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Uber, la Arremetida Neoliberal contra la Ciudad

por 30 abril, 2016

Extraordinariamente miope ha sido hasta ahora la discusión por el uso de la aplicación Uber o similares, para solicitar viajes en autos. Algunos se maravillan acríticamente por aplicaciones de internet sin tener una mirada más diferenciadora respecto al impacto de cada una de ellas sobre nuestras sociedades o el planeta. No es lo mismo AirBnB, que te permite compartir habitaciones de tu casa para viajeros, que otra que te permite convertirte en taxista burlando todas las regulaciones dictadas para proteger el bien común. Si la puedo poner en el teléfono, es buena.

Aclaremos las cosas. El tema con Uber y similares no es el uso de tecnología, sino el sistema de transporte en la ciudad. Uber es una arremetida neoliberal contra la posibilidad de regular la oferta de viajes en auto, atendidos los impactos negativos que esta forma de transporte genera. Porque parece que es necesario recordarlo: El uso de autos para movilizarse en la ciudad es la forma más contaminante por pasajero/km/transportado. También, el uso de autos es la fundamental causante de la congestión. Por eso es que ha sido necesario ir dictando crecientes restricciones para el uso de autos particulares y también por eso fue necesario congelar la flota de taxis en 1998. Sí, al contrario de lo que bobaliconamente algunos creen, el congelamiento de la flota de taxis no se decretó para favorecer a la mafia taxista.

Y a propósito de la mafia taxista, aclarar que esto no es ninguna defensa de dicho gremio. Hay allí también, como en Gobiernos, parlamentos, iglesias y ejércitos, verdaderos delincuentes y timadores, como también gente honesta y cordial. Mi tema es que para vivir civilizadamente en ciudad, especialmente en la contaminada y congestionada Santiago, pero también en casi toda ciudad mediana hoy por hoy, debe estar restringida la oferta de transporte, tanto colectivo como privado. Si no lo creen así, recuerden la Alameda de los 80, la expresión más brutal del neoliberalismo en el mercado del transporte urbano.

Si quieren eliminar todos los taxis y reemplazarlos por la misma cantidad de Uber (ni uno más) yo no tengo inconveniente. El tema es no dar paso al aumento de la oferta de viajes en auto. Sí, porque entramos vía ese aumento, en el círculo vicioso del crecimiento.

Si quieren eliminar todos los taxis y reemplazarlos por la misma cantidad de Uber (ni uno más) yo no tengo inconveniente. El tema es no dar paso al aumento de la oferta de viajes en auto. Sí, porque entramos vía ese aumento, en el círculo vicioso del crecimiento: Aumenta la oferta, baja la tarifa, aumenta la cantidad de viajes efectuados por ese medio. Eso, que es el paraíso del típico economista expansionista, es el cáncer de la ciudad. Los viajes en auto generan grandes externalidades de congestión, contaminación (para no hablar de gases de efecto invernadero). En esos casos, el clásico fallo del mercado, eldestaque costo privado no coincide con el costo social y por lo tanto es imprescindible restringir la oferta.

Ah, y que nadie salga con que Uber tiene ventajas insuperables frente al taxi común. No falta el avispado que dice “es que los Uber están estacionados esperando que los llamen”. Eso, en primer lugar no es tan cierto, pues si en la zona donde me llevó el último viaje hay baja demanda o restricciones al estacionamiento, por supuesto que yo, Uber, me desplazaré vacío hasta una mejor ubicación. Por lo demás, ya el viejo easytaxi o similares aplicaciones le permiten al taxista esperar estacionado la señal de demanda. Easytaxi, combinado con desincentivos a la circulación, como la tarificación vial, tan necesaria pero tanto tiempo postergada por gobiernos pusilánimes, permitiría una optimización del uso de taxis.

Visto lo anterior, es que indigna bastante la inepta gestión política del conflicto por el Ministro del Transportes. Ha salido a “defender la ley”, sin la menor capacidad de explicarle a la ciudadanía, vociferante por viajes mejores y más baratos en autos y justamente ajizada por la violencia taxista, cuál es el interés público que existe en la restricción de la oferta de dichos viajes. Resultado, gente que grita “Cambien esa ley que no me permite disfrutar de viajes en auto con las 3B”. Qué falta hace un Gobierno que sea capaz de defender la primacía del bien común en una época de tanto individualismo ciego.

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