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Não vai ter copa

por 10 julio, 2014

Não vai ter copa
Brasil hipotecó al país para que el Mundial se realice. Aumentó la deuda económica y la represión policial, y presentó un equipo tan triste como la situación general. Sin embargo, apareció otro equipo que juega a la pelota, e hizo justicia

Hermoso, hermoso, hermoso. Una maravilla total la paliza que les dieron a los brasileros. Cada vez que comienza un partido y juega uno de los equipos llamados grandes, uno de esos equipos que suelen salir campeones y alternarse entre ellos el podio, hincho fervientemente por el contrario. Cuando se enfrentan dos equipos grandes tengo que tomar la decisión en función de otras variables. Esa variable suele ser el fútbol.

Este equipo brasilero no se merecía nada. Pero nada de nada. Es un equipo horrendo que le ganó a Croacia porque, cuando iban empatados, le regalaron un penal, alevosamente inventado. Este Brasil espantoso no le pudo ganar a México, aunque sí le ganó a Camerún, que de fútbol tenía la pinta. Después le ganó a Chile por penales y al final a Colombia en un partido que más que fútbol fue una sucesión de carreras de 100 metros planos. Un ejercicio de atletismo donde corrieron mucho para no hacer nada. Velocidad sin ton ni son. Tanta velocidad había, tanto desenfreno, que en una jugada igual a todas las demás, la rodilla de un atolondrado rompió una vertebra del único jugador que juega fulbo en esa selección.

Brasil, como siempre, juega mal, empieza de menos a más, califica a octavos y a cuartos displicentemente y ahí sus jugadores a veces se despiertan y salen campeones del mundo. Esta vez parecía que algo parecido podía pasar. Tanta displicencia daba tristeza y todo indicaba que en una de esas le valdría la localía. Sin embargo, esta vez no había Ronaldinhos, ni Ronaldos, ni Rivaldos, ni Romarios, ni Bebetos, ni Didis, ni Dadas, ni Tutu, ni Tata, ni Papa, ni Mama, para sacar campeona a tanta displicencia. Tanto cariño me producen los brasileros de a pie como desprecio su equipo. Tan alegres son ellos y tan tristes sus equipos. Tan sonrientes por las calles y tan amargos en la cancha. Y, además, Alemania es mucho equipo.

A mí me gusta Sudamérica, no la cambio por nada, me gusta el Tercer Mundo, me gusta la salsa y la caipiriña, los frijoles, la mandioca, el aguacate, la guayaba, la chirimoya, me gustan los colores tierra y el desorden, me gusta más atarlo con alambre que el mundo calculado y sin incertidumbres, pero también me gusta el fútbol, y el Mundial de Fútbol, de fútbol se trata. Qué alegría, qué hermoso, qué palizón, qué bailongo. Que viva el fulbo. Que viva el juego. Que viva la pelotita.

La posibilidad de una final Brasil-Argentina en el Maracaná era tan hermosa, que al comenzar el partido dudaba si no ponerle una fichita a los brasucas. Pero no. A mí tanta displicencia me pone mal, y un equipo tan triste, sin juego, sin mediocampo, y con partidos ganados con tan poco arte, no me parecía digno de llegar a una final. Alemania será Alemania pero juega al fútbol, y el fútbol, de fútbol se trata. Así que comenzó el partido y les puse todas las fichas a estos seres fríos y espigados de la raza superior. ¡Que viva la raza superior!

Cuando un equipo no juega al fútbol, no hay patria grande, ni continente unido, ni pensamiento bolivariano, ni gobiernos progresistas que me hagan dudar. Aguante el fulbo, loco. Para más inri, la patria grande con Dilma a la cabeza le entregó el país a la FIFA, se lo regaló sin miramientos, y se dejó ensartar sin besitos. Este Mundial, entre otras cosas, fue un crimen como cualquier megaemprendimiento de esa magnitud. Con la cantidad de millones que puso el Estado brasilero para que se convirtieran en ganancia para la FIFA, las inmobiliarias y las macas, más la cantidad de millones que desembolsó para fortalecer el sistema de Defensa Nacional, más el recrudecimiento de la represión a los sectores militantes, lo mejor que podía pasar era que no ganaran el Mundial. Hermoso, hermoso, hermoso. Así tenía que ser. Palizón y bailongo.

Y no, los alemanes no ganan porque sean más altos y más fríos, y más calculadores y más fuertes; ganan porque juegan mucho mejor a la pelota. Y lo importante de eso no es que jueguen mejor, sino que juegan a la pelota. Alemania-juega-a-la-pelota. Juega por abajo, sin un solo pelotazo, avanza y retrocede en bloque, con toque vertical y lateral, con triangulación y rotación, y siempre por abajo. Miden mil metros de altura y no tiraron un solo centro al área. Estaban de frente al arco, con posibilidad de tiro, y la tocaban para atrás, porque sabían que siempre venía alguien. Y sí, siempre venía alguien. Eso es un equipo de fútbol. No les hace falta un Messi, ni un Neymar, ni un Robben, porque tienen un equipo.

A mí me gusta Sudamérica, no la cambio por nada, me gusta el Tercer Mundo, me gusta la salsa y la caipiriña, los frijoles, la mandioca, el aguacate, la guayaba, la chirimoya, me gustan los colores tierra y el desorden, me gusta más atarlo con alambre que el mundo calculado y sin incertidumbres, pero también me gusta el fútbol, y el Mundial de Fútbol, de fútbol se trata.

Qué alegría, qué hermoso, qué palizón, qué bailongo. Que viva el fulbo. Que viva el juego. Que viva la pelotita.

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