer un atentado a alguien políticamente importante, ¿qué podría pasar? (Imaginemos: Merkel visita Kiev y un grupo de fanáticos separatistas pro-rusos hace volar su automóvil). ¿1914 en el 2014? No quiero ni pensarlo.

A veces tengo la impresión de que Europa sigue siendo un barril de pólvora. Con esa imagen de horror decidí irme a la cama. Afortunadamente no soy político y no tengo que tomar mañana ninguna gran decisión. Igual, no dormí bien. El fantasma de 1914 produce insomnio en las almas.

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