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Claudio Fuentes y su investigación sobre cómo se aprobó la Carta Magna de Pinochet:

“Esta es una Constitución que nace con sangre”

por 10 septiembre, 2013

“Esta es una Constitución que nace con sangre”
Fue un corto pero intenso periodo de la historia reciente de Chile: los 30 días previos al plebiscito a través del cual la dictadura del general Augusto Pinochet quiso legitimar la carta del 80. Fue “El Fraude”, tal como el cientista político tituló el libro sobre el origen de la norma jurídica superior que nos rige hasta hoy. La misma que ha generado un fuerte debate político entre quienes la defienden y los que, en cambio exigen una nueva carta nacida en democracia y a partir de una asamblea constituyente.
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Hasta el Centro Cultural GAM llegarán hoy la periodista Mónica González; el constitucionalista Fernando Atria y el candidato a diputado por Santiago Centro, Giorgo Jackson para presentar la obra del cientista político de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes. El autor, en el marco del debate que se originó en torno a la Constitución, decidió contar la historia del proceso plebiscitario que concluyó con la aprobación de la Constitución del ’80 y que, según múltiples actores políticos de la época, fue derechamente fraudulenta.

Pese a que la Carta Magna aprobada ese año ha marcado los destinos de nuestro país, la mayoría de los chilenos no recuerda o desconoce, por un factor generacional, los episodios que Fuentes ha develado en su obra. En esta entrevista con El Mostrador, Fuentes hace un pequeño adelanto de lo que trata “El Fraude”, pero también entrega su impresión personal acerca de lo que le provocó imbuirse en un capítulo de la historia de Chile, que algunos prefieren que pase al olvido.

Por lo pronto, el cientista político explica que al revisar este período “hay varias cosas que me chocaron o me llamaron la atención en lo personal. Primero, lo valiente que fue la gente, pese al miedo que existía en ese momento. Estamos hablando del año ’80 con estado de emergencia, estaba la CNI operando” y respecto a la postura del fundador de la UDI, el asesinado senador Jaime Guzmán Errázuriz, en relación con la violencia de Estado y los atropellos a los derechos humanos, Fuentes es severo: “Él decía ‘es explicable, pero no justificable’. Lo que en el fondo era una forma de justificarlos”.

-¿Qué te motiva a escribir este libro ahora?
-Obviamente en el contexto de un debate constitucional. Mucha gente me preguntó, cuando saqué otro libro que se llama “El Pacto”, sobre qué había pasado con el plebiscito y empecé a hacer una investigación y a recibir archivos de la época. Entonces, abrí una caja que no había sido abierta, o muy parcialmente abierta por otros autores, se sabía muy poco. Y lo que más me llamó la atención, cuando empecé a hablar con la gente, a preguntar —puse en Facebook ‘¿alguien fue al Caupolicán el año ’80? O ¿alguien fue a votar?’—, fue que no se acordaban mucho. Había lo que yo llamo un bloqueo con la memoria respecto de qué pasó en ese tiempo. Por eso me nació este interés obsesivo de sacar un libro y, obviamente con ocasión de los 40 años del Golpe, que revisitará los 30 días antes del plebiscito, en un leguaje muy periodístico, de una crónica. No es académico.

Eduardo Frei Montalva habla de que este es el momento más oscuro de la República y hace toda una historia de la trayectoria histórica de Chile, dice ‘desde Portales hasta el día de hoy hemos sido siempre avanzando y esta es una Constitución que retrocede. Y, por lo tanto, es el momento más oscuro porque si la legitimamos vamos a legitimar un marco institucional que le teme a la ciudadanía. Y por eso nosotros tenemos la responsabilidad histórica de rechazarla’. Entonces, yo creo que ese es el debate de hoy. El debate de la asamblea constituyente.

-¿Este es un libro para expertos, cientistas políticos, o es para que la gente común y corriente recuerde o se acerque por primera vez a este episodio de la historia reciente?
-Eso es. Es un libro para que la gente sepa lo que pasó. Porque cuando empecé a ver el material –revisamos la prensa de la época, los archivos de la Vicaría de la Solidaridad, los audios de la Radio Cooperativa, los pocos avisos de televisión que había; los archivos clandestinos de los partidos políticos— me encontré con un mundo que no conocen las nuevas generaciones. Entonces, la idea era contar la historia de que pasó y combinarlo entre la información que existía, que estaba en la prensa y se publicaba, los debates, cómo se hizo la propaganda, etc, y también mucho de lo subjetivo.

-¿Qué es lo que más te impacta de lo subjetivo, de lo que está pasando en ese momento, del ambiente social?
-Primero, lo valiente que fue la gente, pese al miedo que existía en ese momento. Estamos hablando del año ’80 con estado de emergencia, estaba la CNI operando… Por ejemplo, después que asesinan al jefe de inteligencia del Ejército Roger Vergara, hubo un operativo en el que detuvieron, por 13 días a periodistas de la Radio Chilena y a un estudiante de periodismo de la Católica, Eduardo Jara, a quien asesinaron en la tortura. Entonces, era un clima social y político de mucho temor y pese a eso la gente salió a protestar. Sólo ese mes detuvieron a 200 personas por atreverse a salir a rayar las calles. Si la CNI los pescaba, los interrogaba y varios eran torturados. A mí me llamó la atención de este mito que existe acerca de que las protestas nacieron el ’83, porque eso es falso. La resistencia y la acción social partió mucho antes y el año ’80 con el plebiscito hubo mucho activismo político clandestino, particularmente en las universidades, en algunas poblaciones. Acciones súper valientes, como la de Yerko Ljubetic, por ejemplo, que se encadenó juntos a otros en La Moneda y fueron detenidos y así pasaron el plebiscito, detenidos en la comisaría. Segundo, la visión que existía en la derecha respecto de la Constitución. Porque ellos tenían que justificar el plebiscito y lo hicieron con la idea de que la Junta Militar tenía el poder constituyente y la única forma de justificar eso era ir al ’73 y decir ‘esto no fue un pronunciamiento, esto fue una revolución’. Entonces, ese tipo de lenguaje se estaba usando y ya Guzmán hablaba de los excesos: que eran entendibles, etc.

-¿Los justificaba?
-Él decía ‘es explicable, pero no justificable’. En el fondo era una forma de justificarlos. Y me llamó mucho la atención que, en general éste es mostrado como el Gobierno Militar. Y, en realidad, como Carlos Huneeus ha señalado, este fue un gobierno cívico-militar. En donde, que fue la tercera cosa que me llamó la atención, la operación fraude fue brutal. O sea, por eso llamo “El Fraude” al libro, porque fue una operación desde el Diego Portales, con muchos civiles involucrados. Muchos de los actores que están hoy día en el poder: Jovino Novoa, Andrés Chadwick, Juan Antonio Coloma, Patricio Melero. Empresarios, muchos empresarios que actuaron, el día del plebiscito, como vocales de mesa en muchas partes. Hubo una circular en donde el régimen llama a los alcaldes a designar presidentes de mesa a sus partidarios. Y cosas tan absurdas como que el voto se traslucía. Fue tanto el escándalo, porque el voto era tan rasca que Sergio Fernández tuvo que salir a decir a la gente que como con un doblez se veía el voto, entonces la solución era que lo doblaran dos veces, porque ya los habían imprimido. Era todo tan absurdo: no habían padrones electorales, la CNI actuando ahí directamente, los votos blancos se contaban como parte del Sí, entonces el fraude era muy fácil de hacer. Imagínate que en algunas comunas votaron más electores de lo que el INE estimaba que eran mayores de 18 años allí, resultados de 108 por ciento, por ejemplo.

-¿Con cosas como ésta a qué se puede llegar, según el libro?
-Mi interpretación es que fue tan brutal el absurdo del fraude que después tuvimos que aprender a convivir con la Constitución, desde el ’83 cuando ya se empieza a materializar la transición. Entonces, la única forma es el bloqueo mental del recuerdo. Si me siento avergonzado de algo, lo bloqueo para poder seguir viviendo. Porque si no, no puedo vivir.

-No obstante, en tu investigación surge la idea, que a estas alturas hemos internalizado, en orden a que Jaime Guzmán es el padre de la Constitución del ’80, que es él quien le dio el marco a esta Constitución. ¿Qué tanto hay de mito y realidad en eso?
-Hay una entrevista del 24 de agosto del ’80 en El Mercurio, donde él dice: ‘Yo me siento muy contento que algunas de mis ideas estén expresadas en la Constitución y me siento muy orgulloso de eso’. Creo que fue un proyecto en el que él tuvo mucha influencia. En muchos de los debates de la Comisión Ortúzar, en donde él participó, lo demuestran aunque no todo de lo que él quería, quedó. Pero sí bastante y él fue un artífice de muchas de las doctrinas que están en la Constitución. El tema de los poderes de veto; el tema de la noción de la nación en vez de pueblo; todo lo que tiene que ver con los derechos. O sea, hay una serie de aspectos clave, el tema de defensa de la vida; toda la visión conservadora, el tema de la propiedad, que son aspectos muy relevantes en los que sí tuvo influencia. Ahora, una vez que el Consejo de Estado emite el último borrador a la Junta Militar, ésta aumenta los poderes de las Fuerzas Armadas, la autonomía militar. Ahí hubo algunas diferencias, sin embargo, creo que uno podría decir que el espíritu de la Constitución es el espíritu del pensamiento de Jaime Guzmán.

-Tú libro sólo abarca los 30 días previos al plebiscito y el plebiscito mismo, nada más. ¿Por qué tan acotado?
-Porque yo creo que hay momentos que son críticos en la historia, como el ’88, y todos hablan del plebiscito del ’88; el ’73 obviamente; y el ’80 es crítico porque es la institucionalización del régimen. Es cuando Pinochet dice: ‘Esta es la Constitución de la libertad’ e ‘hicimos la revolución laboral, la revolución del mercado, y ahora vamos a hacer la revolución de la política, del diseño político’; por lo tanto, es el momento que me interesó. Pero además hay otros factores, ese es el del lado del régimen; pero para la oposición ese fue un momento crucial también. 

CUANDO LA DC Y EL PC ESTUVIERON DE ACUERDO

-¿Por qué? ¿Cómo se arma la oposición en torno a eso que pasaba?
-Estaba la tensión entre la UP, la izquierda, particularmente el Partido Socialista que ya estaba fragmentado que venía en un proceso de división, y la Democracia Cristiana. Y la izquierda chilena muy desconfiada de la Democracia Cristiana, porque la DC había apoyado el Golpe. La visión de la UP y de lo que quedó después de la izquierda es que Frei, Aylwin y muchos otros apoyaron el Golpe. El ’80 fue el primer momento donde comenzaron a haber muchos acercamientos. Y es muy interesante porque el Partido Socialista y todo lo que es la izquierda no comunista estaba llamando a la abstención. Hubo un movimiento por el abstencionismo, es decir, ‘yo no quiero legitimar esta Constitución, por lo tanto, no voy a ir a votar’. Ese era el llamado de la izquierda. Mientras el PC y la DC llamaron a votar que NO.

-¿O sea que ellos ya trabajaron juntos alguna vez?
-Trabajaron juntos, sí. Entonces, es interesante, porque fue el último momento en que el PC tiene una visión de la acción antifascista: ‘necesitamos a la Democracia Cristiana para transitar hacia la democracia’. En ese momento ellos apoyan el plebiscito; sin embargo, en el mundo ya se estaban viviendo situaciones como la revolución sandinista en Nicaragua, ya habían empezado a mandar gente a entrenarse allá; estaba Cuba y después cuando se impone la Constitución, con el plebiscito, definitivamente el PC se va hacia la vía de que esto no era posible vía un frente antifascista de movilización y que todas las formas de lucha eran válidas.

-¿Se empezaba a considerar la vía armada para terminar con la dictadura?
-Exacto. Ahí surge el Frente Patriótico, el ’83. Entonces, es un momento decisivo de los debates políticos; de qué decir en ese contexto. Y ahí había que ver qué pasaba con la DC, porque Frei Montalva había sido acusado de apoyar el Golpe; que Leyton había sido muy crítico —hubo entre ellos un intercambio de cartas muy fuerte—; y Frei entró en una depresión y el ’78-’79 reaparece, se convierte éste en el momento de la redención y vuelve a ser un actor relevante. Se redime, porque luego de ser muy cuestionado, aparece en el Teatro Caupolicán como el hombre que llama a oponerse al régimen y su discurso es: ‘Necesitamos un gobierno de transición; segundo, necesitamos una asamblea constituyente; y esta Constitución no es válida’. Frei adopta esa posición y fruto de eso, el régimen lo ve como amenaza. Y manda al exilio a Jaime Castillo Velasco, a Andrés Zaldívar, después de esto, porque sacan una declaración muy dura en la que se rechaza el plebiscito y dicen que no es válido. Frei hace lo mismo y terminan uno exiliado y el otro asesinado. Es bien fuerte. Frei se transforma en la amenaza al régimen.

-¿De alguna manera lo que hace es tratar de juntar a todas las fuerzas políticas en torno a rechazar ese proceso en que había entrado la dictadura?
-Claro. Y, de hecho, me contaron que esto sucedió en tres semanas, en las que tenía que tener conversaciones con el MIR, con el Partido Socialista, con el PC, todo en la clandestinidad. Hablaban con chapas. Llegaba un representante del MIR y no sabía quién era. Y después tenían que negociar cómo se sentarían en el teatro. Mandó al PS arriba con el MIR y al PC, que era más disciplinado, lo puso más abajo.

-¿O sea que nada fue al azar en este proceso?
-Nada fue al azar, no. La Cooperativa y la Radio Chilena fueron muy importantes también. Yo voy tratando de contar todas estas historias que se van entrelazando y, por eso, 30 días.

-¿Cómo juntas o haces el 'link' respecto de ese proceso histórico con el que se produce hoy, en que resurge el debate acerca de la validez o no de la Constitución? ¿Hay algún 'link' que uno pueda hacer y que no salte a primera vista?
-Sí, varios. El principal es el mensaje de Frei Montalva, que yo encuentro que captura muy bien lo que es la Constitución. Él dice: ‘Esta es una Constitución que le tiene miedo al pueblo, que cierra las vías, que encierra. Y nosotros lo que tenemos que hacer es abrir la democracia’. Él habla de abrir la democracia, de confiar en los hombres y en las mujeres de Chile. Ese elemento es clave, porque esta Constitución cerró vías, que de hecho es una Constitución que no permite el plebiscito, la consulta ciudadana; es una Constitución muy de los representantes arriba y el pueblo sólo vota cada cuatro años, y nada más. Entonces, no hay mecanismos de democracia directa, por ejemplo. No existe esa vía, porque la Constitución en su ADN le teme a la ciudadanía. Es una Constitución que le teme a los partidos, que los rompe, los fragmenta.

-¿Se podría decir que esta Constitución de alguna manera deja en evidencia la sicología del mundo de la derecha?
-Totalmente. De hecho, Frei habla de que es el momento más oscuro de la República y hace toda una revisión de la trayectoria histórica de Chile, dice ‘desde Portales hasta el día de hoy hemos ido siempre avanzando y esta es una Constitución que retrocede. Y, por lo tanto, es el momento más oscuro porque si la legitimamos vamos a legitimar un marco institucional que le teme a la ciudadanía. Y por eso nosotros tenemos la responsabilidad histórica de rechazarla’. Entonces, yo creo que ese es el debate de hoy. El debate de hoy día de la asamblea constituyente, del constitucionalismo y todo eso. Y la reforma se centra en quiénes son los llamados a definir las reglas del juego. Son unos pocos o la ciudadanía. Hasta dónde llega la consulta si queremos una nueva Constitución, quiénes son los llamados a establecerla. Michelle Bachelet dice ´necesitamos una nueva Constitución’. Hoy día ocho de los nueve candidatos hablan de la necesidad de reformas sustantivas a la Constitución y, bueno, ¿quiénes la van a hacer, pues?

-Ese es el tema en el que todos topan.
-Claro. Y lo que llama Atria las trampas de la Constitución, básicamente están ahí en el año ’80. Entonces, el debate de ese momento, por un lado, es el mismo de hoy día en esos términos. La Constitución, un diseño institucional que se inaugura con un pecado de origen que es un plebiscito fraudulento, pero que en su ADN se mantiene hasta el día de hoy. Eso es lo primero; y lo segundo, tiene que ver con lo que hemos reabierto este año, por los 40 años, de la violencia. No es sólo una Constitución que se impone por un acto fraudulento electoral, sin padrones electorales, etc, etc; sino que también se ocupa un aparato institucional: militares, cuerpos de seguridad etc, para reprimir. O sea, es una Constitución que nace con sangre, en ese sentido. Y eso es muy potente, porque el debate de los derechos humanos de hoy día no es el del 2003, que fue sobre el rol de los militares, hoy día el debate son los civiles. Hoy día el debate va más allá que solamente la violación a los derechos humanos, sino de quiénes son las responsabilidades civiles en este proceso.

-¿De quienes avalaron la dictadura?
-Claro. Y en la historia que yo trato de armar del plebiscito del ’80, el rol de los civiles es clave. O sea, fue clave.

-¿Estamos hablando de figuras específicas o es más amplio de lo que se recuerda? ¿Personas como las que ya mencionaste o medios como El Mercurio; o hay más gente que ha pasado inadvertida en el imaginario colectivo?
-Es que son cientos de personas que sacan unos insertos en el diario, de por ejemplo, lista de profesionales por el SÍ. Pero te digo, son cientos. Profesionales por la nueva Constitución; la cultura por la nueva Constitución; Elías Figueroa y Luis Santibáñez yendo a saludar al régimen. Los gremios, muchas asociaciones gremiales de empresarios, sindicatos; el Movimiento de Mujeres por el SÍ, estaba Carmen Grez a cargo; jóvenes por el SÍ de los que estaba a cargo Patricio Melero. Fue una cosa de insertos en el diario todos los días, un bombardeo de civiles y militares. Pinochet viajando a algunas regiones del país y en cada ciudad, en algunos casos el cura, sobre todo en el sur, los militares, los alcaldes, acarreo de gente… Miles de personas saludando a Pinochet en Osorno, Temuco, Puerto Montt, y eso en tres semanas. Era una cosa impresionante en términos de la magnitud de gente que salió a defender, porque era la libertad versus el caos. Por eso me llama la atención, porque en Chile en ese momento estábamos todos divididos. Yo tenía 14 años, pero esa generación lo vivió muy intensamente, seguramente. Sin embargo hay un bloqueo. Fue como un instante pequeñito de ir, pero no se acuerdan mucho y punto. Pero el ciclo que trato de mostrar ahí es impresionante.

Cómo no enterarse de nada

-Dado todo ese despliegue que mencionas y que suena abrumador, todo el aparato estatal moviéndose. ¿Es posible que el mundo de la derecha que argumenta que nunca se enteró de nada de lo que pasaba en Chile, efectivamente no se hubiera enterado?
-Yo creo que no. O sea, yo creo que es muy difícil que no se hayan enterado. Y, de hecho, otra de las particularidades es que ellos tenían que justificar un plebiscito; de hecho, el mismo Jaime Guzmán dice ‘cómo que no tienen libertad de expresión, si la Radio Cooperativa transmite, la Radio Chilena transmite. Ahora, cuando tú escuchas los audios de Radio Cooperativa y Chilena y escuchas el discurso de Frei o Andrés Zaldívar, o los foros que hubo, son denuncias de violaciones a los derechos humanos. Que ahora digan que no sabían, que no se discutía…Se estaba discutiendo ahí, en los ’80 se discutió  y hubo denuncias concretas. Por eso Andrés Zaldívar fue exiliado. El mismo Edgardo Boeninger habla directamente de las violaciones a los derechos humanos y de lo burdo que estaba siendo el plebiscito. Zaldívar da un listado de 80 empresarios que están designados en Renca para controlar las urnas y las mesas. O sea, es así. Entonces, yo creo que esa historia del no sé o la visión de que vivía en una burbuja, es imposible. No me cabe cuando tienes esta masividad de apoyos, movilización. Yo supongo que cuando te estás movilizando hablas con la gente, debates. Era una sociedad que estaba polarizada, dividida, y a lo mejor se contaban el cuento entre ellos, pero no me cabe en la cabeza y de hecho, después del discurso del Caupolicán, el régimen le prohibió a Frei ir a Valparaíso precisamente por el impacto que podía tener en el resultado electoral.

-¿Se equivocó el Presidente Lagos al hacer la ceremonia del 2005 que, de alguna manera, legitima la Constitución del ’80, dado el actual escenario y cómo surgió?
-A mi juicio, se equivocó en el fraseo de algunas de sus declaraciones. Creo que fue la reforma constitucional más importante que ha habido desde el ’80, al eliminar los enclaves autoritarios, eso es…

-Algunos, no todos, por algo el debate que hay ahora.
-Sí, al eliminar varios de los enclaves autoritarios, particularmente los senadores designados y el rol de las Fuerzas Armadas, el Cosena y la autonomía en las designaciones de los Comandantes en Jefe, etc, fue una reforma importante. Sin embargo, el dar el paso y decir que ahora sí contamos con condiciones básicas del ámbito democrático —no me acuerdo exactamente como fue el fraseo—, ahí fue un exceso.

-A raíz de esta investigación, ¿qué análisis se puede hacer respecto de la actuación de los medios en este proceso?
-Hacer periodismo en un contexto de dictadura muchas veces no es tan valorado y yo creo que es impresionante. Tienes caso como que el General Leigh dio una entrevista a la Revista Hoy, donde llama a votar que NO, rechazando el plebiscito. Entonces, me interesó saber cómo alguien de una revista opositora puede llegar a hablar con un ex general y la periodista era Malú Sierra. La entrevisté, hablé con ella. Y su relato de cómo llegó, quedó. Y como corresponsal extranjera se fue convirtiendo en la “entrevistadora de generales”. Así llegó a Leigh. Pero era muy difícil. Todo impactaba en el rol de la prensa.

-¿Los corresponsales tenían más libertad que los periodistas chilenos?
-Ellos tenían la dificultad del acceso a la fuente. El Mundo, El País, publicaron muchas notas antes y justo después del plebiscito, dando a conocer la voz de la oposición. Tenían las mismas dificultades del acceso a la fuente; sin embargo, tenían mucha más libertad y, seguramente, seguridad por ser extranjeros. Además que el régimen, en ese contexto en los ’80, quería mostrarle al mundo que estaba avanzando. Pero en general, los periodistas arriesgaban muchas veces su integridad física al escribir, al decir cosas y, por lo tanto, tenían que ser muy neutros. No era el periodismo de hoy día, donde tienes periodistas que opinan, editorialistas, que tienen opinión. En ese tiempo los periodistas trataban de hacer que los autores dieran la opinión y eran más neutros en términos de expresiones propias.

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