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Cuba y la fuga de deportistas destacados

por 12 febrero 2016

Por si acaso, nunca he sido beisbolera, y no sé si le habrá hecho bien o no al béisbol cubano que los hermanos Yuliesky y Lourdes Gourriel decidieran abandonar la selección cubana en un viaje oficial. He leído harto en la red, y lo interesante de todo no son los Gourriel en sí –ha habido tantos antes y habrá tantos otros después mientras todo siga igual–. Lo central es la discusión política que toma como pretexto este acto: los profesionales que deciden vivir fuera del país, por un medio u otro, mejor dicho, por el único medio que se les hace posible.

¿Hasta cuándo seguirá siendo noticia el hecho de que un cubano profesional –deportista o no– decida “quedarse” y hasta cuándo el “quedarse” seguirá siendo la única opción para quien quiera o necesite reinventarse su existencia en otra latitud, en otro mundo para sí mejor y posible?

Cuba sigue mostrando esa variedad de pensamiento, y entre todos no dejan de seguir asombrándome comentarios como los del periodista oficial Reinaldo Dimitro Taladrid, y con él lo que representa todo un sector de la burocracia cubana. Taladrid dice en su cuenta en Facebook: “Es triste ver deportistas formados por nuestra revolución que usen las vías no oficiales para abandonar el país. No importa como dijo el Comandante en Jefe hace unos años: 'No los queremos, No los Necesitamos...'. Adiós que les vaya bien”.

Y yo tengo tantas preguntas que hacerle a Taladrid, cosa que nunca pensé la verdad. Taladrid sabe que no puede preguntarse a sí mismo por qué tienen que usar la vía oficial algunos profesionales cubanos para emigrar, porque él sabe que, a pesar de las reformas migratorias del 2013, muchos profesionales cubanos continúan siendo retenidos por los permisos de la clase en el poder: la burocracia. Pero no importa, Taladrid tiene que instalar su discurso en el espacio público, en alguno, aunque tenga que jugar el enfermizo rol de hacer preguntas cuyas respuestas constituyen su propio búmeran.

En todo caso mi reflexión no es con Taladrid, es con lo que sus palabras representan. Es triste encontrar cómo puede persistir un pensamiento atrincherado en trincheras de tan doble moral. El “no los queremos, no los necesitamos” dice tanto, tanto... Puede que tengan razón, ellos para las MLB serán pura mercancía, ¿pero para la gente que piensa como Taladrid, esos cuadros presos también y convertidos en mercancía? Son una mercancía, otra sí, una mercancía política, un objeto de cambio que valoriza –o desvaloriza– un supuesto proyecto, una obra política y social como la Revolución cubana. Qué triste… Que pobreza si una revolución tiene que volver mercancía a sus hombres y mujeres, si, por el contrario, no logra despojarlos de toda sujeción a las relaciones de explotación que entraña el mercado, también el mercado de la política.

Mientras el reconocimiento para la clase dirigente cubana siga pasando por los méritos políticos, por la capacidad de reproducir un discurso que ya ni siquiera logra alcanzar un mínimo de coherencia ideológica, nuestro país seguirá empobreciendo espiritual y políticamente.

El Granma titula “Abandonaron Yuliesky y Lourdes Gurriel la selección cubana de béisbol. El hecho fue inmediatamente rechazado por los integrantes de la selección cubana, quienes emitieron una declaración”. Y yo pregunto, ¿cuántas veces antes los hermanos Gourriel no habrán tenido también que emitir dichas declaraciones? ¿Y cuántos de los que rechazaron tal denigrante actitud no repetirán sus pasos en el futuro cercano o lejano?

El periódico oficial del PCC es directo en su nota, y todos saben de quienes hablan aunque no escribieran bien siquiera el apellido de los deportistas: “En horas de la madrugada de hoy se produjo el abandono del hotel donde se encontraba el equipo cubano de béisbol que asistió a la edición 58 de la Serie del Caribe de Béisbol, en la República Dominicana, de los peloteros Yuliesky y Lourdes Gurriel Castillo, en franca actitud de entrega a los mercaderes del béisbol rentado y profesional”.

Y yo te pregunto, Granma, ¿cuándo sacaremos una nota declaratoria de rechazo a quienes están entregando nuestro país a los mercaderes del capitalismo tercer mundista y dependentista-neoliberal? ¿A quienes nos endeudan no solo económicamente, sino políticamente, que siempre es lo peor? Los mercaderes de nuestro futuro y con ello de nuestro presente y pasado.

Es triste, indignante que uno valga solo si –o sobre todo si– decide resistir dentro de Cuba, y que todo lo que se es, por cierto, no solo producto de la obra de la Revolución, sino también del esfuerzo cotidiano e inmenso de la gente común, sea borrado, no querido, no necesitado, es decir, no reconocido.

Mientras el reconocimiento para la clase dirigente cubana siga pasando por los méritos políticos, por la capacidad de reproducir un discurso que ya ni siquiera logra alcanzar un mínimo de coherencia ideológica, nuestro país seguirá empobreciendo espiritual y políticamente. El daño peor a Cuba no se lo hacen los Gourriel, se lo está haciendo su política, esa estrategia enfermiza de vestir a la fuerza de falsa política las acciones humanas, del cotidiano vivir y de no reconocer a la vez en ellas la lucha política. Una política que esconde la política.

Lo peor para Cuba tal vez no sea siquiera la existencia del mercado globalizado concentrador de capitales, que sin dudas tanto nos ha jodido, sino el poder de la política vuelta mercancía, una política con valor de uso –cada vez menos rentable– y con valor de cambio no sé si realmente rentable. Por mientras no nos queda otra que ver las transacciones de capitales, en uno y otro mercado.

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