La legitimidad electoral se disuelve - El Mostrador

Miércoles, 13 de diciembre de 2017 Actualizado a las 14:09

Editorial

La legitimidad electoral se disuelve

por 28 octubre, 2008

Hasta ahora ha sido la derecha la que no ha permitido la reforma el binominal. Tampoco la inscripción automática y el voto de los  residentes en el extranjero, en cualquiera de sus modalidades. Aunque tampoco la Concertación ha “quemado sus naves” por exigir estos necesarios cambios al sistema electoral.

En las elecciones municipales del domingo recién pasado hubo un gran perdedor: la legitimidad democrática. Ello debido al creciente abstencionismo ciudadano respecto del ejercicio del voto político. Las cifras indican que de los 8 millones cien mil inscritos solo votó un 73% aproximadamente. Si a la abstención se suman los que simplemente no se inscriben para votar, y que ya son más de tres millones de personas, principalmente jóvenes, lo que tenemos es alrededor de un cincuenta por ciento de indiferencia frente a las elecciones y sus significados.

Se pueden obtener diversas consideraciones estadísticas poco alentadoras con estas cifras. Por ejemplo, inferir que Chile es un país gobernado por viejos, elegidos por viejos. Esto, por cierto, afectando el valor de representación de las decisiones políticas.

Sólo el 62% de los mayores de 18 años está inscrito en los registros electorales, y de éstos solo un 7,6% (o sea unas 715 mil personas) son menores de 30 años. En 1988, época que en se abrió el actual registro, esa cifra alcanzaba el 25% del padrón.  Los más jóvenes que votaron en el plebiscito ya tienen 38 años. Desde entonces, el padrón electoral no ha hecho más que envejecer, de la mano de la Constitución de 1980 y su sistema político autoritario y con déficit de representación.

Está en crisis la simbología democrática y sus ritos. Especialmente entre los más jóvenes. Aunque los procesos electorales chilenos son bastante impecables en su realización (pese a ser casi enteramente manual), ello es el resultado de una alta conciencia cívica de los que se inscriben y votan, solamente.

Los que no se inscriben y/o no votan, se están transformando en una especie de antítesis de sus compatriotas y, eventualmente, con representaciones negativas de la democracia.

En la raíz de este problema se encuentra el actual sistema binominal, que margina a muchos ciudadanos y a sus legítimas tendencias políticas. Hay chilenos que van de masoquista de elección en elección pidiendo que se les deje entrar y nadie les abre la puerta. El pacto por omisión (o la   política de hacerse los lesos) es un ejemplo claro de un sí pero no o tal vez, de baja convicción democrática.

Hasta ahora ha sido la derecha la que no ha permitido la reforma el binominal. Tampoco la inscripción automática y el voto de los  residentes en el extranjero, en cualquiera de sus modalidades. Aunque tampoco la Concertación ha “quemado sus naves” por exigir estos necesarios cambios al sistema electoral.

Las elecciones que acaban de terminar dejan en evidencia que quizás la única posibilidad que tiene la derecha de ganar las elecciones presidenciales es permitir que se abra el padrón electoral,  aceptando la inscripción automática, y capturar entre los jóvenes -entre los 20 y los 30 años- los votos que aún le faltan. Es decir, ver si realmente su oferta de alternancia y futuro cala en los principales actores del futuro.

También podría ayudarle el apoyar (quizás exigir) la modificación o reforma del binominal. Si no lo hace, nada (o poco) tendrá para prometer a ese 8% que anda merodeando su sector, y que en estas últimas elecciones se cobijó bajo el pacto “Chile Limpio”, especialmente el PRI. Evidentemente requieren también de un lugar propio en la política.

Por su parte, lo mismo le ocurre a la Concertación con los integrantes del pacto “Juntos Podemos”, especialmente el PC. Aunque en menor medida, porque en las segundas vueltas electorales los militantes y simpatizantes de este último partido siempre han terminado apoyando al candidato concertacionista. Sin embargo, todo tiene un límite.

En definitiva, lo importante y urgente es revitalizar los instrumentos electorales de la democracia, relegitimándolos.

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