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El Príncipe Velasco

por 3 mayo, 2017

Andrés Velasco es un personaje atípico dentro de nuestra fauna política. Quienes lo admiran valoran principalmente su sólida formación intelectual y cultural, muy superior sin duda, a la media de nuestros políticos. Esta seguridad en su formación, lo ha convertido a los ojos de quienes no lo veneran, en un personaje soberbio, enamorado de sus logros y, por lo tanto, en un hombre que no tolera, o que al menos le molesta de sobremanera, que otros le hagan ver sus errores y equivocaciones.

Tal actitud, propia de los antiguos príncipes, para algunos, explicaría el por qué Andrés Velasco decidió desde hace algún tiempo rodearse y adoptar las decisiones políticas más trascendentales junto a un grupo de amigos empresarios de nula experiencia política, quienes, dado el grado de admiración (amor) que sienten por él, no cometen el improperio de cuestionarlo, configurándose a su alrededor un verdadero club de aduladores que le han causado un severo daño a la proyección de su carrera política.

El problema que surge de la relación entre el Príncipe y sus consejeros (aduladores) no es nuevo, y fue el propio Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe, quien lo retrato de la siguiente manera: “No quiero pasar por alto un asunto importante, y es la falta en que con facilidad caen los príncipes si no son muy prudentes o no saben elegir bien. Me refiero a los aduladores, que abundan en todas las cortes. Porque cuando los hombres se complacen tanto en sus propias obras, de tal modo se engañan, que no atinan a defenderse de tal calamidad”.

Sus aduladores lo han llevado en el último tiempo a tomar un sinfín de malas decisiones, que han terminado por liquidar el capital político que tuvo alguna vez. Basta recordar el segundo lugar que consiguió como independiente en las primarias presidenciales el año 2013, siendo sólo superado por la presidenta Bachelet, venciendo a los candidatos de los partidos tradicionales del sector. De tal adhesión hoy queda muy poco, sobre todo después de la millonaria asesoría que prestó a los controladores del Grupo PENTA. Pero quizás la peor decisión de todas fue la de intentar fundar un partido político, cuestión que ha terminado en la eliminación de su incipiente agrupación “ciudadanos” por parte del SERVEL.

Ante el fracaso de esta estrategia, ¿no hubiera sido un mejor plan para mantener y aumentar la valoración positiva del Príncipe Velasco, intentar erigirlo como uno de los líderes de su generación entre los políticos de centro o centro izquierda, destinados a reemplazar a los antiguos dirigentes del sector que lideraron la oposición a la dictadura y los primeros gobiernos de la transición?, en este sentido, ¿qué le impidió militar o al menos simpatizar por un tiempo en alguno de los tradicionales partidos de la fenecida Concertación, fundando por ejemplo una nueva tendencia socio liberal o liberal progresista?; es que acaso, ¿Tales alternativas eran peores que la de fundar un partido político con personas vinculadas a la derecha empresarial?.

 Sus aduladores lo han llevado en el último tiempo a tomar un sinfín de malas decisiones, que han terminado por liquidar el capital político que tuvo alguna vez. Basta recordar el segundo lugar que consiguió como independiente en las primarias presidenciales el año 2013, siendo sólo superado por la presidenta Bachelet, venciendo a los candidatos de los partidos tradicionales del sector. De tal adhesión hoy queda muy poco, sobre todo después de la millonaria asesoría que prestó a los controladores del Grupo PENTA. Pero quizás la peor decisión de todas fue la de intentar fundar un partido político, cuestión que ha terminado en la eliminación de su incipiente agrupación “ciudadanos” por parte del SERVEL.

¿Alguien creería que ante el actual escenario político caracterizado tristemente por el mas frio oportunismo, la descomposición de los partidos, y la alarmante falta de ideas y liderazgos políticos de proyección nacional, ninguno de estos partidos tradicionales lo hubiera apoyado en su intento por llegar a la moneda?

Quizás, en último término, el problema de fondo no sea solo el consejo de los aduladores, sino el propio príncipe, quien pecando de soberbia y sin demostrar dotes y talento político renunció a priori a la ardua, compleja y muchas veces desagradable labor de disputar internamente el poder y el liderazgo de la coalición a aquellos grupos, facciones o lotes que la controlaban; prefiriendo por el contrario intentar fundar un movimiento político junto a sus cercanos que como buenos amigos le aseguraban total condescendencia y subordinación a su proyecto personal.

No sabemos cuál será el futuro político del Príncipe Velasco, si logrará revertir la decisión del SERVEL e inscribir a Ciudadanos, o bien, si se desligará de sus consejeros e intentará con mayor humildad buscar alianzas con sectores de la antigua Concertación; lo único claro es que si quiere sentarse alguna vez en el sillón presidencial tendrá que esconder por un tiempo su condición de tecnócrata que solo gusta a sus aduladores, y demostrar a los ciudadanos que es un dirigente y líder político de verdad.

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