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DC-PC: Los polos opuestos no se atraen

por 13 febrero 2016

La reciente disputa pública producida entre los líderes de la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Comunista (PC), a propósito de la percepción del otro, ha dejado una vez más en evidencia el peso de la ideología y la dificultad para conciliar las ideas y la convivencia al interior de la Nueva Mayoría, entre dos partidos que representan los polos opuestos dentro de la coalición y que nunca han logrado atraerse.

La percepción del otro está basada en relaciones sociales construidas en el tiempo y se apoya en los valores, ideas y creencias de cada cual, las que nos restringen y nos limitan para dar paso a representaciones del otro. En el caso de la compleja relación que tienen la DC y el PC, la ideología tiene mucho que decir respecto de la construcción y reafirmación de imaginarios colectivos que hacen incomprensible la coexistencia de ambos partidos en el seno de una misma colectividad.

Esta situación actual es también fruto del dilema ontológico de la Nueva Mayoría. ¿Cuál es la naturaleza de la Nueva Mayoría? ¿Qué tipo de sociedad pretenden construir? Estas preguntas aún no tienen respuesta de parte de los líderes de la coalición, y es importante entender que de ahí parte el problema. Resignar la convivencia de la DC, un partido con una ideología conservadora y con tendencia a conservar las bases del sistema sociopolítico de los 90, con el PC, de ideología reformista –revolucionaria dirían algunos– y con tendencia a la transformación del sistema, era ya por entonces una contradicción que no entregaba garantías de futuro para la coalición, y se justificó únicamente en la coincidencia sobre el diagnóstico sociopolítico de finales del gobierno de Sebastián Piñera.

El principal perjudicado de esta situación sigue siendo el gobierno, agobiado por los conflictos de interés y los procesos judiciales a raíz de Caval y SQM, ahora además en medio de una llamada “crisis de representatividad” y de confianza de la sociedad con la política nacional y sus representantes, debe enfrentar la mutua descalificación pública entre los líderes de sus partidos.

El principal perjudicado de esta situación sigue siendo el gobierno, agobiado por los conflictos de interés y los procesos judiciales a raíz de Caval y SQM, ahora además en medio de una llamada “crisis de representatividad” y de confianza de la sociedad con la política nacional y sus representantes, debe enfrentar la mutua descalificación pública entre los líderes de sus partidos.

La DC por otra parte parece sentirse a gusto con el protagonismo. Luego de la polémica generada por la exclusión del ministro Burgos del viaje de la Presidenta a La Araucanía, las figuras del partido han querido “rayar la cancha” y han sacado la voz, aunque sin mucho criterio y con una falta de consideración importante respecto de las consecuencias que puedan tener sus acciones para el gobierno y su coalición. En ese sentido, las recientes declaraciones de Patricio Walker, actual presidente del Senado, únicamente sirven para poner más leña al fuego con frases como “cuando uno es parte de una coalición tiene que tener un mínimo común compartido, y con el PC no lo tenemos”, que en esta escalada del conflicto parecen llevar todo en dirección a una ruptura inminente que deje a uno de los dos partidos fuera de la coalición.

Para el PC el contexto no parece ser desfavorable y debiera ser prioridad la discusión en torno a las políticas educacionales, la Ley de Pesca y la reforma laboral por sobre profundizar la polémica con la DC. De los miembros de la coalición es el partido que, hasta ahora, había estado más ajeno a los conflictos judiciales y políticos recientes, que se suma a condiciones y a un momento histórico inédito dentro de su historia. A diferencia de lo que sucedía en el siglo pasado, no cuentan con referentes internacionales determinantes, lograron incrementar su protagonismo en el Parlamento al duplicar sus escaños en la Cámara de Diputados –ahora cuentan con 6 diputados–, y cuentan con figuras jóvenes que pueden fortalecer la renovación de la despreciada política nacional.

En el corto plazo parece bastante improbable una escisión de la Nueva Mayoría que deje afuera a la DC o al PC, especialmente si se tiene en cuenta el impacto que podría tener esto en las próximas elecciones municipales, donde se abre precisamente una oportunidad para esta coalición de enmendar el rumbo y comenzar a generar un proyecto que reinvente la política nacional –algo que de todas maneras se ve bastante lejano–.

Ambos partidos deben procurar, por el bien del gobierno y de su coalición, hacer un ejercicio de sinceridad y definir las responsabilidades, compromisos y lealtades que están dispuestos a asumir y mantener. Sin eso, el futuro se vuelve poco auspicioso.

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