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Las dos almas del pacto opositor chocan en proyectos emblemáticos

La megacrisis que amenaza a la Concertación en su primer año fuera del gobierno

por 21 enero 2011

La megacrisis que amenaza a la Concertación en su primer año fuera del gobierno
Aunque la mayoría de los dirigentes se niegan a aceptar que el conglomerado atraviesa por su etapa más difícil desde su conformación, quienes son minoría tienen un diagnóstico más drástico. Están convencidos de que se han alejado de la gente y que se han convertido en una “oposición amarilla”, que no representa las demandas ciudadanas. Al punto de que Océanos Azules, el movimiento que fue plataforma programática de la candidatura presidencial de Eduardo Frei, plantea en un documento crítico que es necesario refundar la coalición.

Esta última semana de Congreso pasó a quedar en los anales de la Concertación, pues fue una de las peores de este difícil año para la coalición opositora. No sólo porque le entregó un “triunfo gratuito” al gobierno aprobando la Reforma a la Educación, como critican desde el interior del propio pacto, sino porque de paso perdió otro emblemático dirigente socialista: el diputado Sergio Aguiló. Todo en medio de un festival de recriminaciones públicas. Episodio en el que el gobierno toma palco, pese a haber sido el que, después de muchos meses de arduo trabajo, logró instalar una cuña que divide a la oposición. A ello se suma la dura crítica que decidió hacer pública Océanos Azules, el movimiento que se constituyó en la plataforma programática del ex candidato presidencial del sector, Eduardo Frei, y que durante este año ha mantenido una discreta distancia de sus socios. En el marco de una especie de catarsis respecto al comportamiento de la Concertación, Océanos Azules plantea la necesidad de refundarla bajo el concepto de una “Coalición de Ciudadanos por la Democracia”.

En sus 18 carillas, el documento reúne las críticas que este movimiento ha venido haciendo a sus socios de la Concertación durante el año y plantea derechamente que “siendo coherentes con fomentar la aparición de una nueva alternativa política, creemos que debe reemplazarse la Concertación por una potente Coalición de Ciudadanos por la Democracia, que sea amplia, que sea abierta, que sea capaz de convocar, que sea moderna, que sea inclusiva y que la constituyan partidos, organizaciones y personas”.

Pero esto sólo se suma a los muchos problemas que enfrenta la Concertación. Las críticas vienen desde su seno desde el inicio de esta nueva etapa del conglomerado. Y la votación del proyecto “revolucionario” de Joaquín Lavín no ha hecho más que profundizarlas. Para nadie es un secreto que desde que asumió el gobierno de Sebastián Piñera ha intentado atraer hacia su molino a líderes de la coalición opositora. El presidente de RN, Carlos Larraín, cumplió un rol importante en esta tarea, que parecía no haber tenido éxito. Pero quien se está llevando los méritos de los múltiples esfuerzos de muchos en la derecha es el ministro de Educación.

Las dos almas

Lavín no sólo se anotó un triunfo personal al lograr que la oposición entregara sus votos para un proyecto que “no está en su ADN”, como insistía un parlamentario del sector, sino la cuña que generó fue tan grande que, según trascendió, en el almuerzo de la Concertación del martes pasado el senador Camilo Escalona le enrostró al presidente de la DC y senador Ignacio Walker que en el debate de la reforma educacional más parecía “un asesor de Lavín” que otra cosa. Mientras que en la misma cita los senadores Ricardo Lagos Weber y José Antonio Gómez se gritaban de un extremo al otro de la mesa. Todo luego que este último se restara de participar en la firma de acuerdo que se traduciría en que la mayoría de la Concertación le diera sus votos a la derecha para concretar la aprobación del polémico proyecto en la Cámara Alta.

Esta última semana de Congreso pasó a los anales de la Concertación. No sólo porque le entregó un “triunfo gratuito” al gobierno aprobando la Reforma a la Educación, como critican desde el interior del propio pacto, sino porque de paso perdió otro emblemático dirigente socialista: el diputado Sergio Aguiló. Todo en medio de un festival de recriminaciones públicas.

Lo cierto es que este proyecto volvió a dejar de manifiesto las dos almas que existen en la Concertación y gracias a lo que el gobierno de Piñera ha logrado aprobar sin  mayor esfuerzo iniciativas como el royalty, el presupuesto para este año, el salario mínimo y el reajuste de la ANEF, entre los más emblemáticos. La situación que atraviesa el sector hace que muchos parlamentarios vean con preocupación algunas otras reformas que se vienen por delante como son la de la Salud y la reforma laboral.

El escenario es tan complicado para la oposición, porque además el royalty y la reforma a la educación dejaron también algunas bajas. El primero, fue la razón por la que el diputado René Alinco terminó renunciando al PPD para unirse a las filas del PRO, de Marco Enríquez-Ominami, mientras que el último provocó la salida del socialista Sergio Aguiló de las filas del partido que lo cobijó durante 20 años. Aunque evitó responsabilizar a los máximos dirigentes de la Concertación, sí reconoció que “esta fue la gota que colmó el vaso” y advirtió que en adelante votará en conciencia los proyectos que lleguen a la Cámara.

Adicionalmente los diputados radicales, partido que a través de su timonel José Antonio Gómez ha defendido sin tranzar el fortalecimiento de la educación pública, anunciaron el pasado miércoles que congelarán las relaciones con sus pares de la Concertación, “producto que no son recogidos nuestros planteamientos ni tampoco son aceptadas nuestras indicaciones al interior de la misma”. Con lo que generaron aún mayor tensión al interior del pacto opositor.

Si bien no ha sido fácil para la coalición que gobernó durante 20 años asimilar su paso a la oposición, tampoco lo ha sido el tener que lidiar con personalismos internos que aspiran a convertirse en los presidenciables del sector el 2013. Es por ello, que el presidente del Senado, el DC Jorge Pizarro, lejos de entrar en las peleas del pacto ha intentado actuar de mediador. “Siempre la Concertación debe tener como norte la búsqueda de la unidad, el privilegio del proyecto colectivo por sobre los personalismos excesivos o negativos, porque lo que eso genera es división y debilita nuestras posturas… y eso es hacerle el juego a la derecha”, advirtió ayer jueves, luego que un grupo de senadores que rechazaron la reforma a la educación en la Cámara Alta dieron una conferencia de prensa en la que se mostraron reacios a dejar de lado las banderas que le dieron a la coalición el respaldo ciudadano.

Oposición “amarilla”

Así Mariano Ruiz-Esquide (DC), Jaime Quintana (PPD) y José Antonio Gómez aunaron sus críticas a la forma de actuar de sus pares, haciendo énfasis en que algunos de ellos mostraron mayor entusiasmo por aprobar el proyecto de educación que el propio gobierno.

Sus críticas y fuertes frases dejan entrever la difícil etapa que atraviesa la Concertación. Por lo pronto pusieron el acento en que no existe en el bloque consenso respecto a la forma de hacer oposición y que algunos dirigentes atemorizados por las críticas del oficialismo, en cuanto a que han actuado de manera obstruccionista, se han dejado llevar aprobando iniciativas a espaldas de la opinión pública concertacionista. Sin ir más lejos, el senador Gómez no tuvo empacho en sostener que “somos una oposición amarilla, que no tiene fuerza y que no representa a los que no tienen voz” y que en la Concertación se ha impuesto la “política de resolver entre unos y no entre todos”, un dardo directo a quienes llegaron a acuerdo con Lavín en materia de educación, como son los senadores Ignacio Walker (DC), Ricardo Lagos Weber (PPD) y Fulvio Rossi (PS).

En el almuerzo de la Concertación del martes pasado el senador Camilo Escalona le enrostró al presidente de la DC y senador Ignacio Walker que en el debate de la reforma educacional más parecía “un asesor de Lavín” que otra cosa.

En este contexto, Gómez advirtió derechamente que tal como se dio el debate en la reforma a la educación quedó en evidencia que “la colación no avanza, porque se tomó la decisión de cogobernar con el Presidente Piñera y nosotros no estamos disponibles para eso”. En la misma línea, el senador Quintana responsabilizó a los presidentes de los partidos de la colación por el rumbo que se está tomando. “Lo que nosotros creemos es que la Concertación claramente retrocede y hay que hacer una autocrítica, y en ello los presidentes de partidos tienen una enorme responsabilidad por haber permitido excederse en un mandato que tenía límites, que no era un mandato libre”, afirmó aludiendo a la forma como se resolvió respaldar el proyecto educacional del gobierno.

A su juicio, “la Concertación  no tiene un problema de ser obstruccionista, el problema es que se ha apartado de sus ideas fundacionales, donde la educación pública es una de ellas. (...) esta fue una mala negociación para la Concertación. Algunos estaban más entusiasmados que el propio ministro Lavín con este proyecto de ley, y les interesaba más la foto de un acuerdo con el Gobierno que defender el concepto y las ideas de educación pública que hemos sustentados durante todos estos años”, concluyó.

Aunque el proyecto de educación se convirtió en el catalizador de los problemas que, durante el primer año de gobierno de la derecha, se han venido incubando en la coalición opositora, algunos en la Concertación admiten que el conflicto es más profundo que eso. Y que tiene que ver con que “se ha perdido el link con la ciudadanía, con la gente que nos apoyó durante 20 años y nos permitió ser gobierno. Y, tal parece, que no tenemos un proyecto común”. Pero no sólo entre los partidos, sino que al interior de los mismos. Porque en cada iniciativa parlamentaria importante ha habido diferencias al interior de las colectividades, lo que según un dirigente opositor “hace más difícil encontrar los necesarios consensos para avanzar”.

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