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La amenaza de la otra Región Metropolitana

por 24 mayo 2014

En este sector rural, existe una amenaza mayor para el desarrollo futuro de la agricultura en la región y que se replica a nivel país. Esta amenaza es el déficit del recurso hídrico que luego de 3 años de sequía mantiene los acuíferos, ríos y caudales naturales, así como también pozos, tranques y obras menores de riego, con niveles muy insuficientes de agua, afectando negativamente el riego de los campos y haciendo latente el riesgo de disminuir la producción a raíz de este déficit.

En la región metropolitana de Santiago –la más habitada de Chile–, se asienta poco más del 40% de la población del país. De las 32 comunas que contiene esta región, 18 son rurales, lo que representa la presencia de un sector agrícola principalmente hortofrutícola que equivale a un 3% de la región en términos de población, pero que concentra más de 150.000 hectáreas de producción con los mejores suelos del país y que aporta en términos productivos cerca del 40% de la producción hortofrutícola. Lo anterior revela una fuente de trabajo y de desarrollo productivo importante que no siempre se visualiza como parte de este gran Santiago.

A primera vista, las características del sector rural en la región pueden leerse un tanto desoladoras, una de las críticas de los pequeños agricultores frente al abandono del sector rural en la región es la falta de asistencia técnica y de profesionalización de los agricultores, además del déficit de mano de obra, sin contar el factor etario, ya que se trata de hombres y mujeres en edad avanzada que se han dedicado a la agricultura por tradición y que han visto su supervivencia socavada por la migración campo ciudad de los hijos de agricultores o de la población mas joven, quienes al ver la poca conectividad y segregación del mundo rural frente al mundo urbano de esta región, prefieren desempeñarse en actividades comerciales o de otros sectores de actividad económica. Lo anterior, dado que la ciudad absorbe la mayoría de recursos que se destinan para el desarrollo de obras viales o de mejoramiento de infraestructura, en desmedro del sector agrícola.

Al estar en las comunas rurales uno se percata de que todavía existe un ambiente de tradiciones campesinas donde es posible remontarse en la historia, pero también es posible notar la disminución y erosión del terreno agrícola disponible para cultivo debido a la instalación de industrias o de construcciones inmobiliarias que tratan de resolver la demanda del aumento de población. La eterna paradoja entre darle espacio al progreso o mantener las tradiciones y las formas de vida del campo.

En este sector rural, existe una amenaza mayor para el desarrollo futuro de la agricultura en la región y que se replica a nivel país. Esta amenaza es el déficit del recurso hídrico que luego de 3 años de sequía mantiene los acuíferos, ríos y caudales naturales, así como también pozos, tranques y obras menores de riego, con niveles muy insuficientes de agua, afectando negativamente el riego de los campos y haciendo latente el riesgo de disminuir la producción a raíz de este déficit.

No obstante lo anterior, en este sector rural, existe una amenaza mayor para el desarrollo futuro de la agricultura en la región y que se replica a nivel país. Esta amenaza es el déficit del recurso hídrico que luego de 3 años de sequía mantiene los acuíferos, ríos y caudales naturales, así como también pozos, tranques y obras menores de riego, con niveles muy insuficientes de agua, afectando negativamente el riego de los campos y haciendo latente el riesgo de disminuir la producción a raíz de este déficit.

Si bien el Ministerio de Agricultura a través de sus instrumentos financia la construcción de obras de riego para hacer más eficiente el uso del agua y entrega aportes financieros para el desarrollo de cultivos y otras alternativas para la pequeña agricultura, el problema es más de fondo. Las proyecciones hacen pensar que lejos de tratarse de una crisis de déficit de agua, la tendencia es que la situación climática y las condiciones ambientales harán de la situación de crisis una constante, es decir, se proyecta una disminución de un 20% en las lluvias y en la acumulación de nieve, lo que significa que cada año tendremos menos agua disponible. Frente a esta condición las alternativas se centran en visualizar desde diferentes ámbitos cómo aprovechar de la mejor manera la poca agua que tenemos; más aún cuando el uso del agua se destina principalmente para el consumo humano.

Que el pronóstico atmosférico indique que este será un año lluvioso no significa que tendremos mayor disponibilidad de agua en nuestras cuencas, sino que podremos cubrir en parte tres años de sequía, pero la certeza es que seguiremos necesitando agua.

Siendo así, la agricultura corre el riesgo de transformarse en una actividad de supervivencia y no en una forma de desarrollo sustentable como quisiéramos. He ahí la verdadera amenaza.

Por lo pronto, las alternativas de solución a esta situación se centran en invertir recursos en implementar mecanismos que tiendan a hacer más eficiente el uso de agua para riego, en generar alternativas innovadoras a través del uso de la tecnología para poder recuperar el agua que se desecha a partir del consumo humano y procesarla a fin de que sea apta para el riego sin que signifique un riesgo para el consumo humano. Sin ir más lejos, la creación, por parte de nuestra Presidenta Michelle Bachelet, de la figura del delegado presidencial de recursos hídricos, evidencia la preocupación del Gobierno en esta materia. En este sentido, se ha encomendado a esta figura la labor de generar propuestas de tratamiento a esta problemática a través de generación de instancias publico-privadas para gestionar recursos e iniciativas tendientes a visualizar alternativas de mediano y largo plazo destinadas a aportar soluciones en el nivel regional y nacional.

Es evidente que el agua es un recurso cada vez más escaso y, por eso, se necesita con urgencia una mirada global, integral y de educación y concientización respecto del uso de este recurso tanto en el consumo humano como para el uso en la agricultura y la industria.  Un primer paso es la difusión y concientización en la localidad. Como Seremi, hemos convocado junto a los gobernadores de las provincias de la región a mesas provinciales de agua abiertas a toda la comunidad y en especial al sector agrícola, con el objeto de dar los lineamientos del Gobierno en esta materia y apoyar en la difusión de los instrumentos que el Ministerio de Agricultura pone a disposición de la pequeña agricultura familiar campesina, a fin de cumplir con el mandato presidencial de disminuir las desigualdades y agregar valor a la producción agrícola de los pequeños productores.

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