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¿Dónde invertir la reforma?

por 21 mayo 2014

Porque cuando en 30 años más nuestros hijos y nietos evalúen las decisiones que tomamos como país frente a esta oportunidad, veremos si quedamos en la lista junto a Australia, Nueva Zelanda y tantos otros, o si decidimos como país valorar la profesión docente y asegurar que todos los niños y niñas de Chile tengan grandes profesores.

Hace una semana se aprobó en la Cámara de Diputados la reforma tributaria, y aunque no esté claro el monto total que recaudará, todo parece indicar que como país enfrentaremos una oportunidad única de inyección de recursos al gasto público. Los alrededor de 8.000 millones de dólares que recaudaría representan un aumento de presupuesto histórico para Chile.

Ahora el Gobierno y la ciudadanía se enfrentan a la gran pregunta que surge con cualquier aumento presupuestario: ¿dónde gastar dichos recursos? Educación, parece ser la respuesta consensuada. Lo confirman los miles de estudiantes marchando la semana pasada, así como gran parte de las voces expertas. La Educación se alza como la inversión más sensata, dado su comprobado impacto en construir un país más justo y con oportunidades para todos.

Pero el ministro Eyzaguirre tiene una tarea difícil. Las políticas públicas en Educación en el mundo, históricamente han demostrado ser especialmente complicadas. Inefectivas. Un clásico barril sin fondo. No basta con aumentar el gasto para conseguir resultados. Entre 1970 y 1994, Australia aumentó en un 270% el gasto real por estudiante, sin ningún impacto en aprendizajes de los estudiantes. Nueva Zelanda lo hizo en un 223% y la misma historia. Francia en un 212%, y la lista es larga (Prichett, 2004; Woessmann, 2002).

Porque cuando en 30 años más nuestros hijos y nietos evalúen las decisiones que tomamos como país frente a esta oportunidad, veremos si quedamos en la lista junto a Australia, Nueva Zelanda y tantos otros, o si decidimos como país valorar la profesión docente y asegurar que todos los niños y niñas de Chile tengan grandes profesores.

No da lo mismo dónde invertir la reforma. Lo probable es que no tengamos una oportunidad similar en mucho tiempo. ¿Cómo hacer, entonces, para que no nos pase lo mismo? La evidencia, si bien reconoce que el problema es complejo, es bastante concluyente en que conviene invertir antes que después. Los grandes cambios en el futuro de Chile se lograrán invirtiendo en la educación inicial y escolar (McLain, 1999). ¿Pero en qué? La respuesta es clara y de sentido común. Los profesores son el factor intraescuela de mayor impacto en los aprendizajes. Un buen profesor logrará impactos sustancialmente superiores, en comparación a un mal profesor, en niños similares (Sanders y Rivers, en Barber, 2007). Y, paradójicamente, en Chile nos hemos permitido generar un sistema donde día a día se vuelve muy difícil ser un buen docente.

El problema educacional es muy complejo, y no existen “balas de plata” con la solución para todo. Pero una carrera docente que atraiga y retenga a los mejores docentes en el aula es la inversión prioritaria.

Por eso el anuncio de la subsecretaria de Educación sobre una nueva Política Nacional Docente, a pocos días de la aprobación de la reforma tributaria por los diputados, da en el clavo sobre el pilar fundamental de la nueva reforma educacional. Porque cuando en 30 años más nuestros hijos y nietos evalúen las decisiones que tomamos como país frente a esta oportunidad, veremos si quedamos en la lista junto a Australia, Nueva Zelanda y tantos otros, o si decidimos como país valorar la profesión docente y asegurar que todos los niños y niñas de Chile tengan grandes profesores.

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