Comentario de la semana política: El retorno a la política - El Mostrador

Sábado, 18 de noviembre de 2017 Actualizado a las 11:21

Comentario de la semana política: El retorno a la política

por 11 enero, 2008

El reciente cambio de gabinete deja la impresión que el Gobierno decidió volver a la política, particularmente en sus relaciones con su coalición (o lo que queda de ella) y los partidos que la componen.



La designación de Edmundo Pérez Yoma como ministro del Interior, y la salida de dos miembros del grupo Expansiva, hechos principales del cambio, son indicativos suficientes de que la Presidenta decidió poner paños fríos a la abrupta salida de Belisario Velasco de la cartera de Interior e intentar recomponer los daños que ésta dejó en las relaciones internas del oficialismo.



No se puede negar que el cambio incluyó tres notorios gestos políticos que, aparentemente, cierran el ciclo autonómico anterior: el primero a la actual directiva de la Democracia Cristiana, cuya presencia en el gobierno se densificó notablemente en materia política; el segundo al Partido Radical, que ganó un ministro e hizo exclamar al presidente de ese partido "ahora estamos sentados a la mesa"; y el tercero al PPD con la inclusión de Sergio Bitar, timonel de la colectividad, como ministro de Obras Públicas, defenestrando a un destacado representante de Expansiva.



Con todo, el escenario político aún está en pleno desarrollo, pues no sólo debe ejecutarse el cambio de subsecretarios, de jefatura de servicios públicos y de gobernadores provinciales- los que constituyen inevitables medidas complementarias del ajuste ministerial-, sino porque el nuevo gabinete debe aún ponerse en funciones para ordenar la agenda y controlar los daños que deja el período que está finalizando.



Equilibrios parlamentarios



Uno de ellos es la pérdida de la mayoría parlamentaria por parte del Gobierno en ambas cámaras del Congreso Nacional. El hecho resulta fundamental porque no sólo aumenta la dificultad de conseguir los votos para cada iniciativa de ley que se pretenda aprobar, sino que también pone una nota de incertidumbre sobre cómo funcionará la representación parlamentaria binominal en un escenario que presenta un grupo de diputados y senadores autonomizados de los bloques políticos mayoritarios.



El sistema binominal en su funcionamiento parlamentario está roto en la práctica pues la naciente minoría, principalmente en el Senado, tiene los votos suficientes para desarmar los acuerdos previos entre oficialismo y oposición sobre la elección de autoridades. Todo depende de cómo reaccionarán los bloques mayoritarios, especialmente la Alianza. Si en la derecha se impone la tesis del 'desalojo' y llega a un acuerdo con la bancada independiente para la elección de la mesa del Senado, de facto habrá dado un golpe al sistema, al eliminar la única virtud que en la coyuntura puede exhibir, cual es la relativa certidumbre en el comportamiento de senadores y diputados. De ahí en adelante se habrá decretado la guerra de todos contra todos al interior del parlamento.



Es posible que ante esta coyuntura la primera prueba del nuevo equipo que encabeza Pérez Yoma sea evitar que se concrete el quiebre de los acuerdos vigentes, especialmente porque ello minimizaría los efectos de la expulsión del senador Adolfo Zaldívar y la renuncia de cinco diputados colorines a la DC, y porque al Gobierno debiera interesarle el funcionamiento ordenado de la institucionalidad.



Autoridad en La Moneda



Es evidente también que el ministro Pérez Yoma debe recomponer las condiciones políticas necesarias para el ejercicio normal de su cartera. Donde menos dificultades debiera tener es en investirse de los elementos simbólicos y prácticos del poder ministerial, algunos de los cuales estaban en franca absorción tanto por parte de la Subsecretaría del Interior como de Francisco Vidal, ministro secretario general de Gobierno. Pérez Yoma tiene fama de ser un político experimentado y rudo, pero además exhibe una virtud que hace tiempo falta en La Moneda: autoridad, por lo que ellos debieran retornar pacíficamente a sus manos.



Más difícil debiera resultarle la tarea de ser efectivamente el jefe del gabinete ministerial, cargo que nadie ha ostentado en propiedad durante el Gobierno de Michelle Bachelet. El escollo principal de ello está en el estilo bilateral que acostumbra a practicar la Presidenta y que es, a juicio de muchos, lo que potencia los vacíos y desórdenes gubernamentales, además de la autonomía del titular de Hacienda Andrés Velasco.



La sintonía del ministro del Interior con este último podría producir el elemento ordenador del nuevo período, y crear un aliento renovado al interior del Ejecutivo. Es evidente que la mejor oportunidad de alianza para ambos en este momento está en el mutuo apoyo que puedan brindarse.



Que lo anterior pueda ocurrir también depende del espacio real que la Presidenta le brinde al nuevo equipo. De lo contrario, por inercia se impondrá el esquema de entropía política y juego mediático que hasta ahora venía dominando las acciones presidenciales, esquema donde el principal perjuicio político ha sido para los partidos que sustentan al Gobierno.





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