Autobiografía de Bill Clinton: La explicación de todos mis tropiezos - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 04:01

Análisis internacional

Autobiografía de Bill Clinton: La explicación de todos mis tropiezos

por 28 junio, 2004

Ahora aparece el libro de memorias de Bill Clinton, una extravagancia para confirmar eso de que mientras más se pueda, los demócratas cometen más errores. Un analista como George Wild dijo un tiempo atrás que los demócratas son los que pierden las elecciones, y los republicanos hacen poco para ganarlas: Cometen todos los errores e igual ganan.

Bill Clinton fue un gran presidente. Hubo hasta hace poco encuestas que lo indicaban como uno de los más grandes presidentes de los EEUU. Sobre todo en la costa del este y en el resto de la Unión menos xenofóbica y parroquiana, una zona donde Clinton no tiene parangón.



Según una mayoría de fuentes consultadas, Clinton podría estar "obligado" a ser candidato a la silla más poderosa del planeta, para ponerle atajo a la avalancha republicana impulsada por una vieja euforia por dirigir el planeta. Sin embargo, B.C. se está convirtiendo en un mal candidato a ser presidente otra vez. Con la guerra en Irak ha desnudado toda la ambigüedad del político que se distancia de la gente. Un día sí (la apoya), un día no, como la canción. Esto es altamente peligroso cuando hay un Presidente que al fin y al cabo está en guerra, con una posición definida y transmitida a la ciudadanía, que es lo que pesa más.



Con todo el desastre continuado en Irak a cuestas, aún así, Bush en las encuestas no cede, y obtiene más del 40 por ciento de las preferencias. B.C. con su memorable libro no hace más que recordar todo aquello que facilitó los triunfos republicanos de las últimas décadas.



El libro negro de Clinton



Ahora aparece el libro de memorias de Bill Clinton, una extravagancia para confirmar eso de que mientras más se pueda, los demócratas cometen más errores. Sucedió con el gobernador Gerry Brown de California (1975-1983), postulante a candidato demócrata a la presidencia, aplastado por el neo-conservadurismo que ya tomaba las riendas de los medios en norteamérica. Brown, un temprano defensor de la ecología, de los sistemas alternativos, sucumbe en la década (los 80) de la expansión y el crecimiento a toda costa. Despúes está Gary Hart Senador por Colorado (1975-1987). Iba como flecha para la postulación y con grandes posibilidades de encantar al elector "medio", y ¡pum! se le descubre -a través una prensa tipo Chilevisión- una situación de adulterio matrimonial. Se acabó su candidatura. Gary Hart le entregó en bandeja las herramientas al neo-conservadurismo de igualar "demócrata con vida adulterada". Si no hubiera salido elegido Bush padre, con toda probabilidad, hoy Bush hijo no sería presidente.



Esto es ficción hacia atrás, pero refleja la responsabilidad que le cabe al Partido Demócrata de facilitarle las oportunidades a los republicanos. Un analista como George Wild dijo un tiempo atrás que los demócratas son los que pierden las elecciones, los republicanos hacen poco para ganarlas. Los republicanos cometen todos los errores para perder la elección e igual ganan. Una excepción ha sido con la lección del padre de Bush actual, que hizo todo lo posible para perderla, cuando Clinton no pensaba salir elegido hasta muy próximo a la elección. La Guerra del Golfo de entonces (1991) facilitó el triunfo de Clinton, aunque es difícil que se vuelva a repetir el mismo escenario. No existía el 11 de septiembre de 2001.



Demócratas infieles y republicanos conspiradores



No se crea que infidelidad y conspiración puedan ser rasgos exclusivos en la política de los EEUU. Ambos constituyen un elemento consustancial en el quehacer político. Más todavía, son incitaciones que se desprenden en forma natural en el tráfico del poder, sea desde un pequeño grupo familar, hasta una organización más compleja como un partido político o una nación. La historia está plena de ejemplos.



Los demócratas lucen en su record un cuadro de infidelidades matrimoniales -supuestas o comprobadas- desde F. D.Roosevelt, pasando por J.F. Kennedy y E. Kennedy, Gary Hart, hasta el reciente caso de Clinton, que casi lo hace perder la presidencia. Por su lado, los republicanos exhiben una vasta perfomance en conspiraciones. De las más recientes está Watergate (1973): espionaje en el Partido Demócrata bajo la presidencia de Richard Nixon; el asunto Iran-Contras(1987): dinero del petróleo iraní para financiar la insurgencia contra el gobierno sandinista en Nicaragua, bajo la presidencia de Ronald Reagan; y posiblemente la última, la más impactante, la que ha llevado al estado de situación en Irak y el clima de inseguridad mundial, bajo la actual presidencia de G.W. Bush.





El legado de Clinton sobre Irak

La política de Clinton hacia Irak después de la Guerra del Golfo de 1991, fue inconsistente, poco precisa, y en ocasiones oportunista. Desde una postura "condescendiente" en 1993, de recurrir a su condición de cristiano y relajar la beligerancia para evitar más masacres, hasta la justificación de los bombardeos a Baghdad en 1998, para ganar adeptos en el Congreso. Era la época cuando B.C. se defendía y se acercaba la fecha de la votación de destitución por el caso de adulterio, la clave para que su libro sea hoy un best seller.



Esta inconsistencia en la política hacia Irak permitió que el Congreso en 1998 pasara el Acta de la Liberación de Irak que autoriza el uso de fondos para la oposición iraquí. Esta ley permitió al equipo central de Bush Jr. -Rumsfeld, Perle, Wolfowitz- comenzar a traspasar fondos hacia los exiliados iraquíes y comenzar a montar todo el plan que se está ejecutando hoy. El Acta del Congreso de octubre de 1998 señala que la política está orientada "a usar todos los esfuerzos para remover el régimen de Saddam Hussein del poder" (Martin Kettle, The Guardian, 2 de octubre de 2002).



El legado principal de Clinton tal vez sea el escenario actual en Irak, que él contribuyó a construir permitiendo la llegada del actual equipo de ideológos que lidera en la Casa Blanca.
En retrospección, todo encaja para que la estrategia republicana hubiera sido asegurar la reelección de Bush desde el comienzo, con acciones avasalladoras e instalarse por un tiempo indefinido, por lo menos hasta crear la capacidad de impedir que cualquier poder se le pudiera poner al frente.


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