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Ya llegó a Chile

"El mundo según Monsanto": un libro para dejar de comer tranquilo

por 3 abril 2009

Su autora, la periodista francesa Marie-Monique Robin, estuvo en el país para presentar esta investigación que parece una novela: corrupción, ocultamiento de datos, prácticas abusivas y campañas de imagen son los ingredientes, pero todo está perfectamente documentado. Aquí conversa con El Mostrador.cl y advierte que una vez abierta la puerta a los cultivos de Organismos Genéticamente Modificados (OMG), ya no hay vuelta atrás.

El proyecto de ley que impulsaba la introducción de transgénicos en Francia enfrentó un grave enemigo a la hora de ser votado en el Parlamento: el best seller "El Mundo según Monsanto", de la periodista Marie-Monique Robin.

El ensayo periodístico más leído de los últimos tiempos en el país galo, logró la titánica tarea de cambiar el voto de varios diputados que luego de leerlo decidieron rechazar la iniciativa, por lo que a mediados de 2008 se decidió que la nación liderada por Nicolas Sarkozy quedaría libre de este tipo de plantaciones.

En poco más de 500 páginas y a través de un lenguaje fluido, con datos fidedignos y plenamente respaldados, el lector descubre los tentáculos del gigante de los transgénicos que lo han llevado a conseguir, gracias a gobiernos y legislaciones permisivas, dominar el mercado mundial de la alimentación.

También lo sucedido con sus primeros productos, como los PCB, o el plaguicida "agente naranja" usado en Vietnam. Además, detalla cómo la corporación estableció puentes con los máximos organismos de toma de decisión de Estados Unidos (la EPA y la FDA), lo que le valió introducirse en ese mercado, legitimándose así en todo el mundo.

Un dato decidor es que la transnacional jamás concedió una entrevista a la periodista, ya que sospechaban que la investigación no sería favorable para ellos.

Para la autora, que estuvo esta semana en Chile invitada por la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (Rap-Al) presentando su libro -de Ediciones Península-, junto a un documental del mismo nombre, dar el paso a la introducción de este tipo de cultivos es un camino sin regreso.

En Latinoamérica, Argentina es el mayor productor de cultivos transgénicos, con 18 millones de hectáreas. También ha entrado a Brasil y Paraguay, con métodos nada ortodoxos, según explica la autora.

En Chile es posible producir semillas transgénicas, pero están prohibidas las plantaciones de Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Situación que podría cambiar si se aprueba el proyecto de ley "Bioseguridad de Vegetales Genéticamente Modificados", presentado en el Senado en 2006 con la firma del el actual candidato presidencial Eduardo Frei y los parlamentarios Fernando Flores, Juan Antonio Coloma, Alberto Espina y Andrés Allamand.

En conversación con El Mostrador, la documentalista y directora de cine explica por qué la lectura de este libro es materia obligada para entender cómo opera esta transnacional y los peligros que entraña abrir la puerta a los cultivos transgénicos. Y recalca que "no se trata de que haya una gran conspiración. El tema de fondo es la falta de información".

-¿Cuáles fueron los motivos fundamentales que hicieron a los diputados galos rechazar el ingreso de los cultivos transgénicos?

-Básicamente que los transgénicos no fueron seriamente estudiados, por lo que no se sabe a ciencia cierta las consecuencias para la salud humana. La falta de evaluación tiene sus motivos relacionados con el enorme poder de la transnacional, que son detallados en el libro.

Además, los transgénicos son plantas pesticidas. Esto, porque es una planta manipulada para poder resistir las fumigaciones de un herbicida de Monsanto: el Roundup, que es muy tóxico. Aunque la empresa siempre ha dicho que no es así, pero esconde datos.

-¿Cómo cuáles?

-Hay estudios que demuestran que da cáncer, que es un perturbador endocrino y que afecta el sistema de reproducción de hombres y mujeres. Hay un país, Dinamarca, que lo prohibió definitivamente.

En Europa hay mucha presión de la sociedad civil porque es el herbicida más vendido del mundo: 70 por ciento de los transgénicos cultivados en el mundo fueron manipulados para poder resistir a este Roundup.

-¿Por qué decidió hacer una investigación de esta transnacional?

-Monsanto es la primera empresa semillera del mundo ahora. No sólo es el primer productor de transgénicos, sino que es muy importante porque  está relacionada con toda la cadena alimentaria.

Por eso quería saber quien era esta empresa, que además en su sitio web dice que su meta es ayudar a los campesinos para que produzcan alimentos más sanos o que se reduzca la contaminación ambiental. La idea era saber si se podía confiar, porque lo que están haciendo es muy definitivo: una vez que se introducen los transgénicos en un país es muy difícil echar marcha atrás.

Pero contaminan las  demás variedades, llevan a la reducción de la biodiversidad, tal como lo vi en Canadá con la colza transgénica, que acabó con toda las demás variedades por efectos de la polinización.

-Más allá de estos argumentos, existe la percepción desde los sectores que apoyan la introducción de transgénicos en Chile de que si no se utiliza este tipo de herramientas el país queda atrás en el tema agro alimentario. De hecho la ministra de Agricultura, Marigen Hornkohl, en un seminario sobre el tema destacó el aporte de los cultivos genéticamente modificados.

-Por el contrario. Ese es un argumento de Monsanto, pero no es así. Los transgénicos que hay actualmente son plantas pesticidas que no son evaluadas por lo que son. Además no las necesitamos, y el rendimiento de este tipo de plantas es más bajo según muchos estudios.

Lo que hay detrás de todo esto es que los transgénicos son patentados. O sea cada agricultor que siembra de estas semillas tiene que firmar un contrato que dice que no puede conservar una parte de su cosecha para resembrar al año siguiente, como hacen todos los agricultores del mundo.

Si no, lo que hace Monsanto es mandar a la Policía de los Genes.

-Le pregunté al representante de Chile de Monsanto al respecto y me dijo que no sabía de ninguna organización de este tipo.

-(Se ríe) Hay centenares de casos y juicios, informes sobre eso. Me contacté con víctimas de la policía de los genes. Incluso los propios norteamericanos lo han publicado.

Son agencias privadas contratadas por Monsanto que mandan detectives a los campos que toman muestras y si no pueden comprobar que han comprado sus semillas, les hacen un juicio.

-¿Estos juicios los gana generalmente la empresa?

-Siempre. Cuando un agricultor ha conservado parte de su cosecha, pero la empresa también gana cuando el agricultor ha sido contaminado por el vecino. El tema es ¿cómo vas a parar la polinización abierta? Según datos oficiales del ministerio de Canadá, los OGM ya colonizaron a todo el país y las plantaciones convencionales casi desaparecieron.

Además es un monopolio total. Me entrevisté con varios agricultores que tenían plantaciones orgánicas: no pueden mantenerlas porque están contaminadas. 

Monsanto está comprando las empresas semilleras del mundo, más de 50 en los últimos 10 años, como en India. Así, impone sus semillas transgénicas patentadas.

-O sea ¿Chile podría poner en peligro su producción tradicional si aprueba la entrada de los cultivos transgénicos?

-Claro, por eso no hay cultivos transgénicos en Francia, porque la contaminación es muy potente. En el resto de Europa tampoco hay, salvo en España y Alemania.

-¿Qué le parece la política impulsada por el SAG que impide hacer público el lugar exacto dónde están los cultivos de semillas?

-No tengo nada contra la ciencia y la investigación, pero que en el tema de los transgénicos no sea a campo abierto, porque el peligro de esto es la contaminación.

 

 Ver además:

El silencioso aterrizaje de los transgénicos en Chile

 

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