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Análisis Político

Arrate, ese loco lindo

por 24 septiembre 2009

Arrate, ese loco lindo
Arrate logró mostrarse más natural, menos estresado y tieso e incluso se dio tiempo para un lujito como lo fue su réplica a Marco Enríquez-Ominami por no cuestionar sus gastos. Muy distinto es su duro papel de fondo donde se empoderó de su nicho: la izquierda dura. Que lejana se veían sus palabras y propuestas del Chile de la clase media aspiracional, del mall, del consumo. Su discurso un poco trasnochado, polarizado en la lógica de los ricos y pobres.

Arrate se transformo en la revelación del debate, a punta de simpatía y relajo, dos características muy ausentes en los otros tres contendores.

En los debates se repite siempre que la forma muchas veces supera al fondo, al contenido más propio de los programas y de las ideas. Arrate logró mostrarse más natural, menos estresado y tieso e incluso se dio tiempo para un lujito como lo fue su réplica a Marco Enríquez-Ominami por no cuestionar sus gastos. Muy distinto es su duro papel de fondo donde se empoderó de su nicho: la izquierda dura. Que lejana se veían sus palabras y propuestas del Chile de la clase media aspiracional, del mall, del consumo. Su discurso un poco trasnochado, polarizado en la lógica de los ricos y pobres.

El resto de los candidatos en la lógica de quienes tenían algo que perder, y poco que ganar, se atrevieron a interpelarse, incluso hubo un par de cruces de una rudeza pocas veces vista en nuestra pobre historia televisiva en torno a los debates. Frei se atrevió a lanzar una granada antipersonal directa a Piñera acusándolo de corrupto, por uso de información privilegiada. Piñera  tuvo el coraje de no dejar pasar el ataque y apenas tomó el turno encaró duramente a Frei exigiéndole disculpas. Hasta aquí se trabó la pelea entre los dos candidatos principales, dejando fuera a ME-O, quizás ese era el verdadero objetivo de Frei.

Marco Enríquez partió muy tenso, se fue soltando y cuando lograba el peak de su desempeño, lanzando su ataque sobre los operadores políticos en los hospitales, la movida de Frei hacia Piñera lo dejó fuera de juego, y sólo hacia el final logro recuperarse un poco.

En resumen un debate sorprendente, que supera las expectativas, pero muy marcado por los ataques personales y menos por las propuestas y las ideas. Al parecer la cultura de los realitys shows y de los cara a cara ha penetrado insospechadamente en nuestra  política, quizás ese debiera ser el formato del próximo debate, con  Nicolás Quesille en las perillas de edición.

*Gonzalo Müller es director de Ciencia Política y Políticas Públicas de la Universidad del Desarrollo.

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