Viernes, 30 de septiembre de 2016Actualizado a las 17:18

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Menos economistas, más profesores

En las sociedades orales los ancianos poseían un alto estatus social no por sus recursos, sino por su experiencia y su capacidad de enseñar las tradiciones, las cuales se transmitían de generación en generación, por el contrario, en la actualidad nuestros ancianos se encuentran desprotegidos y se han convertido en un problema para el Estado. Así también, han tenido problemas los que han elegido enseñar a las nuevas generaciones, las cuales entienden al establecimiento educacional bajo las lógicas del mercado de oferta y demanda o una simple guardería de niños para que no se encuentren vagando por las calles.

El día miércoles 21 de mayo prendimos el televisor y observamos a diversos ministros de Estado aplaudiendo al término de cada oración de la actual Presidenta. La cámara de televisión mostraba los rostros de Alberto Arenas (ingeniero comercial, Hacienda), José Antonio Gómez (abogado, Justicia), Helia Molina (médico, Salud), Carlos Fourche (ingeniero agrónomo, Agricultura) y así sucesivamente, hasta que apareció Nicolás Eyzaguirre (economista, Educación) e inmediatamente nos surgió la duda: ¿por qué un economista y no un profesor en el Ministerio de Educación? La explicación se fundamenta en el cambio que hemos sufrido como sociedad: de ciudadanos a consumidores. En esta visión, la tarea educacional tiene mucho más que ver con administrar recursos que con formar personas. Mejorar unos copagos por acá, terminar con el lucro por allá, regular los excesos del mercado y listo, educación pública, gratuita y de calidad. ¿Y los profes?

En las sociedades orales los ancianos poseían un alto estatus social no por sus recursos, sino por su experiencia y su capacidad de enseñar las tradiciones, las cuales se transmitían de generación en generación, por el contrario, en la actualidad nuestros ancianos se encuentran desprotegidos y se han convertido en un problema para el Estado. Así también, han tenido problemas los que han elegido enseñar a las nuevas generaciones, las cuales entienden al establecimiento educacional bajo las lógicas del mercado de oferta y demanda o una simple guardería de niños para que no se encuentren vagando por las calles. Entonces, bajo dichas condiciones, ¿qué herramientas posee el profesor en su formación docente? Y al salir de ella a contextos de desigualdad y marginalidad, ¿qué beneficios posee dicho profesor para desarrollarse ante la adversidad? El profesor suele ser Homero en la Odisea.

En las sociedades orales los ancianos poseían un alto estatus social no por sus recursos, sino por su experiencia y su capacidad de enseñar las tradiciones, las cuales se transmitían de generación en generación, por el contrario, en la actualidad nuestros ancianos se encuentran desprotegidos y se han convertido en un problema para el Estado. Así también, han tenido problemas los que han elegido enseñar a las nuevas generaciones, las cuales entienden al establecimiento educacional bajo las lógicas del mercado de oferta y demanda o una simple guardería de niños para que no se encuentren vagando por las calles.

Cuando hablamos de enseñar no podemos dejar a un lado a los profesores y si los omitimos –tanto en el discurso público como en los altos cargos del Ministerio– es justamente debido a la bajísima valoración que hoy le damos a la profesión docente. Hoy en Chile, cuando un estudiante de buen puntaje en matemática menciona que quiere ser profesor, la sociedad lo cuestiona y lo empuja a estudiar alguna ingeniería. Hoy en Chile un gran porcentaje de los estudiantes que egresan de la carrera de pedagogía no cumple con las competencias mínimas ni tiene manejo de los contenidos que debe explicar a niños y jóvenes (otro fruto más de nuestro “mercado de la educación”). Hoy en Chile un profesor tiene un sueldo cercano al 60% del promedio de sueldos de otros profesionales que han estudiado 5 años. Hoy en Chile un profesor le dice a su hijo que no estudie pedagogía. Bajo dichas condiciones, ¿está claro qué debemos hacer para revalorizar al profesorado? Menos economistas, por favor, y más profesores.

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