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El Frente Amplio y el vuelco hacia la ciudadanía

por 11 julio, 2018

El Frente Amplio y el vuelco hacia la ciudadanía
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El Frente Amplio luego de las elecciones generales pasadas se pudo consolidar en la opinión pública como un sector político que busca superar el binomio del duopolio político, que hasta ahora es hegemónico en Chile, y desde allí intenta construir un modelo de sociedad que no sólo supere el sistema político sino que económico y cultural.

En este primer periodo de consolidación e instalación institucional el Frente Amplio permitió abrir la puerta a una alternativa y vislumbrar posibles caminos heterogéneos por los cuales podemos construir una sociedad más justa, igualitaria, pluralista y respetuosa de la vida.

Sin embargo la política territorial del Frente Amplio aún no se ha podido materializar, sistematizar ni proyectar como se ha prometido. La experiencia es dispar en varios territorios: en algunos espacios abunda la actividad y participación y en otros la inactividad, demostrando la dificultad para poder tener una estrategia en común como conglomerado político. Diversas pueden ser las razones, sin embargo se podría pensar que, si de construir alternativa se trata, sería un error político no tomarle el peso que tiene el trabajo en lo local y en los diversos territorios del país.

Se hace necesario seguir mirando a la ciudadanía, aglutinar fuerzas orgánicas y políticas que den un giro a la forma tradicional de politizar y representar las contradicciones y desigualdades del sistema en la vida cotidiana. Desde fines del siglo XX, a nivel general, la ciudadanía se ha podido organizar y tomado protagonismo en su relación con el Estado y la sociedad en sí misma, alejándose y en muchas ocasiones criticando los modelos políticos de representación (Mujica, 2014) apostando incluso hacia modelos participativos vinculantes. La ciudadanía quiere hacerse cargo de sí misma. Hay un sentido común latente, posiblemente aún laxo, de que la ciudadanía quiere abandonar las lógicas paternalistas de relación con los partidos políticos y el Estado.

Sin embargo muchas organizaciones políticas aún no abandonan estas lógicas. A pesar que en sus discursos quieran demostrar otra cosa, aún persisten el clientelismo, el “apadrinaje” y el caudillismo patronal, sobre todo en los gobiernos locales. Frente a este escenario, el Frente Amplio no se puede quedar de espectador. Tiene que salir con una propuesta política divergente a lo concebido hasta ahora. Hay que apostar a que el Frente Amplio sea esa plataforma social en donde se reúnan la diversidad de voces de la sociedad y puedan representarse a sí mismas. Allí es donde cada organización, cada sujeto, pueda poner en contacto sus sesgos y posibilidades junto a la de los otros para iluminar unidos ese futuro en constante construcción colectiva.

La plataforma del Frente Amplio puede apostar a una política distinta. Existe la importancia de que frente a esta sociedad desigual aparezca esta sociedad más empoderada, se promueva que la diversidad de sujetos que componen la colectividad puedan hacerse parte de la administración colectiva, colaborativa y co-responsable de los bienes comunes (Laval y Dardot, 2015). Apostar a abandonar la epistemología racional-científica, cuyo discurso se erige más en un fetiche e instrumento de la institucionalidad política y mercantil con objetivos de adoctrinamiento, que se dirige a construir relatos universalistas y generales, mediante el cual finalmente lo que hacen es sentenciar a la sociedad a un único modelo hegemónico de organizar la vida, con la excusa de que desde la construcción de esos discursos la sociedad se acerca a un modo de vida necesario para todos. De ese modo, el modelo capitalista y patriarcal es que sitúa en el epicentro a un sujeto específico que organiza la condición existencial de quienes son parte de la sociedad en su conjunto, donde este modelo, por mucho que se niegue desde la objetividad racional y científica, no está exento de parcialidad al resaltar la figura del hombre blanco, burgués, adulto y heterosexual, invisibilizando, excluyendo, atacando y sometiendo al resto de diversidad de sujetos que habitamos en la sociedad, entrando en una dinámica voraz y contradictoria no sólo con la vida humana sino que con el ecosistema en general, haciendo poco sustentable en el tiempo la producción y reproducción de la vida (Pérez Orozco, 2014).

A pesar que en sus discursos quieran demostrar otra cosa, aún persisten el clientelismo, el “apadrinaje” y el caudillismo patronal, sobre todo en los gobiernos locales. Frente a este escenario, el Frente Amplio no se puede quedar de espectador.

Es por esto que el Frente Amplio no puede apostar a organizar las acciones, diagnósticos y expectativas desde una forma centralizada y homogenizadora. Hay que abandonar ese totalitarismo político que transforma ese epicentro público, dominado mayormente por este sujeto funcional al mercado capitalista y patriarcal, y que sitúa a los otros no como una conjunto complementario sino como sujetos a someter para seguir sosteniendo el privilegio de pocos y la precarización de muchos, ejerciendo la violencia si es necesario (Segato, 2016). Hay que apostar hacia una panificación participativa descentralizada de la política (Harnecker y Bartolomé, 2015), darle el protagonismo que exige la ciudadanía para que, de manera autónoma, podamos hacernos co-responsables de nuestras propias vidas a través de la autogestión de los bienes comunes, que tenga sustentabilidad en el tiempo y sobre todo no tenga una contradicción con la vida. Hay que promover y fortalecer la iniciativa ciudadana para pensar juntos no sólo las críticas hacia la vida que estamos viviendo sino que también repensar la vida que creemos merece ser vivida y que conlleve un buen vivir.

Si se permite una analogía desde un caso real y sustentable: los árboles. Los árboles aparentemente parecen ser cuerpos vivos individuales y que no tendrían ninguna conexión con el resto de los árboles. Sin embargo, estudios recientes han comprobado que de manera subterránea los árboles pueden comunicarse mediante un complejo entramado de comunicación y relación a través de sus raíces. De esta forma se comparten nutrientes; hay árboles que de manera colaborativa comparten sus propios recursos para alimentar a árboles pequeñitos para que puedan crecer y sobrevivir; incluso hay árboles que cuando son atacados por parásitos o insectos “envían mensajes”, de nuevo de forma subterránea, a sus vecinos árboles para avisarles y que estos puedan generar “defensas” contra los atacantes.

El punto central es que el Frente Amplio puede ser ese terreno fértil que promueva la construcción de redes de colaboración entre la diversidad de actores y actrices de la sociedad. Puede ser esa tierra que sustente las raíces del diálogo diverso y complementario de la construcción de un mejor futuro.

A nivel local el Frente Amplio tiene una oportunidad óptima en este período. Es en lo local donde se pueden visibilizar con mayor fuerza aquellas contradicciones de la vida cotidiana. Allí es donde se puede politizar, poner en disputa de interés aquellos sujetos desplazados: mujeres, niños, adolescentes, adultos mayores, enfermos, personas con capacidades reducidas, familias endeudadas, trabajadoras y trabajadores con condiciones laborales indignantes; en suma las personas que viven la precarización de la vida. Desde allí y con la ciudadanía tener un trabajo territorial que tenga un impacto real y con resultados a mediano plazo en la vida. En el trabajo local se puede dar protagonismo a la problematización de la precarización de la vida vincular de nuestra población (Segato, 2016), poner en clave protagonista política a las emociones (Mouffe, 2016), las relaciones y las dificultades de la vida cotidiana, donde se ven precisamente expresadas las figuras de la desigualdad en Chile. Pero allí donde se puede problematizar también se puede trabajar colaborativamente para cambiar. Allí donde surgen las preguntas también se elaboran las respuestas.

El Frente Amplio no aparece allí como el experto que da las claridades desde la realidad de su cuerpo orgánico, sino que permite la aparición de la voz de los ”expertos por experiencia”, aquellos que viven esas contradicciones pero con deseos de una vida mejor. A diferencia de la derecha o la Nueva Mayoría que instrumentaliza a los protagonistas de la ciudadanía en meros recursos electoralistas que permitan sustentar su poder, el Frente Amplio puede “hacer protagonistas a los protagonistas” de la cotidianeidad, de la desigualdad y de la transformación social. Hay que estar ahí para que ese deseo de subversión de la sociedad se vuelva carne en su vida cotidiana. Allí debemos estar como Frente Amplio para permitir que eso ocurra.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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