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Tabla 79: la democracia capturada por los intereses de una minoría

por 3 marzo 2016

Tabla 79: la democracia capturada por los intereses de una minoría
Mientras la élite económica parece ser totalmente dogmática, ya que se niega a que el Estado se haga cargo en cualquiera de los ámbitos consultados –en seguridad probablemente dirían otra cosa–, la ciudadanía, en cambio, tiene un juicio que parece más reflexivo y pragmático, apoyando mayoritariamente la acción estatal en algunos ámbitos y minoritariamente en otros.

A veces los números confunden, marean. Otras veces, los números nos gritan una verdad a la cara. La Tabla 79 del Informe del Desarrollo Humano del 2015, elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), es un caso paradigmático de lo informativo que puede ser un puñado de números sobre un ámbito de la sociedad. En este caso, sobre nuestra democracia.

En el informe del PNUD se distinguen cuatro tipos de élites: económica, política, simbólica y social. En el estudio se entrevista a miembros de estos cuatro grupos –100 personas en total–, quienes son seleccionados según sus cargos en distintas instituciones y su reconocimiento social. Estos individuos son consultados respecto a un conjunto de temas, la Tabla 79 resume sus respuestas a la pregunta de si el Estado se debe hacer cargo de diversos temas.

Como punto de referencia, en la última columna de la tabla, se presenta además el promedio de las respuestas de  una muestra representativa de toda la sociedad chilena –información que proviene de otra encuesta realizada por el PNUD–. Dada su representatividad, a este grupo se le denomina “ciudadanía”. En esta tabla vemos que, por ejemplo, frente a la pregunta de si el Estado debe hacerse cargo del sistema de pensiones, se manifiestan a favor un 3% de la élite económica, un 27% de la élite política, un 38% de la élite simbólica, un 80% de la élite social y un 80% de la ciudadanía.

Cabe señalar que, aunque esta tabla solo describe una de las dimensiones consultadas en este estudio –relativa al rol del Estado–, las respuestas a las otras dimensiones consultadas también son consistentes con el análisis que sigue.

¿Qué podemos aprender de la Tabla 79?

Primero, existe una distancia abismal entre las ideas políticas de la ciudadanía y de la élite económica. La ciudadanía quiere mayoritariamente que el Estado se haga cargo de un conjunto de temas clave para la sociedad, mientras que la élite económica, por el contrario, prefiere un Estado que no asuma tal responsabilidad. Aunque, como sabemos, la élite no tiene tantos problemas con que el Estado entregue el financiamiento para estas actividades, como sucede en educación, su negativa está en que este último sea quien provea el bien.

Segundo, mientras la élite económica parece ser totalmente dogmática, ya que se niega a que el Estado se haga cargo en cualquiera de los ámbitos consultados –en seguridad probablemente dirían otra cosa–, la ciudadanía, en cambio, tiene un juicio que parece más reflexivo y pragmático, apoyando mayoritariamente la acción estatal en algunos ámbitos y minoritariamente en otros. Por ejemplo, respalda fuertemente un rol en salud y educación, pero el apoyo es más débil en el caso de las telecomunicaciones, un juicio que, vale la pena resaltar, concuerda con el rol del Estado en países desarrollados. Esta comparación contrasta con el discurso de la prensa chilena que suele poner las demandas de la ciudadanía como un ejemplo de irracionalidad, mientras que sitúa el pensamiento empresarial como ejemplo de cordura y pragmatismo.

La Tabla 79 del informe del PNUD nos muestra una democracia en la que se enfrentan intereses opuestos de la ciudadanía y la élite económica, que el resultado de esta confrontación ha sido absolutamente favorable a tal élite, que –al menos en parte– aquello se debe a que la élite económica ha logrado una sobrerrepresentación de sus intereses en las ideas de los políticos que nos gobiernan.

Tercero, vivimos de acuerdo a las preferencias políticas de la élite económica. En Chile, el Estado “no se hace cargo” de ninguno de los ámbitos consultados, a pesar de las preferencias políticas de la ciudadanía. En todas estas áreas, y tal como lo prescribe nuestra Constitución, el rol del Estado es subsidiario: el Estado actúa allí donde para el privado no es rentable, lo que en la mayoría de los casos ha redundado en un alto nivel de privatización –y desigualdad–. Es decir, la tabla nos dice que el conflicto entre los intereses de la ciudadanía y la élite económica es procesado por nuestra democracia favoreciendo a la élite económica.

Cuarto, los intereses de la élite económica están sobrerrepresentados en las ideas de quienes nos gobiernan, de la élite política. Si modeláramos  las ideas de la élite política como un promedio ponderado de las visiones políticas de la élite económica y la ciudadanía, concluiríamos que la élite política pondera ⅔ a la élite económica y ⅓ a la ciudadanía. Esto, a pesar de que la élite económica representa numéricamente a un grupo muy pequeño de la población.

Quinto, la élite social –dirigentes sindicales, estudiantiles, etc.– es la que, por lejos, mejor representa políticamente los intereses de la ciudadanía. Aquello contrasta con la visión política, repetida por la derecha, sus medios, y cada cierto tiempo coreada por sectores de la centroizquierda, de que la irrupción de los movimientos sociales puede hacer peligrar la capacidad de nuestra democracia de representar los intereses de la mayoría. Por el contrario, lo que nos dice esta tabla es que nuestra democracia está capturada por los intereses de una minoría y que los movimientos sociales pueden ser un mecanismo eficaz para revertir esta captura.

En resumen, la Tabla 79 del informe del PNUD nos muestra una democracia en la que se enfrentan intereses opuestos de la ciudadanía y la élite económica, que el resultado de esta confrontación ha sido absolutamente favorable a tal élite, que –al menos en parte– aquello se debe a que la élite económica ha logrado una sobrerrepresentación de sus intereses en las ideas de los políticos que nos gobiernan y que en la irrupción de los movimientos sociales puede existir un mecanismo que nos ayude a revertir este resultado, democratizando nuestra democracia, tal como lo ha hecho este último tiempo: visibilizando los intereses de la mayoría y presionando al sistema político para actuar de acuerdo a ellos.

Es posible que las graves falencias de nuestra democracia sean, a estas alturas, parte del sentido común de la población y que aquello explique una fracción relevante de la baja participación electoral. A su vez, sería ilusorio pensar que el poder de la élite económica radique principalmente en un problema de desinformación del resto del país.

Aun así vale la pena preguntarse: ¿qué pasaría si esta tabla fuese la portada de todos los medios de comunicación, si fuese discutida en los matinales? ¿Qué pasaría si nuestros jóvenes tuvieran clases de educación cívica y analizaran esta tabla con sus compañeros de clase y con sus padres? ¿Qué pasaría si de un momento a otro fuese claro para cada uno de los chilenos que la promesa más básica de la democracia, esto es, que se organice la sociedad de acuerdo a las visiones de la mayoría, simplemente no se está cumpliendo?

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