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Los servidores públicos y las vicisitudes de la alternancia

por 1 junio 2014

Chile, a propósito de la auditoría de nuestra democracia entregada por el PNUD, tiene los partidos políticos que generan la menor confianza en la región, con 15%, sólo un 2% de la población participa activamente en ellos y además tiene un Congreso que muestra un claro de distanciamiento de la ciudadanía, con la segunda mayor caída en la región en la confianza que genera este a su pueblo con 21%, en estas manos se encuentra gran parte del devenir del accionar del Sector Público, es evidente que se requiere profundizar y acelerar la modernización de nuestro Estado para acercar a nuestros mejores talentos a la función pública.

En febrero de 2011 fui invitado a coordinar el Plan de Reconstrucción de la Región del Maule. El Servicio Público era mi gran anhelo y la oportunidad de colaborar en una región con más de 50.000 damnificados, con 16 nuevos campamentos formados por la catástrofe, sin duda era un llamado ineludible. Debo decir que no fui consultado por mi tendencia política ni menos por una posible militancia, que además no tengo, así como la gran mayoría de los trabajadores del Estado. Sí tenía la convicción del importante rol del Estado, la importancia de la participación ciudadana y de la nobleza del Servicio Público.

Hoy la Reconstrucción en vivienda es un programa en extinción, al menos para los damnificados del 27/F del Maule, esto gracias al tremendo empeño de compañeras (os) de trabajo así como de una gran cantidad de dirigentes, pequeñas empresas, municipios, entre otros.

Pero, ¿qué pasa cuando cambian los paradigmas que orientan tu vida profesional? Esa idea de responsabilidad, trabajo duro, compromiso, honestidad, eficiencia, parámetros bajo los cuales debes ser evaluado para desempeñarte en un cargo, un día son mudados por la militancia política o en su defecto la obsecuencia ante el matonaje, es decir, la sumisión del trabajo ante las precarias condiciones laborales que entrega el Servicio Público. ¿Qué ocurre cuando el rendimiento tiene como principal motor de gestión frases como: van rodar cabezas, el hilo se corta por lo más delgado y la labor se vuelca a buscar los posibles errores que, por cierto existen, de la anterior administración? Estos posibles errores no sólo involucran a las autoridades anteriores sino a la organización completa, comenzando a reinar el temor dentro de cada institución. Esta situación es la que viven miles de honestos funcionarios públicos cada 4 años.

Chile, a propósito de la auditoría de nuestra democracia entregada por el PNUD, tiene los partidos políticos que generan la menor confianza en la región, con 15%, sólo un 2% de la población participa activamente en ellos y además tiene un Congreso que muestra un claro de distanciamiento de la ciudadanía, con la segunda mayor caída en la región en la confianza que genera este a su pueblo con 21%, en estas manos se encuentra gran parte del devenir del accionar del Sector Público, es evidente que se requiere profundizar y acelerar la modernización de nuestro Estado para acercar a nuestros mejores talentos a la función pública.

En Chile existen 31.000 funcionarios públicos (DIPRES, 2013), de ellos, sólo el 34% pertenece a la Planta, el resto es Contrata u Honorario, es decir, trabajadores sin ningún tipo de resguardo frente al poder de los partidos políticos, quienes tienen en sus filas a verdaderos “Mentholatums” estatales. Estos sirven en todos los puestos, han pasado de una cartera a otra sin ninguna especialización ni conocimiento cabal de las labores de cada servicio y cuando el gobierno cambia de mano se refugian en el municipio del partido, es decir, otra vez el Estado hasta que toque de nuevo.

Ahora, quizás la ciudadanía no alcanza a percibir como se surte la administración pública de estas personas y a quiénes responden. Se trata del Parlamento y sus representantes, quienes ubican en la administración a sus militantes más cercanos, lo que parecería más o menos razonable si se tratase de un compromiso ideológico o programático, sin embargo, el objetivo de dicho “servidor público” es otro. Este no debe dudar en agradecer las gestiones realizadas por su parlamentario patrocinante ante la entrega de cualquier beneficio que se otorgue con fondos públicos, mantenerlo informado de cualquier oportunidad de aparición pública o de problemas derivados del accionar de un alcalde opositor, entre otras. De esta manera el parlamentario se arroga todo avance derivado de la acción del Ejecutivo, es decir, otro poder del Estado cuyo funcionamiento técnico y profesional se ve perturbado por los “Mentholatums” que colaboran, así como otros factores, a la inamovilidad de los parlamentarios.

Hoy muchos de los que han tenido la gran oportunidad de servir como funcionarios públicos sienten que algo entendieron mal, vieron en esto desarrollo y posibilidad de trabajar solidariamente, pues su trabajo multiplica beneficios y no dividendos monetarios, pero otros hace ya tiempo se percataron de que ese tan preciado lugar que llamamos Estado es un gran botín para repartirlo entre correligionarios.

Nuestro país también necesita reformas al Sector Público. Delimitar el quehacer de quienes elaboran las políticas públicas, que sin duda requieren una orientación ideológica, de quienes las ejecutan; Servicios que demandan gerenciamiento, gestión, profesionalismo y alto conocimiento técnico-administrativo es un imperativo mayor cuando pensamos incrementar el rol del Estado. La Alta Dirección pública con su conocido riguroso proceso de selección debe llegar hasta el nombramiento por competencias, y no dejar ternas que devuelven a la voluntad política la decisión de quienes “pueden” servir al país, así como también paulatinamente ir normando y fiscalizando la selección de profesionales en menores niveles jerárquicos.

Chile, a propósito de la auditoría de nuestra democracia entregada por el PNUD, tiene los partidos políticos que generan la menor confianza en la región, con 15%, sólo un 2% de la población participa activamente en ellos y además tiene un Congreso que muestra un claro de distanciamiento de la ciudadanía, con la segunda mayor caída en la región en la confianza que genera este a su pueblo con 21%, en estas manos se encuentra gran parte del devenir del accionar del Sector Público, es evidente que se requiere profundizar y acelerar la modernización de nuestro Estado para acercar a nuestros mejores talentos a la función pública.

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