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Análisis Político

El síndrome Chiapas

por 15 septiembre 2010

El síndrome Chiapas
Nuestra estabilidad política, que usamos como principal argumento para atraer inversión extranjera, no es una certeza con los niveles de desigualdad que tenemos y los problemas con nuestros pueblos originarios. Ergo, el problema mapuche puede tener efectos incalculables en nuestra credibilidad ante los inversionistas extranjeros, difíciles de medir.

El conflicto mapuche, después de semanas de estar invisible para los medios, se ha vuelto un tema de realidad noticiosa. Esto ha hecho que muchos  miren hacia las más famosas huelgas de hambre ocurridas en el mundo, poniéndose en el caso que se llegue hasta el final más duro que es la muerte de un comunero.

Hay dos casos que se mencionan como similares con la situación mapuche. La primera es la famosa huelga de hambre de los prisioneros del IRA, que solicitaban ser considerados presos políticos. La inflexibilidad del gobierno inglés, y la resolución llevo primero a la muerte de Bobby Sands y nueve más, como ha sido recordado largamente en estos días. La tentación de tomar la posición dura del gobierno conservador de Margaret Tatcher es mayor, pues si bien la causa irlandesa se hizo visible, el gobierno no se vio amenazado por largo tiempo. Pero los defensores de la línea dura como algunos columnistas suelen olvidar que la popularidad de la Dama de Hierro se debió en buena parte a sus éxitos en la  guerra de las Malvinas, más que a su posición inflexible en la huelga del IRA.

El segundo caso es la prolongada huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo en Cuba, reclamando también mejoras en el trato a los prisioneros de la llamada primavera negra. La muerte de OZT, simbólico por ser un albañil de origen africano, opuesto a un gobierno que declara ser el representante de los desposeídos de la tierra, provocó una ola de repulsa y volvió visible a una oposición hasta ese momento inexistente. El conflicto de los mapuche no puede ser analizado bajo la óptica del caso cubano o irlandés, salvo que al igual que los disidentes cubanos y los militantes del IRA, son presos condenados luchando por un cambio en su status.

Es probable que un Ministro de Hacienda o un analista económico, ante la pregunta si esta crisis afectará la inversión en Chile reciten las ventajas de nuestro manejo económico descartando tal riesgo.  ¿Es efectiva esta afirmación?

Antes que nada es bueno señalar que los inversionistas son personas, que al igual que usted y yo toman muchas decisiones alentados por la racionalidad, pero también por las impresiones que les causan los países. La estabilidad de las instituciones y la paz social suelen ser variables binarias en grandes decisiones.

La Región de la Araucanía tiene todas las condiciones para convertirse en el Chiapas chileno. Es la región más pobre de Chile con un PIB per cápita igual a la mitad del promedio nacional y la última en Chile en el Índice de Desarrollo Humano, además de ser la que tiene mayor porcentaje de población indígena.

Según una encuesta publicada por La Tercera el 54% opina que el gobierno lo ha hecho mal o muy mal en el conflicto generado por dicha huelga y el 86% cree que afectará el tema país como lo reflejó una reciente entrevista al encargado de dicho programa en El Mostrador. Claramente la muerte de un comunero hará que estos números se disparen y el gobierno se enfrentará a una presión de la opinión pública de proporciones. Ya hemos visto lo que es capaz de hacer el Presidente con la institucionalidad cuando se ve atenazado por las encuestas.

Chile ha logrado ser una estrella del mundo en desarrollo, al lograr el ansiado ingreso a la OECD, y tener un cambio de signo en la coalición gobernante sin trauma de ningún tipo, mostrando una democracia madura e instituciones sólidas. En eso recuerda a México de principios de los 90, con un acelerado crecimiento económico y reformas políticas que le abrieron el paso en el año 1994 a la OECD y la firma de un tratado de libre comercio con Canadá y Estados Unidos. Parecía el camino rápido al desarrollo hasta que unos fogonazos el 1 de enero en la olvidada región de Chiapas sacudieron el status quo.

Si bien son muchos los factores que explican la crisis política y económica que vivió México a partir de ese enero de 1995, la seguidilla de sucesos políticos que comenzó con la rebelión de Chiapas es claramente uno de ellos. Llama la atención que el conflicto partía en la región mexicana más pobre y con mayor población indígena, y poco tiempo después de la incorporación de México a la OECD.

La Región de la Araucanía tiene todas las condiciones para convertirse en el Chiapas chileno. Es la región más pobre de Chile con un PIB per cápita igual a la mitad del promedio nacional y la última en Chile en el Índice de Desarrollo Humano, además de ser la que tiene mayor porcentaje de población indígena. Como me han comentado autoridades de la zona, al igual que en los alrededores de Ocosingo y San Cristóbal en aquellos años, hay poca inversión privada. Y por cierto, al igual que México en esos años, todavía no se apagan las luces de la celebración de nuestro ingreso a la OECD.

Nuestra estabilidad política, que usamos como principal argumento para atraer inversión extranjera,  no es una certeza con los niveles de desigualdad que tenemos y los problemas con nuestros pueblos originarios. Ergo, el problema mapuche puede tener efectos incalculables en nuestra credibilidad ante los inversionistas extranjeros, difíciles de medir. Una tragedia significará que Chile hará mal, botando millones de dólares al tacho de la basura de la campaña de reposicionamiento de nuestra imagen. Como antecedente a mirar, recordemos que en el año siguiente al conflicto en Chiapas, la inversión extranjera directa en México bajó casi un tercio.

Culpar a los gobiernos pasados no ayuda a resolver el conflicto mapuche. Entre otras razones, porque gobernar consiste en resolver los problemas heredados o propios. Más aún, la seguidilla de acusaciones mutuas hará más lejano el consenso necesario para un nuevo trato con el pueblo mapuche. Está en las manos del Presidente Piñera la solución, de la misma manera que siempre estuvo en manos del gobierno central mexicano resolver la crisis de Chiapas. Y por cierto que la voluntad y la capacidad la tiene, como probó recientemente en su aplaudida porfía por encontrar a los mineros. Y al igual que pasó con los gobernantes mexicanos de mediados de los noventa, no solamente las encuestas, sino la  historia y los inversionistas lo juzgarán por su rol  en esta crisis.

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