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Ayer la Cámara aprobó comisión investigadora por la contaminación de Ventanas

Puchuncaví: radiografía de una zona de muerte

por 7 abril 2011

Puchuncaví: radiografía de una zona de muerte
Con el paso de los años, los vecinos han visto el progresivo deterioro del suelo, mar y aire. Lo que implicaría un gran desarrollo industrial los dejó entre el hambre y el cáncer. La noticia estuvo ahí en marzo por la alta contaminación de la escuela La Greda, pero esa es sólo la punta del iceberg de un enemigo mortal y silencioso que se propaga por varios kilómetros a la redonda. Señores diputados, esto es lo que verán.

“Quiero que le demos la bienvenida a una nueva viuda a la familia Enami”, dice Luis Pino, presidente de la Asociación de Ex Funcionarios de la Empresa Nacional de Minería. El frío y la brisa caen como un manto espeso sobre Quintero, en la Quinta Región. Sin embargo, el calor se encierra en esta salita del Liceo Politécnico de la ciudad, donde han llegado 250 miembros de la organización.

El sonido seco de las manos se cierra en un aplauso para Mercedes Astudillo (58). Su esposo era Francisco Barahona, muerto el 31 de diciembre de 2010 luego que un cáncer de pulmón lo devorara sólo 30 días después de conocer el diagnóstico.

Mercedes dice que todo comenzó con un dolor de piernas. Luego sobrevinieron una serie de mareos, calambres en las manos y dos caídas en bicicleta. El 18 de noviembre le dieron el diagnóstico y le dijeron que la enfermedad de Fernando no tenía vuelta. “Mi esposo entró a trabajar a la Enami en Ventanas a los 17 años y murió a los 61, trabajando para Codelco. En ese tiempo hizo de todo, por eso, cuando se enfermó me dijo que me quedara tranquila porque la empresa iba a pagar todos los gastos. Él sabía que estaba enfermo producto de la contaminación”, cuenta.

Mercedes se sumó a las más de 30 mujeres que conforman el grupo de viudas de Ventanas. Todas ellas cargan con el diagnóstico de sus maridos que en el papel apuntan a diferentes causas médicas.

Sin embargo, todas aseguran que el culpable es un enemigo silencioso y crónico que por años ha emanado de las principales empresas ubicadas en la zona industrial Ventanas y la bahía de Quintero.

Eliana Martínez es una de las pioneras del grupo. Ella cuenta que la zona se ha ido muriendo: “Antes tenía 1.200 gladiolos plantados en el jardín de mi casa; hoy no crece nada. Por mucho tiempo pensamos que la culpa la tenía el agua salada. Jamás escuchamos hablar de contaminación y cuando llegaron las industrias pensamos que sería bueno para todos”.

La Asorefem tiene 420 miembros y se creó para hacer frente a las muertes de los trabajadores de Enami. Su objetivo: lograr que las familias de los fallecidos y también los enfermos de la empresa consigan una indemnización que palie en algo el daño. Luis Pino carga en sus manos con el nombre de la mayoría de ellos: 135 certificados de defunción.

Tres años antes de morir, su esposo se sometió a un examen toxicológico. El resultado la golpeó: el informe médico realizado en Viña del Mar alertaba sobre altos contenidos de plomo en la sangre, además de mercurio, cobre y arsénico en la orina. Junto a Eliana, de pie, están Carolina Vega y Angélica Lazcano. Ambas asienten cada vez que Eliana cuenta su historia. Ellas vivieron lo mismo.

La Asorefem tiene 420 miembros y se creó para hacer frente a las muertes de los trabajadores de Enami. Su objetivo: lograr que las familias de los fallecidos y también los enfermos de la empresa consigan una indemnización que palie en algo el daño. Luis Pino carga en sus manos con el nombre de la mayoría de ellos: 135 certificados de defunción.

Dos de ellos tienen relación con Rosa Córdova (52). Pasó el terremoto del 65` en la Enami. Su padre trabajaba allí y junto a toda su familia, vivían en una de las 45 casas que tenía la empresa en sus terrenos. Tres años más tarde, se fueron a vivir a Ventanas alto. Pero no fue suficiente para su padre quien siguió trabajando en esa empresa hasta el 84`. Tres años después de jubilar, murió de un cáncer gástrico y el 99` falleció su madre, de cáncer hepático.

A pesar de que la familia de Rosa Córdova, atribuyó las muertes a la exposición a la contaminación por haber trabajado en la Enami, su hermano entró a trabajar a la Enami a los 17 años y luego siguió en Codelco. Pero hace dos años, cuando aún era trabajador activo, murió de cáncer al estómago. Hoy la última integrante de la familia, tiene miedo de realizarse exámenes médicos y sufre por su nieta de siete años, que tiene bronquitis obstructiva y asma, lo que no le permite asistir todos los días a la Escuela de La Greda.

(De izquierda  derecha) Angélica Lazcano, Eliana Morales y Carolina Vega perdieron a sus esposos. Los tres trabajaron casi toda su vida para Enami en Ventanas.

(De izquierda derecha) Angélica Lazcano, Eliana Morales y Carolina Vega perdieron a sus esposos. Los tres trabajaron casi toda su vida para Enami en Ventanas.

Codelco ha dicho en reiteradas ocasiones, que sólo se hará cargo de lo que sucedió desde el año 2005 en adelante cuando absorbió Enami.

Metales pesados

El 1 de octubre del 2007, Codelco Ventanas fue sancionado por la Superintendencia de Servicios Sanitarios, “por descargar residuos líquidos como resultado de su proceso, actividad o servicio, transgrediendo los valores límites de emisión en cursos de agua superficiales”, como se lee en el dictamen. Durante el 2006 se superó las normas de emisión de Selenio en un 1.000% (septiembre), la de coliformes fecales en un 17.000% (octubre), la de Fluoruro en 9.200% (noviembre) y la de Arsénico en un 5.500%. Durante el 2007, en enero se superó la norma de emisión en un 3.700% de Fluoruro y en un 220% de Níquel. (Ver documento adjunto)

Varias empresas de la zona utilizan el agua de mar para enfriar sus maquinarias y luego la devuelven a una temperatura mayor, como es el caso de las cuatro termoeléctricas que posee Aes Gener en la zona. GNL hace la operación inversa, el gas natural que llega en estado líquido, es calentado con el agua de mar. Otras empresas, como Codelco y Oxiquim, descargan residuos líquidos todas las mañanas. Pero eso no es todo, derrames de petróleo también han afectado la zona. Todo esto ha desplazado a los pescadores de la bahía.

Una vez a la semana, Gastón Silva Pizarro sale de su casa en Quintero a las 9AM y se dirige al mar. Tiene 63 años y lleva 43 buceando. Pero no siempre puede hacerlo. Al otro lado de la bahía está el sector industrial Ventanas y algunas mañanas “una nube verde bordea la costa y con el viento norte nos llega toda la contaminación”, asegura. Esos días se devuelve a su hogar con mucho malestar. “Siento que me ahogo y que me arde el pecho”, explica.

Cuando Silva  comenzó a trabajar en el mar tenía 20 años. Partió como pescador y después se sumergió en las profundidades. El buzo recuerda que en aquel tiempo podía sacar entre tres mil y cuatro mil ostiones. Hoy con suerte alcanza los 50. “Gracias al mar lo tuve todo, pero las empresas nos desplazaron y sin ningún beneficio”, cuenta Silva. En todas las celebraciones familiares, él armaba un festín con lo que sacaba del mar, pero “hoy en día ya no consumimos mariscos de acá. Están todos contaminados”, explica con tristeza.

Desde el hogar de ancianos de Fundación las Rosas se pueden ver las cimeneas. El día de la emergencia en la escuela de La Greda sintieron olor a ratón muerto.

Desde el hogar de ancianos de Fundación las Rosas se pueden ver las chimeneas. El día de la emergencia en la escuela de La Greda sintieron olor a ratón muerto.

Silva asegura que desde los 80` los mariscos empezaron a disminuir y fue por eso, que hace 20 años decidió ampliar su área de trabajo. Comenzó a transportar a los biólogos contratados por las empresas de la zona, para hacer estudios sobre la contaminación en el mar, cada uno o dos meses. Silva buceaba a unos 20 metros de profundidad y obtenía muestras del suelo. Comenzó cobrando 20 mil pesos, hoy llega a los 100 mil y trabaja para Codelco, AES Gener, Oxiquim y GNL.

A lo largo del tiempo la temperatura del mar ha ido cambiando, asegura el buzo. “Si antes duraba sumergido una hora, por el frío, ahora puedo estar hasta dos y tres”. Pero no es lo único que ha cambiado, “cada vez veo más jaibas suspendidas muertas en el fondo del mar… lo mismo con los ostiones y los choritos”. Otra cosa que le llama la atención a Silva, es el color de la arena del fondo del mar: “Cuando te acercas a Gener (empresa de generación  termoeléctrica a carbón) ves el carboncillo en el fondo. Incluso hay días en que flota sobre la superficie”.

“La pena más grande que tengo, es que me voy a quedar solo, porque mis hijos se quieren ir de aquí, no quieren más contaminación”, asegura Silva. Su hijo, Gastón, tiene cáncer linfático y cuando se recupere se irá a vivir al Valle del Elqui.

Los olvidados de la zona

El 23 de marzo, día en que una falla de Codelco Ventanas provocó la intoxicación de más de 40 personas –la mayoría alumnos de la Escuela la Greda–, en el hogar de ancianos de la Fundación Las Rosas, sintieron olor a ratón muerto. El hogar se ubica en Ventanas alto, un pequeño cerro que queda frente al mar y al costado de las cuatro termoeléctricas que posee Aes Gener. Desde el patio, donde salen algunas de las 46 ancianas a tomar aire durante los días de verano, se ven las chimeneas humeantes.

La religiosa Leonor Guerrero, directora del hogar de ancianos, cuenta que hace cuatro años siente el aire más pesado y ve que la contaminación ha ido deteriorando el jardín interior de la casona. “Antes todo era más verde… Ahora procuro dejar a los abuelos adentro del hogar y con las puertas cerradas. A veces sentimos dolor y comezón en los ojos”. El hogar está a solo siete cuadras de la contaminada escuela.

En las comunas de Quintero y Puchuncaví, no existen hospitales y frente a cualquier emergencia, los habitantes se dirigen a los hospitales de Viña del Mar.*

El director del consultorio Ventanas, Cristián Barraza, cuenta que hace tres años ocurrió un derrame en el sector “Puerto Ventanas” procedente de la empresa Panimex S.A. “Ese día llegaron varios niños con irritación ocular”. Sin embargo, Barraza cree que el daño de la contaminación es crónico y se ven los resultados a largo plazo. “La exposición continua a fuentes contaminantes, podría acortar la vida en 10 años. Deberían realizarse estudios sobre el real impacto que esto provoca en la salud”.

Los vecinos de La Greda

El seremi de Salud de Valparaíso, Jaime Jamett, presentó un estudio el 7 de marzo. Éste evidenció la presencia de metales pesados dentro de la Escuela de La Greda y en un radio de tres kilómetros. El documento, de noviembre de 2010, expresaba lo siguiente: “De los primeros análisis de los 66 puntos georeferenciados de acuerdo a la matriz diseñada para dicho muestreo y que comprende un radio de 3 kms. de la Estación La Greda, se ha detectado la presencia en dicha matriz de elementos como: Cadmio, Cobre, Plomo, Cromo, Arsénico, Níquel y Selenio”. El informe agregaba que dichos elementos se encuentran por sobre la norma de suelo internacional, ya que en Chile no existe normativa de suelo.

“En ese radio se encuentra el Colegio Sargento Aldea de Ventanas, a 500 metros de la termoeléctrica Campiche (Gener) y a 800 de Codelco. La Escuela de Chocota, Campiche, Maitenes y el hogar de ancianos Las Rozas, a unas siete cuadras de la Escuela de La Greda”, asegura David Inzunza, presidente del Consejo Ecológico de Puchuncaví y Quintero, quien agrega que “el verdadero tema es que toda la comunidad está contaminada”.

Rafael Sánchez vive en Campiche hace 28 años. Está de pie sobre el cerro de cenizas que está contiguo a su casa y que fue abandonado por una termoeléctrica.

Rafael Sánchez vive en Campiche hace 28 años. Está de pie sobre el cerro de cenizas que está contiguo a su casa y que fue abandonado por una termoeléctrica.

Rafael Sánchez vive en Campiche hace 28 años, a 700 metros de la Escuela de La Greda y a unos mil, del inicio del cordón industrial de Ventanas. Tiene problemas respiratorios. “En la noche debo ir cambiando de posición para poder respirar, con suerte logro dormir cuatro o cinco horas y los resfríos me afectan rápidamente”, asegura Sánchez y agrega: “Pero mi problema es ínfimo comparado con el de otros, que han visto morir a sus vecinos e hijos”.

Sánchez, como muchos otros pobladores de Puchuncaví, no tiene agua potable. “Tengo un pozo y frente a mi casa, a 90 metros, hay un depósito clandestino de cenizas provenientes de las termoeléctricas. Este cerro que ves, antes no existía y si te das cuenta, bajo la capa de 5 cms de tierra hay sólo ceniza. Yo he visto a los camiones de Aes Gener botándola”, asegura.

En Gener dicen que estos depósitos están en el lugar antes del año 93, cuando no había regulación al respecto. En ese momento un contratista se encargaba de los deshechos y acordaba con dueños de predios. La empresa asegura que actualmente los depósitos de ceniza se resguardan según estrictas medidas ambientales. Es decir, nadie se hace cargo de los acopios y los vecinos temen por su salud.

Lo que le preocupa a Sánchez, es que cuando llueve “todo eso se va a las napas subterráneas y a nuestros pozos”. Su casa está en venta hace seis años y ha ido bajando su precio. Él la compró en $ 40 millones; hoy ni siquiera le dan 28.


* Nota de la Redacción: El Servicio de Salud Viña del Mar Quillota aclaró que existe un hospital en la zona, el Adriana Cousiño de Quintero, el cual cuenta con 50 camas y atiende casos de baja complejidad. En caso de recibir pacientes que enfrentan un cuadro más complejo, son derivados a un hospital en Viña del Mar.

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