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Ideas peligrosas

por 12 julio, 2014

Si hay una lección terrible que dejó el siglo veinte es que las concepciones prejuiciosas y unidimensionales de entender la conducta y los fenómenos sociales se sitúan en la vereda opuesta a los derechos humanos, y es por esto que dichas visiones han sido superadas tanto desde la perspectiva ética como científica.

En los últimos años, al revisar diariamente la prensa y los medios de comunicación en general, es posible advertir que desde diversas partes del mundo ha tomado renovada fuerza cierta corriente de ideas que le otorgan preeminencia a la herencia biológica por sobre las variables culturales para explicar ciertos acontecimientos o conductas que se despliegan en la sociedad.

Los medios de comunicación se muestran especialmente accesibles a este discurso, otorgándole una destacada tribuna, lo que contribuye a que en la opinión pública se instale un sentido común que legitima esta forma de entender el comportamiento de las personas a partir de condicionantes biológicas. Así, por ejemplo, es usual ver en los medios informaciones acerca del descubrimiento del “gen de la delincuencia”, que explicaría estas tendencias conductuales.

Hace unos días en plena pantalla de un importante canal de televisión chileno, y en horario matinal, la audiencia se expuso a las declaraciones de un psiquiatra que ha alcanzado una cierta notoriedad mediática en apariciones sucesivas en este medio y el cual es validado por los conductores del programa en su calidad de invitado “experto”. En su relato el mencionado profesional explica un grave incidente de violencia escolar a partir de lo que él señala como la manifestación de una “enfermedad mental” que se alojaría en los agresores, la cual sólo es posible de neutralizar a través de la medicación.

Si hay una lección terrible que dejó el siglo XX, es que las concepciones prejuiciosas y unidimensionales de entender la conducta y los fenómenos sociales se sitúan en la vereda opuesta a los derechos humanos, y es por esto que dichas visiones han sido superadas tanto desde la perspectiva ética como científica.

Resulta perturbador que en un medio masivo como es la televisión, se divulguen sin contrapeso alguno concepciones tan sesgadas. El facultativo no sólo prescinde de las variables de contexto y la multicausalidad del fenómeno de la violencia, hecho que las ciencias sociales han verificado desde hace varias décadas, sino que además su simplificación del problema y la solución que propone legitiman un discurso que privilegia un uso de poder que no se condice con una práctica centrada en el respeto a las personas.

Si hay una lección terrible que dejó el siglo XX es que las concepciones prejuiciosas y unidimensionales de entender la conducta y los fenómenos sociales se sitúan en la vereda opuesta a los derechos humanos, y es por esto que dichas visiones han sido superadas tanto desde la perspectiva ética como científica.

El respeto a la libre circulación de las ideas no debe malentenderse como una actitud pasiva frente a las consecuencias directas que estos discursos tienen sobre las personas y en particular si los afectados son niños, niñas y adolescentes. Declaraciones como estas son una constatación de que los derechos humanos son una tarea permanente y que lo que parece muchas veces superado, en realidad sigue en la trastienda de la cotidianeidad.

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