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41 por ciento de aprobación en RM según encuesta CEP

Se confirman temores de La Moneda: Transantiago daña imagen presidencial

por 30 julio 2010

Se confirman temores de La Moneda: Transantiago daña imagen presidencial
No fue una sorpresa. Pero las medidas no llegaron a tiempo para paliar el fuerte descontento que han producido en la población las sucesivas alzas del pasaje del transporte capitalino. La salida de la coordinadora del Transantiago, Ana Luisa Covarrubias, proveniente de Libertad y Desarrollo, marca un giro en la estrategia gubernamental frente al tema y de paso es un termómetro del momento político que vive el titular de la Segpres, Cristián Larroulet.

Dos alzas en el precio de los pasajes y un paro de choferes del Transantiago, fueron parte del escenario en que la encuesta CEP recolectó los datos que este jueves arrojaron que sólo un 41 por ciento de los habitantes de la Región Metropolitana aprueba la forma en que Sebastián Piñera está conduciendo su gobierno.

No es casual que este sea el porcentaje más bajo obtenido por el Mandatario a nivel nacional, que en promedio fue de 45 por ciento. El resultado no fue una sorpresa en La Moneda, donde tal como lo anunció este medio la semana pasada, había preocupación por las consecuencias que el Transantiago pudiera tener en la imagen presidencial.

Según el presidente de Adimark, Roberto Méndez, el gran factor que opera en los resultados de la encuesta en Santiago es precisamente el sistema de transporte. “La gente ha experimentado alzas de precio muy significativas y no ha habido mejoría del servicio, por lo que había un costo político muy predecible”.

Para el experto, el 41 por ciento de aprobación “no es dramático pero es malo”. Y señala que “es posible que no se haya visto adecuadamente el costo político que tienen las alzas de precios en la percepción de la gente, no hubo previsión de eso”.

En tanto, el ex jefe de la División de Coordinación Interministerial-SEGPRES, Ricardo Brodsky, asegura que los resultados atienden a “una seguidilla de alzas y falta de reacción política. En el fondo el gobierno acusó recibo de una gestión completamente tecnocrática y de poca sensibilidad, ya que aplicaron las alzas de acuerdo a un sistema de reajuste sin considerar el impacto en el bolsillo de los chilenos”.

El resultado no fue una sorpresa en La Moneda, donde tal como lo anunció este medio la semana pasada, había preocupación por las consecuencias que el Transantiago pudiera tener en la imagen presidencial.

El gobierno empezó a tomar cartas en el asunto hace pocas semanas, después de que se instaló la hipótesis de que el Transantiago era el responsable de que, según datos que no fueron públicos de la encuesta Adimark -y que se conocieron en Palacio a principios de julio- el Presidente y su administración tenían un porcentaje de aprobación mucho menor en la RM que en el resto del país.

Entre las medidas impulsadas para revertir la percepción de la ciudadanía sobre el rol del gobierno en el manejo del Transantiago, se cuentan reformas legales para fijar un nuevo marco regulatorio e inyectar recursos  al sistema. Además se apostó por empoderar al ministro de Transportes, Felipe Morandé, quitándole piso a la hasta la semana pasada coordinadora del Transantiago, Ana Luisa Covarrubias.

Covarrubias “brillante”, pero…

Durante todo el gobierno de Michelle Bachelet las críticas de la entonces oposición al Transantiago y su gestión, estuvieron fuertemente marcadas por los lineamientos del think tank Libertad y Desarrollo (LyD).

Desde esa tribuna, Ana Luisa Covarrubias realizó sus reparos y propuestas sobre el sistema de transporte capitalino.

Pero el desempeño que tuvo en el cargo no fue lo que se esperaba. Por eso el viernes pasado dejó el puesto. Y aunque oficialmente se explicó que el cambio se trataba del inicio de una "segunda fase" del proceso para reformular el cuestionado modelo de locomoción colectiva, lo cierto es, según corroboran altas fuentes ministeriales, hubo una mala evaluación del desempeño de la ingeniera civil, ya que tenía una posición “muy ortodoxa y pasiva”.

Desde La Moneda señalan que “de la teoría a la práctica hay un camino. Aunque ella es brillante en la teoría y conoce a fondo el tema, y nadie ha puesto eso en duda, no tiene las habilidades para la ejecución. Por lo mismo no la sacaron de frentón y la trasladaron a  otro cargo donde puede mostrar y utilizar sus habilidades teóricas. Con ella no se usó para nada la ley de las compensaciones. Está claro que no tuvo la expertise en la ejecución”.

Covarrubias es parte de la red que el ministro secretario general de la Presidencia, Cristián Larroulet, tiene dentro del gobierno, y a pesar de que su salida, según las mismas fuentes, no dice relación directa con su influencia en el gobierno, sí marca una tendencia del momento político que vive el ex director ejecutivo de LyD.

Otra cosa es con guitarra

Cuando Larroulet fue designado en el cargo, se lo calificaba como el más capacitado para desempeñar su nueva tarea. Esta confianza radicaba en su vasta experiencia legislativa liderando LyD y en las redes transversales que tejió como soporte técnico-político mientras la Coalición por el Cambio fue oposición.

Por eso, él mismo aspiraba a desempeñar un rol clave en las negociaciones legislativas con la Concertación y convertirse en el “Boeninger” de la Alianza. Pero las cosas no han sido fáciles, y le ha costado más de lo esperado posicionarse en ese rol.

Para Ricardo Brodsky “la gestión de Larroulet no ha estado a la altura de las expectativas, se ha ido cayendo. Boeninger fue articulador de acuerdos, dibujó la transición de manera muy inteligente, no es lo que está haciendo Larroulet”.

Las críticas de la Concertación apuntan a que no ha logrado posicionarse en las negociaciones parlamentarias. Por ejemplo en el caso de rechazo al royalty minero, medida clave para el Plan de Reconstrucción del gobierno y que, según la oposición, fue liderado por otros ministros.

Larroulet no la ha tenido fácil. Emblemático fue el rechazo de los parlamentarios concertacionistas a la creación de la Superintendencia de Educación, a pesar de que fue una idea impulsada por Michelle Bachelet, debido a que no hay interés  para colaborar con el gobierno y menos dar sus votos si no hay gestos concretos para negociar los proyectos.

Tampoco le ha ayudado a impulsar la agenda legislativa el conflicto en el Congreso generado a raíz de la decisión de Piñera de cuestionar la administración de Bachelet desde varios frentes. El mal clima que ha debido enfrentar es muy complejo, por lo que, como grafica el senador PS Camilo Escalona, cuando Larroulet va a Valparaíso “es un alma en pena”.

Situación que tiene tan preocupado al titular de la Segpres, que hace una semana se reunió en su despacho con el ex ministro Enrique Correa y el sociólogo Eugenio Tironi, con los que habría discutido la necesidad de retomar “la democracia de los acuerdos” y destrabar la agenda legislativa.

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