Porque lo privado también es público - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 16:38

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Porque lo privado también es público

por 10 junio, 2014

El diputado acierta cuando plantea que lo público entra en lo privado producto de los procesos de globalización. Efectivamente, estamos en presencia del paso de una sociedad tradicional a una moderna, en la que existe un desdibujamiento entre lo público y privado.

Resulta necesario responder a las declaraciones del diputado Van Rysselberghe, ya que si bien se conoce el sector político que representa y, por ende, la ideología de derecha, judeocristiana y moralista que defiende y promulga, no dejan de ser preocupantes sus dichos por su contenido altamente discriminatorio frente a las minorías sexuales, así como su desconocimiento de la realidad social en la cual se encuentra inserto.

Frente a lo anterior, desde la academia y como especialistas en estudios de género, nos sentimos interpeladas/os a contestar con el objetivo de aclarar cuestiones teóricas y políticas que el diputado pareciera desconocer.

Como primer punto nos interesa aclarar que lo privado también es público. El diputado acierta cuando plantea que lo público entra en lo privado producto de los procesos de globalización. Efectivamente, estamos en presencia del paso de una sociedad tradicional a una moderna, en la que existe un desdibujamiento entre lo público y privado. Ahora bien, lo que no comprende el diputado es que este desdibujamiento es bastante positivo para avanzar en la construcción de sociedades más justas, en la medida que hay un reconocimiento social de la existencia de discriminación y dominación que antes quedaba invisibilizada debido a que pertenecía exclusivamente al espacio privado. Por este motivo es de alta relevancia que temas como la sexualidad, la identidad de género, entre otros, se consideren como temas públicos y además políticos, en la medida que se comprende que estas prácticas y discursos generan fuertes transformaciones de nuestras sociedades.

El diputado acierta cuando plantea que lo público entra en lo privado producto de los procesos de globalización. Efectivamente, estamos en presencia del paso de una sociedad tradicional a una moderna, en la que existe un desdibujamiento entre lo público y privado.

Ya lo decía la socióloga feminista Julieta Kirkwood en la década de los 80, “democracia en el país y en la casa”, justamente por la necesidad de comprender que tanto nuestras relaciones íntimas y cotidianas como los procesos sociales deben aspirar a generar condiciones de equidad y de superación de todo tipo de dominación, en este contexto el Estado debe ser el primer garante en términos de generar las condiciones para estas democracias junto con reconocer la noción de sujetos de derecho de todos sus habitantes.

Justamente debido a que el Estado debe ser garante de las condiciones de democracia, se vuelve imperioso que se legisle frente a materias que tienen que ver con el respeto y el reconocimiento de sujetos de derecho de quienes conforman las minorías sexuales. Vale destacar que vivimos en una sociedad patriarcal donde lo reconocido y lo validado por muchos años ha sido la masculinidad y feminidad hegemónica (es decir, una sola forma de ser hombre y mujer); estas formas de hegemonías se diluyen en la medida que los sujetos se sienten más libres para ser y expresarse socialmente, por este motivo, y debido a que nos encontramos en un proceso de transformación sociocultural, es que se requiere que el Estado tenga una participación activa en términos de generar las óptimas condiciones para que podamos vivir con los mismos derechos que todos/as los/as ciudadanos/as del país, contando con leyes de adopción, de matrimonio y la posibilidad de cambiar sus nombres respondiendo a la propia identidad sexual, entre otros derechos.

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