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Heraldo: entre intentar resucitar al PPD e instalar su candidatura presidencial

por 9 julio, 2018

Heraldo: entre intentar resucitar al PPD e instalar su candidatura presidencial
El partido de centroizquierda se desdibujó de la mano de la ex Nueva Mayoría, de ahí el lamento tan sentido de Carolina Tohá. Hoy, el Frente Amplio por la izquierda y Evópoli en la derecha, han copado el espacio que en su momento tuvo la colectividad. Temas de ciudadanía, derechos ciudadanos, calidad de vida, género, descentralización, no se asocian espontáneamente al PPD. A lo más, el estímulo a las ciencias o la alimentación saludable –ley de etiquetado– podría alguien relacionarlos con este partido, pero, la verdad, sería solo con la figura de Guido Girardi. Del resto, poco. Tal vez, la frase de la famosa retroexcavadora también quedó ligada al PPD.
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Carolina Tohá, mujer clave en el PPD por años, fue la primera en atreverse a decir en público lo que muchos rumoreaban en reuniones, pasillos o cafés. Ocurrió en enero de este año, ante un grupo importante de militantes de su partido, cuando señaló que era la hora de hacer una reflexión a fondo de la derrota estrepitosa sufrida por el conglomerado en que participaban y, por supuesto, de preguntarse qué había pasado con la colectividad que ella ayudó a fundar.

Fue una aparición fugaz. La ex alcaldesa y ex diputada volvió a su especie de autoexilio, hasta la semana pasada, cuando participó en un seminario del CEP. Su diagnóstico del estado en que se encuentra la centroizquierda, a siete meses de perder las elecciones, fue lapidario. Dijo que estaba destartalada, encasillada, desorientada, dispersa y que tenía escasa imaginación para salir de la crisis. De seguro, a sus antiguos compañeros de ruta no les gustó, como diría Sabina, tanta sinceridad. Mal que mal, el Partido por la Democracia intenta iniciar una nueva etapa, de la mano de su flamante nuevo presidente, Heraldo Muñoz.

Para desgracia del PPD, una vez más, y como pasa en casi todos los partidos, una elección interna es un bálsamo para enterrar el pasado y poner la mirada adelante. Porque de nada sirvieron las palabras del ex timonel Gonzalo Navarrete, cuando en diciembre del año pasado señaló, amargamente, que el partido que dirigía entraba en la UTI y que debían iniciar una reestructuración profunda, partiendo por terminar con el “girardismo” y el “laguismo”. La colectividad venía de bajar de 14 a 8 diputados –considerando que ahora eran 155 cupos y no 120–, es decir, quedó con la mitad de los que logró en 1990, cuando con 16 parlamentarios superaba por lejos a colectividades como la UDI, que tenía 11 escaños. En las elecciones de 2017, los gremialistas obtuvieron 31. Sobran las palabras, nos diría también Joaquín Sabina.

Y, claro, lo que proyectó Navarrete no ocurrió. El partido aún está en Tratamientos Intensivos, y en la contienda interna la disputa fue entre los de Girardi y los de Lagos, con la participación de apenas 8 mil militantes, denuncias de fraude, y las ácidas críticas de la lista de Marco Antonio Núñez contra la directiva saliente.

Lo cierto es que el PPD hace rato que dejó de ser ese partido moderno, novedoso, que irrumpió a comienzos de los 90 con temas como el cuidado del medio ambiente, la ciencia aplicada a la calidad de vida y otros estandartes que se asemejaban al progresismo europeo. De a poco fue asumiendo las viejas prácticas de la política tradicional, convirtiéndose en un conglomerado de “socios controladores” –como lo señaló Pepe Auth al alejarse del partido que incluso presidió–, de operadores, de candidatos para ocupar la mayor cantidad de puestos posibles en los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría. El PPD se convirtió en una caricatura del espíritu que le dio vida. Muchos de sus líderes se alejaron, de seguro, decepcionados de los sueños que quedaron en el olvido.

Pero no cabe duda que la jugada de Heraldo Muñoz apunta más alto. En un momento de confusión y falta de figuras capaces de proyectarse como presidenciables desde la oposición, el ex ministro se ha adelantado un paso. Sabe que su imagen quedó en alza gracias a su participación en los alegatos en La Haya, de hecho, su rol protagónico no solo despertó inquietud en el Gobierno, sino también en los otros partidos de la ex Nueva Mayoría. Muñoz sabe asimismo que su figura combina bien la experiencia política con novedad. Pese a llevar muchos años ligado a la primera plana, representa un aire fresco en el contexto del síndrome de la repetición que significa completar 16 años entre dos presidentes.

El partido de centroizquierda se desdibujó de la mano de la ex Nueva Mayoría, de ahí el lamento tan sentido de Carolina Tohá. Hoy, el Frente Amplio por la izquierda y Evópoli en la derecha, han copado el espacio que en su momento tuvo la colectividad. Temas de ciudadanía, derechos ciudadanos, calidad de vida, género, descentralización, no se asocian espontáneamente al PPD. A lo más, el estímulo a las ciencias o la alimentación saludable –ley de etiquetado– podría alguien relacionarlos con este partido, pero, la verdad, sería solo con la figura de Guido Girardi. Del resto, poco. Tal vez, la frase de la famosa retroexcavadora también quedó ligada al PPD.

Heraldo Muñoz, por lejos el ministro más destacado del Gobierno de Bachelet, el embajador por excelencia de la antigua Concertación, el hombre de confianza de Lagos –que le permitió ser subsecretario y ministro durante su mandato–, asumió la difícil tarea de resucitar a un partido abatido, sumido en conflictos de liderazgos, derrotado al jugársela por Lagos y quedar en blanco a pocos meses de las presidenciales de 2017 y, lo que es peor, con la identidad extraviada.

Y fue claro durante su campaña al señalar que el PPD abandonó su preocupación por el crecimiento económico y también apuntó sus dardos contra la ex NM, al sentenciar que en el último período se había transformado en una agencia de empleos. Sin duda, detrás de esta crítica hay una evidente señal de que el ex canciller buscará un protagonismo también en la reconstrucción de una coalición que aún anda en las tinieblas. De hecho, su figura de hombre ponderado, diplomático y al mismo tiempo firme, es un atributo valorado por todos los sectores, de ahí que los acercamientos que pueda tener hacia los otros partidos le puede facilitar mucho las cosas.

Y ya lo demostró en estos días. La reunión con el Partido Socialista después del impasse de la nominación de Ángela Vivanco para la Corte Suprema, le permitió poner paños fríos y, de paso, acordar una agenda de trabajo entre ambos partidos sobre la base de tres ejes: seguridad ciudadana, crecimiento y defensa del legado de Michelle Bachelet.

Pero no cabe duda que la jugada de Heraldo Muñoz apunta más alto. En un momento de confusión y falta de figuras capaces de proyectarse como presidenciables desde la oposición, el ex ministro se ha adelantado un paso. Sabe que su imagen quedó en alza gracias a su participación en los alegatos en La Haya, de hecho, su rol protagónico no solo despertó inquietud en el Gobierno, sino también en los otros partidos de la ex Nueva Mayoría. Muñoz sabe asimismo que su figura combina bien la experiencia política con novedad. Pese a llevar muchos años ligado a la primera plana, representa un aire fresco en el contexto del síndrome de la repetición que significa completar 16 años entre dos presidentes.

Veremos si el nuevo conductor del PPD es capaz de, como dijo Navarrete, sacar al partido de la UTI. La tarea es más que difícil, debido a que los cambios que se necesitan no son de forma sino de fondo. No es menor que, durante el verano, dirigentes de esta colectividad hicieran una ronda de conversaciones con personas de distintos ámbitos –incluida gente de derecha– para tratar de responderse en qué parte del espectro político se encontraban. Y, bueno, pese a que su antecesor declaró “Heraldo no viene a ser candidato presidencial”, tenemos claro que esa frase se la hemos escuchado prácticamente a todos quienes han intentado competir por llegar a La Moneda. Mentiras piadosas, concluiría Sabina.

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