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Pinochet, Lagos y Nosotros

por 11 enero 2016

El pasado mes de septiembre, fue publicado el libro de Cristóbal Bellolio, Pinochet, Lagos y Nosotros: ensayos sobre la cuestión constituyente, por el grupo editorial Penguin Random House. Entre sus páginas de ágil lectura y fácil comprensión de una materia de alta complejidad, como es la discusión constitucional, el autor desliza una serie de argumentos orientados a reforzar la necesidad de cambiar la Carta Fundamental a través de un proceso democrático, participativo e institucional, enmarcado en los requisitos planteados por la propia Presidenta de la República. Para Bellolio, por tanto, la única salida a la cuestión constituyente es a través de una asamblea constituyente.

El autor invita a realizar un fuerte y robusto análisis sobre el procedimiento, y por qué este es tan relevante como el propio contenido de la nueva Constitución. Lo más llamativo de su desarrollo tiene que ver con el “nosotros”. Pinochet y Lagos ya tuvieron su momento constitucional.

Por razones evidentes, el primero tuvo el suyo durante la dictadura, creando la Carta Fundamental actual en 1980. Lagos, por su parte, también tuvo el suyo, con la reforma constitucional de 2005, en que reemplaza la firma del dictador por la propia, y elimina algunos relevantes enclaves autoritarios, como los senadores designados, y cristaliza la supremacía del poder civil por sobre el militar.

Para el autor, una asamblea constituyente representa una oportunidad generacional, en que nuevos actores políticos y sociales puedan confluir y conducir el proceso, tanto de la izquierda, de centro y la derecha, desplazando a los antiguos liderazgos caracterizados por una ética transicional, dando paso a otros y otras que puedan imaginar Chile sin las ataduras del pasado.

Asimismo, Bellolio plantea que es necesario avanzar hacia la conformación de un acuerdo mayor, que permita invitar a sectores de la centroderecha liberal a hacerse parte de un proceso participativo, como lo es la alternativa de una asamblea constituyente, puesto que el resultado de este ejercicio normará al país entero y no solo a sectores de la izquierda. Cristóbal Bellolio, además, reconoce y pone como un valor la disputa por la hegemonía de las ideas en la deliberación pública, pero, para ello, todos los sectores deberán estar representados en dicho espacio. El conflicto propio del debate de las ideas, es la fórmula básica para hacernos avanzar como sociedad.

Es importante destacar la necesidad de generar contrapesos al hiperpresidencialismo, a través de un sistema semipresidencial, el cual no se aborda directamente por el autor, pero se deja para la reflexión, así como la necesidad de avanzar hacia una descentralización efectiva, en que se les otorgue un mayor poder y reconocimiento a las regiones, para evitar el exceso de centralismo chileno.

Dentro del diagnóstico, el autor plantea que nos encontramos en un escenario de crisis de lo político pero no institucional, sin embargo, aun cuando las instituciones sigan funcionando la pérdida de legitimidad y dinamismo del paisaje político, sumada al destape de los casos de corrupción y financiamiento ilegal de campañas políticas, generan las condiciones necesarias y suficientes para avanzar hacia la construcción de un nuevo contrato social para Chile.

Respecto del punto anterior, no es posible compartir ese diagnóstico, ya que, pese a que las instituciones se esmeran por funcionar, existe un desgaste de la democracia representativa con las reglas del juego dadas. No es posible soslayar los esfuerzos del actual Gobierno por modificar el sistema binominal, y que se encuentre en una etapa de reflexión y reforma del marco institucional que rige actualmente a los cuestionados y poco legítimos partidos políticos, pese a la enorme resistencia en la discusión al interior del Congreso. Algo está aconteciendo en el hecho de que se ha preferido el camino de los cambios y reformas institucionales. Casos como los ocurridos con la gratuidad en la educación y el choque con el Tribunal Constitucional (institución contramayoritaria), han terminado por poner en tela de juicio la calidad del trabajo prelegislativo y legislativo en la arquitectura institucional actual.

Cristóbal Bellolio además, en el texto, realiza una audaz propuesta, invitando a imaginar una asamblea constituyente, basada en una competencia de listas electorales proporcionales en ocho distritos.

Las listas priorizarán ideas y organizaciones políticas por sobre los personalismos. Por su parte, quienes deseen participar en la competencia, deben tener claridad que conformar el cuerpo constituyente no representará un emprendimiento político para posteriormente posicionarse en elecciones generales, por el contrario, se busca a ciudadanía comprometida con el proceso. Dentro de los mecanismos electorales, el autor además introduce paridad flexible entre hombres y mujeres, emulando la disposición de la norma recientemente aprobada en la reforma electoral al Sistema Binominal del 60-40 (ninguno de los sexos podrá superar el 60% del total de la lista), con una cláusula específica para que las mujeres alcancen como mínimo un 40% efectivo de representación en la asamblea constituyente.

El itinerario constituyente además contempla un plebiscito de entrada (decidir si cambiar la Constitución y por qué medios realizarlo) y uno de salida (aprobando o rechazando el trabajo realizado por la convención constituyente), obligando a la ciudadanía a interesarse en los asuntos públicos, en que incluso el autor propone reponer el voto obligatorio extraordinariamente para ambas instancias, pues una nueva Carta Fundamental requiere ser legitimada por el país completo.

En el epílogo, Bellolio plantea ideas liberales para una nueva Constitución, en que establece la necesidad de hablar de una Constitución mínima (no una tarjeta de Navidad con buenos deseos, parafraseando a Correa Sutil), por el contrario, una Constitución que contenga reglas mínimas de funcionamiento, pero también un contundente catálogo de derechos, cuidando de no transformarla en una camisa de fuerza para avanzar en legislación específica. Por lo que es relevante dejar espacio al Congreso para actuar en la creación de la normativa necesaria que sea capaz de aplicar las grandes ideas esbozadas en el cuerpo constitucional.

Respecto del rol del Estado planteado desde la perspectiva liberal, es posible que no exista un acuerdo en relación con una intervención mínima, pero el autor deja un amplio espacio a la discusión sobre la posibilidad de que el Estado se haga cargo de actividades económicas claves para la sociedad, uso y protección de recursos naturales, así como la promoción del ejercicio de la libertad individual.

Finalmente, es importante destacar la necesidad de generar contrapesos al hiperpresidencialismo, a través de un sistema semipresidencial, el cual no se aborda directamente por el autor, pero se deja para la reflexión, así como la necesidad de avanzar hacia una descentralización efectiva, en que se les otorgue un mayor poder y reconocimiento a las regiones, para evitar el exceso de centralismo chileno.

Pinochet, Lagos y Nosotros representa un importante insumo para el proceso constituyente en el que nos encontramos, lectura indispensable para el público interesado en la discusión política actual y, por su contenido, resulta seductor para generaciones más jóvenes tanto de izquierda como de centroderecha, permitiendo repensar las reglas del juego, imaginar los procedimientos de una asamblea constituyente para la construcción de un nuevo pacto social, económico y político de carácter transparente pero, por sobre todo, democrático y participativo.

 

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