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El desprestigio del coaching

por 19 febrero 2016

El desprestigio del coaching
Esta es una pelea empresarial por mercado, aquí unos a otros se están sacando clientes, y en un mundo de libre competencia esto debiera ser lo normal. Todo empresario sabe que si saca al mercado un producto muy bueno, tarde o temprano alguien va a entrar a competir con alguna estrategia comercial… y él se va a tener que defender.

Por razones obvias he estado atento a los dimes y diretes del culebrón que armó Humberto Maturana. Recordemos que todo partió con una entrevista en la revista Capital.

Sí, una revista de negocios y no la Science ni ninguna otra publicación de divulgación científica.

Las intenciones son claras; no hay que ser ningún astro de las comunicaciones para entender que ese es un medio que leen los clientes de la Matríztica y de la Ontología del Lenguaje y que fue un golpe duro y una seria amenaza al negocio de Rafael Echeverría.

Fernando Flores y Julio Olaya no se metieron en esta pelea de elefantes y me da la impresión de que fueron mejor asesorados, pues aunque varios me dijeron que mi columna y un posterior posteo de mi blog apoyaban la postura ontológica, debo ser sincero al declarar, como lector, que la peor entrevista fue la de Rafael Echeverría.

Sin duda estaba noqueado y su defensa no sirvió de nada.

Dicho lo anterior, creo que, como bien dice el proverbio africano, cuando dos elefantes pelean es la hierba la que sufre.

Y es que gracias a esta guerra de descalificaciones –que inició Maturana– los coaches hemos sido calificados de charlatanes, manipuladores, generadores de dependencias, copiones, poco serios, estafadores, vendidos y un largo etcétera.

Gracias a la falta de autocrítica de estos titanes, los partidarios de un lado y de otro han permitido que la ola del desprestigio llegue a nuestro quehacer.

Así como es fácil incendiar las redes sociales hablando pestes de los políticos, los médicos y los empresarios, ahora aparecen sujetos –respaldados por las críticas de Maturana– haciendo pedazos a los coaches ontológicos.

Ahora, gracias al respaldo de una eminencia mundial, las personas que consideraban que el coaching no sirve para nada y que los coaches son unos embusteros, pueden criticar con propiedad.

Como coach de otra escuela que a nadie realmente interesa (¿a quién que no sea coach le podría interesar si el que escribe este artículo es de la escuela ontológica, sistémica o neurolingüística?), yo no saco ganancias con esta polémica y creo que el gerente general del Instituto Matríztico se adelanta al sacar cuentas alegres.

Como me dijo un amigo, cuando el río está revuelto, ganan los pescadores, y aquí creo que los únicos que van a ganar son todos los detractores de los que queremos humanizar el trabajo en las empresas poniendo nuestro foco en las personas.

Ahora, gracias al respaldo de una eminencia mundial, las personas que consideraban que el coaching no sirve para nada y que los coaches son unos embusteros, pueden criticar con propiedad.

Que Echeverría, Flores y Olaya, que hasta hace poco compartían ponencias y seminarios con el doc, sean unos plagiarios, debiera resolverse en tribunales y no a través de la prensa y sinceramente para cualquier persona con un poco de suspicacia es raro lo que está pasando.

Esta es una pelea empresarial por mercado, aquí unos a otros se están sacando clientes, y en un mundo de libre competencia esto debiera ser lo normal. Todo empresario sabe que si saca al mercado un producto muy bueno, tarde o temprano alguien va a entrar a competir con alguna estrategia comercial… y él se va a tener que defender.

Tal vez esta sea una guerra entre creadores e innovadores y es legítimo que el dueño de la idea no esté contento con los cambios y desarrollos de las originales… y que los innovadores, pese a la molestia del creativo, estén contentos de haber llegado a más personas gracias a los cambios y a astutas estrategias comerciales.

Y puede que todo esto termine en una guerra en tribunales, pero lo absurdo es llevar algo tan terrenal al plano de la ciencia y la filosofía, siendo que lo que aquí vemos es un dilema de ética empresarial, que muy bien nos viene a todos.

Y cuando digo todos, no solo hablo de los coaches, los políticos o los empresarios, pues nuestra falta de autocrítica está dando rienda suelta al desprestigio, desprestigio que, a este paso, tarde a temprano… a todos nos va a tocar.

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