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El Mostrador en el primer debate presidencial

Piñera contra las cuerdas, Frei fome pero efectivo, Enríquez bien y Arrate mejor

por 24 septiembre 2009

Piñera contra las cuerdas, Frei fome pero efectivo, Enríquez bien y Arrate mejor
Estaba programado para que no se hicieran daño, pero bastó una chispa para encender el fuego que dañó al candidato de la Coalición por el Cambio más que a los otros. En medio de un circo protagonizado por barras bravas más que adherentes, el presidenciable de la izquierda se fue con los aplausos y Frei con los titulares de la prensa.

El gran telón rojizo que cubre a lo largo y ancho una muralla en el hall de TVN, es el primer indicio de que esto será un circo. Hay lisiados, ciegos y gente vestida con mantas mapuche. Pero no son ellos los que dan la sensación de espectáculo revisteril, sino la presencia de los clásicos rostros que componen nuestro star system por más de dos décadas.

Algunos de los más notorios son la prueba de que hace cincuenta años la alimentación de los niños en Chile no era muy buena, y de que entre los cargados hacia la izquierda la pertenencia o adhesión  es un asunto que cuesta distinguir a primera vista; es casi una duda existencial. Buena parte de los personajes de este lado, no supera el metro sesenta y si alguien no está completamente informado, difícilmente sabrá cual es su candidato hasta que lo vea sentado en las gradas al interior del estudio.

Ricardo Solari, tan influyente como escurridizo, está oficialmente  con Frei. Pero conversa con otros pequeños como  Rafael Gumucio, primo y adherente de Marco, Óscar Landerretche, algo más alto, asesor económico de Frei. Con Esteban Silva, PS antiguo y hoy con Arrate y Pablo Dittborn, antes que nada bacheletista  y comparado con el grupo, un gigante. Esteban Maturana, el sempiterno dirigente de la salud, se ve más grande en la tele cuando llama a paro. Igual que los  actores  Mauricio Pesutic y Rodrigo Muñoz, ambos con ME-O, igual que el sastre Atilio Andreoli, que antes vistió a Lagos, encargado del traje para el candidato.  Solari saluda al cineasta Gonzalo Justiniano. Dan ganas de convencerlo para que filme una versión de “Caluga o Menta” pero con personajes basados en este mundo. Un desafío más complejo (e incómodo) que trazar a la gente de las poblaciones.

Marco el carbonero

Minutos antes de que los invitados entren al estudio, donde será el debate, Eugenio Tironi  está  parado junto a Martita Larraechea y las niñitas Frei, todas  cargadas al blanco. Parece darles una pequeña minuta  sobre el traspaso de los atributos de Bachelet a la candidatura del senador. Para que ningún periodista las pille mal paradas.

Juan Carlos Latorre se saluda con Sebastián Bowen, que lo supera por dos cabezas pero no tiene ni la mitad de su poder. Paralelamente, Andrés Allamand saluda con un abrazo a Karen Doggenweiler como dándole las gracias porque la candidatura de su marido lo puede salvar de otra travesía por el desierto, que esta vez sería  sin retorno. Por cierto Karen es la más sobria de las aspirantes a “primera dama”. Alguien influyente debería  convencer a Cecilia Morel de que la juventud no es proporcional a lo lisa que pueda tener  la cara. Mientras que Paula Narváez, vestida de blanco, con botas oscuras hace pensar en  una versión opaca de Malú Mader, la estrella brasileña de “Fiera Radical”.

Frivolidades aparte, ya dentro del estudio las ubicaciones del público en los asientos asignados, parecen  asignadas según un criterio ideológico. En los extremos están  los partidarios de Frei y Enríquez-Ominami. Mientras,  los de Jorge Arrate y Sebastián Piñera están casi juntos, sólo separados por un pequeño letrero. Aunque les duela, ambos bandos se parecen. La derecha y la izquierda en su estilo siempre saben lo que es bueno para el “pueblo” o la “gente”, dependiendo quien lo diga. Apenas se sientan, se nota que el vino, los sour y la champaña han hecho  efecto. Parlamentarios, alcaldes y otros prominentes de un minuto a otro se convierten en una barra brava: “Meo, Piñera la misma tontera” gritan los de Frei y, “Meo, Meo, Meo, que paren el hueveo” los de Enríquez-Omimami. Los piñeristas, tan  ingenuos como barristas mexicanos pero muy entusiastas, gritan el clásico “se siente, se siente…..”.  

Todavía no parte  la transmisión y ya empieza el calvario para Jorge Cabezas, Director de Prensa del canal. Igual que un comisario se pasea durante todo el foro tratando de hacer cumplir el instructivo según el cual los adherentes no pueden  manifestarse, salvo al final de cada bloque. Justo antes de salir al aire, Marcelo Trivelli se para de la tribuna marquista para saludar efusivamente  a Pedro Sabat y Pablo Zalaquett. Los tres forman un trío tan voluble que no cuesta imaginarlos en el futuro encabezando su propio  partido.

El fuego lo abre Marco. Está nervioso, o ha olvidado todas las lecciones del fonoaudiólogo. Habla de delincuencia y rehabilitación. Arrate a su turno parte mostrando su hilacha red set y cita el ejemplo de Holanda, donde han cerrado las cárceles por falta de delincuentes. Está bien no compararse con Haití, pero los Países Bajos existen hace ¿700 años? Frei en tanto, empieza  bien cuando menciona a “los niños” como el grupo más importante para cuidar, y así prevenir la delincuencia. Piñera enciende la grabadora, y con la chispa de un escandinavo bailando merengue, habla del “candado a la puerta giratoria” el mismo concepto de Lavín en la elección anterior, que repetirá más adelante.

Piñera se dispara en el pie

Todo marcha según lo ha trazado. Alejandro Guiller al comenzar “sin preguntas raras, sólo con temas país para que se luzcan”. Para lucirse con todas las de la ley, hay que complicar a los adversarios. Esa  parece ser la consigna de Marco. Apenas se explaya sobre vivienda, el primer tema que sorteó, dispara contra Frei y “las viviendas transitorias  de 36m2, que construyó en la Villa el Volcán” de Puente Alto y al estilo Obama, menciona a una de las pobladoras con nombre y apellido. El debate sin brillo comienza a tomar color. Enríquez-Ominami compone la dicción para dejar clara su  intención de llevar adelante una  reforma tributaria. Será uno de los ejes en su intervención. Invita a los demás a “jugar a la verdad” y explicar cómo financiarán sus propuestas.

Siguen con las Pymes, un tema ideal para las abstracciones llenas de buenos deseos. Mientras Frei alaba la política del BancoEstado (“más estado menos mercado”) y Marco se pone autobiográfico, recordando su historia como pyme cuando tenía una productora (de la que muchos empleados no tienen buenos recuerdos).

Arrate da la primera sorpresa al proponer la reserva de algunos mercados para las pymes. Piñera se da un tiro en el pie cuando habla del abuso de los bancos. Dice  que  creará un “Sernac de los bancos” y que quiere “empresarios respetuosos con la gente y el medioambiente”. Las risas y los abucheos en las tribunas son incontenibles. Longueira se toma la cara con una mano y Andrés Allamand cae en un sopor profundo.

Arrate según el sorteo debe hablar de salud, y se oye sólido: “suprimiré el 7% a las pensiones y tomaremos en serio el tema de los medicamentos, hay que regular el mercado, y ejercer más fiscalización y si es necesario distribución de medicamentos por parte de la Cenabast a un valor asequible”.

Es el turno de Frei. Habla de los hospitales inaugurados en este gobierno y de los halagos que hicieron los Clinton a la política de salud chilena, en la reciente visita de Bachelet a Nueva York. Alberto Espina suelta una carcajada.

Piñera sigue opaco, y con la grabadora aún encendida dice que “la salud está mal” sin explicar por cierto que él es accionista de la Clínica Las Condes. ME-O sabe que si habla en los mismos términos, su discurso tendrá la potencia de un eyaculador precoz y opta entonces  por golpear: “Para mejorar la salud hay que eliminar a los operadores políticos que hay dentro de los hospitales”, sabiendo también  que acaba de sepultar el apoyo explícito que le dio Guido Girardi alguna vez. Marco embestirá  a Piñera citando “sus silencios” respecto a los “ladrones de cuello y corbata” como los dueños absueltos de Eurolatina o los ejecutivos de farmacias, y acusándolo igual que a Frei de no aclarar sus gastos de campaña.

El Massú de la noche

El “tema país” de Frei es la corrupción, y la tribuna hace un ruido gutural, como esperando lo peor, cuando alguien está a punto de caer.  Pero el candidato da un golpe maestro del que Piñera no se repondrá, y cita el uso de información privilegiada consignado en  el informe de Transparencia Internacional, dado a conocer ayer por El Mostrador. Pero lo hace como balbuceos y se tupe diciendo que Transparencia es un tribunal. ¿Cómo le habría ido en el Simce de lenguaje?

Piñera  intenta responder en el bloque siguiente, acusando a Frei  de “irresponsable” y de ocultar el destino de sus inversiones. Allamand despierta del sopor y lo aplaude. Alguien le grita “mentiroso, donde está lo tuyo” a Frei. Pero el saco de plumas al viento contra Piñera ya está lanzado y será imposible recogerlo.

Los tres se verán cansados y sin chispa en la parte final, que debió ser la mejor. Piñera no cambió el cassette, Marco fue más etéreo y conceptual que nunca y Frei, forzosamente levantó la voz y citó a su padre, como si los votantes fueran pre escolares o inquilinos medievales. Arrate, seguro de que esta fue su noche, terminó su alocución diciendo “Quiero construir la patria que prometimos en el '88”, y si adentro se declaró allendista, afuera en la conferencia de prensa se fue citando a Bielsa: “Lo único que no perdono es no luchar”; y también a Nicolás Massú: “Nada es imposible”.

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